lunes, 18 de septiembre de 2017
Instalado en el no
Descubrir el “no” marca un momento crucial en el desarrollo de todo ser humano. Durante el primer año de vida vivimos inmersos en el campo de la familia. En ese período, en el sistema nervioso se desarrollan principalmente las estructuras responsables de la percepción sensorial y la coordinación motora. Durante el segundo año, poco a poco toman forma las estructuras necesarias para tener la conciencia de existir como un individuo, un “yo”, con preferencias, gustos y aversiones que pueden ser distintos de los de los demás miembros de la familia. Todo niño quiere poder hacer lo que hacen los mayores y, a los dos años, cuando descubre el no, empieza a poder practicarlo en cierta medida. Resulta frustrante encontrarse, una y otra vez, con los límites de las capacidades recién adquiridas, pero un niño sano se aplicará con perseverancia, o pedirá ayuda a un adulto, hasta lograr lo que se propone.
En esa fase de desarrollo, el “no” es una declaración de poder que ayuda al individuo a salir de la indiferenciación de una vida inconsciente y afianzar el centro de conciencia del “yo” incipiente. Es importante dar espacio a esa fase para que el niño pueda refinar la coordinación motora y adquirir las habilidades sociales que le permiten regular su conducta en la convivencia con los demás en la medida correspondiente a su grado de madurez. Saber decir que no es un paso imprescindible en el desarrollo de capacidades como, por ejemplo, el control de esfínteres o la planificación de la ejecución de deseos. Pero no es más que uno de los primeros pasos. No se puede saltar pero, para realmente adquirir ese control y esa capacidad de planificación, tienen que madurar muchas cosas, tanto en las estructuras físicas como en la comprensión y la conducta.
En el estadio inicial de indiferenciación, el sistema nervioso no dispone de estructuras para percibirse a uno mismo como un “yo” y a los demás como un “otro”, ni ninguna relación entre uno y otro.Toda comunicación, que a esa temprana edad consiste principalmente en sonidos y gestos, surge en relación con las sensaciones que tienen lugar en el propio cuerpo. La percepción de esas sensaciones es exquisita, en especial todo lo relacionado con las sensaciones de contacto con los cuidadores principales, normalmente los padres. Pero el procesamiento de la información que transmiten se limita a agruparlas en sensaciones parecidas dentro de las grandes categorías: agradable, desagradable, indiferente. El aprendizaje temprano se basa principalmente en ajustar la conducta para obtener sensaciones agradables y evitar las desagradables. Así, la plétora de información sensorial que transcurre en el cuerpo contribuye a la forma en la que el niño organiza su presencia en el mundo, su visión de sí mismo, del mundo y de lo que cree poder alcanzar en la vida. Las sensaciones relacionadas con culpas inconscientes y el estrés postraumático no resuelto, resultantes de las guerras y dictaduras del siglo XX, que los padres -y los padres de estos- se esforzaron por apartar de su experiencia consciente, así como los patrones de conducta que desarrollaron con este fin forman parte de la información sensorial que se transmite a través del contacto.
Con un apoyo adecuado, un niño supera sin problemas la edad del “no” y su coordinación motora, y sus habilidades sociales maduran para que pueda aprender todo lo necesario para convertirse en un adulto que, a la larga, incluso pueda llegar a actuar de maneras que ayuden a resolver la forma en que se manifiestan la culpa inconsciente y el estrés postraumático de sus padres y abuelos en su propia vida. Así estará en condiciones de hacer una aportación valiosa al conjunto de una sociedad comprometida con una convivencia en paz y democracia.
Pero sucede a menudo, especialmente en un entorno marcado por el autoritarismo, que determinadas fases de desarrollo no llegan a su conclusión y una parte de la persona se queda encallada en esa fase. El conjunto de la persona se adapta a los requerimientos de su entorno, se sobrepone a la parte encallada en la fase interrumpida y se esfuerza por no dejar espacio a las sensaciones desagradables relacionadas con ella. En momentos de una bajada de defensas por cansancio, enfermedad, estrés, pérdidas o periodos de cambio, sin embargo, esta parte aflora invariablemente, se hace sentir y se manifiesta en la conducta de la persona. Es como el eslabón más débil de una cadena, por donde esta tiende a romperse.
Una persona encallada en la fase del “no” puede haber desarrollado sus capacidades para convertirse en un hábil hombre de negocios, capacitado para desarrollar estrategias sofisticadas para generar beneficios, o incluso llegar a ser presidente, vice-presidente o ministro de un gobierno, pero su capacidad de contacto profundo y auténtico, consigo mismo y con los demás, de la que nacen la empatía y la compasión, quedó truncada en la fase inicial del centro de conciencia incipiente. Puede haber adaptado su conducta perfectamente a los requerimientos de su entorno, sin jamás manifestar el “no”, hasta que sucede algo que activa el complejo y la persona acaba poseída por la negativa que eclipsa las capacidades que tendría en condiciones normales. En ese estado, la persona es incapaz de percibir al otro, porque solo ve los aspectos inconscientes de la propia persona que proyecta en los demás. Intentar hacer algo juntos con una persona en ese estado de posesión es imposible porque, para estar juntos, ambos tienen que poder percibir al otro, a sí mismos y la forma en la que se relacionan con el otro. Sin ello, no hay contacto, no hay unión, el otro queda anulado, engullido en la indiferenciación de la propia persona. En la relación entre padres e hijos cabe esperar que el adulto tenga una comprensión más madura de las dinámicas y la paciencia y tolerancia para contener el no del pequeño lo suficiente para darle los límites que le permiten desarrollar sus propias capacidades, sin engullir al hijo o a la hija en las expectativas que abrigaban para ellos.
Cuando esto sucede en las relaciones entre colectivos humanos, sin embargo, no es tan evidente reconocer dónde reside la autoridad. A un colectivo habituado a vivir bajo un régimen centralizado con una historia autoritaria, de entrada, le cuesta desenvolverse en una forma de gobierno más descentralizada, propia de una democracia participativa. Igual como sucede en un individuo con un centro de conciencia frágil, tiende a estar a la defensiva porque carece de la capacidad de asimilar información en conflicto con la constitución que desarrolló bajo las condiciones iniciales de su vida, es decir, la visión de sí mismo, del mundo y de lo que supone que la vida le depara. Se defiende a capa y espada porque teme ser aniquilado, si la identidad constituida es cuestionada. Cuando se activan los síntomas del estrés postraumático y de la culpa inconsciente, ya sean propios o heredados, un ego frágil intentará defenderse como si fueran ataques provenientes de fuera, sin darse cuenta de que lo que ve y lo que le pasa radica en la forma de su propio cuerpo y en cómo lo usa para relacionarse con los demás.
Por doloroso que pueda resultar que una proyección caiga y una falsa identidad se desmorone, es a partir de allí que será posible asimilar los contenidos rechazados, crecer, desarrollarse y crear relaciones significativas con uno mismo y con el resto del mundo. Para poder gestionar el impacto emocional de realidades dolorosas es necesario disponer de un centro de conciencia sólido, capaz de metabolizar los significados y las implicaciones que se desprenden de la interacción con los demás, capaz de reconocer que los límites de la propia libertad se encuentran allí donde topan con la libertad del otro.
Parece que algunas personas estén demasiado instaladas en su forma de ser y estar como para que les sea posible desarrollar un centro de conciencia sólido, porque la fragilidad de su ego les impide el acceso al ejercicio de la humildad, la tolerancia, la confianza, la responsabilidad y el amor, propios de un ser humano maduro. Es inútil esperar un trato maduro de ellos. A los demás les puede ayudar tener presente que el comportamiento pueril de esas personas surge de un aspecto infantil inconsciente, perdido en el aislamiento propio del trauma o de una culpa que es inconsciente por resultar intolerable al yo consciente. Tenerlo presente le ayuda a uno a ser paciente y a concederles un margen de tolerancia. Ayuda a comprender que decir que no permite a esas personas afianzarse y procurarse un módico margen de seguridad que les ofrece una ilusión de protección contra un peligro que perciben debido al trauma o la culpa inconsciente propios o heredados. Habrá que darles contención para que puedan madurar sus habilidades sociales y aprender a elaborar una forma de actuar que sea factible. Habrá que dar contención especialmente a la parte infantil perdida en el inconsciente y poder entrar en comunicación con ella para darle una experiencia de cómo es la sensación de relacionarse con alguien dispuesto a ayudarle a crecer y aprender. Sus proyecciones hacia los demás señalan la vía de acceso. El primer paso es ayudar a la persona a reconocerlas como propias. Para ello es importante no entrar en reacción a sus proyecciones, por más desagradables que sean, sino devolvérselas, tranquilamente, con amabilidad y firmeza, las veces que haga falta.
Reconocer las formas en las que uno ha organizado su experiencia en el cuerpo y desarrollar alternativas en consonancia con la realidad física y las coordenadas objetivas de la vida en la Tierra es un proceso imposible de llevar a cabo a solas. Es a través de la relación práctica con personas experimentadas en el tema que es posible rescatar las partes de la propia persona que en su día fueron relegadas al inconsciente por no tener el apoyo, la comprensión, ni los recursos necesarios para regular su experiencia. Es importante rescatarlas, porque solo así será posible crear relaciones significativas y de compromiso con la verdad, la paz y la democracia.
Brigitte Hansmann
DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos
Análisis de patrones arquetípicos
www.dfa-europa.com
jueves, 7 de septiembre de 2017
El cos no menteix
Sens dubte hi ha qui menteix de forma intencionada, però, probablement, la majoria ni se n'adona. Realment es creuen el que diuen. No s'adonen que parlen de la projecció de la seva pròpia ombra. L’exemple més recent a la meva retina, aquest matí del 7 de setembre, és el de Soraya Sáenz Santamaría. Quan parla, es mou només a la superfície, l’interior del seu cos resta absolutament quiet. No hi té accés ningú, ni tan sols ella mateixa.
Igual que tots els éssers humans, també ella ha nascut amb una llum interna que li permetria tenir consciència de si mateixa. Quan un es posa davant d’aquesta llum, el primer que veu arreu, miri cap a on miri, és l’ombra de la pròpia forma projectada per aquesta llum. En principi és una bona cosa perquè, a través de les pròpies projeccions, un pot arribar a conèixer aspectes d’un mateix que és possible veure només a través de la imatge reflectida de la pròpia persona. Però fa falta una certa maduresa personal i ètica per tenir la humilitat de reconèixer les ombres projectades com a pròpies. La senyora Sáenz no s’adona que és ella, juntament amb els seus correligionaris, qui tracta la democràcia a puntades de peu. El to alliçonador de la seva veu revela que la seva creença de ser posseïdora de la veritat, capacitada per instruir-hi els altres, no té fonaments; més aviat té el gruix d’una capa de maquillatge que es posa a la cara. El gest de la seva boca diu molt més que les paraules que li ragen de la boca. Proveu posar la boca com ella. Quan ho faig, tot el meu cos s'encongeix. És com si hi hagués una pressió des de fora que fa estret l'espai a l'interior. En certa manera, em fa sentir com una nena petita enfadada perquè no li donen o no li deixen fer el que vol.
Parlo de la senyora Sáenz perquè va ser la penúltima imatge que vaig veure abans d’apagar la tele a la una de la matinada. Però també els senyors Rajoy, Montoro, García-Margallo, Fernández-Díaz, les senyores Díaz, Arrimadas i molts altres, fins i tot el senyor Iglesias, d’una forma o altra, comuniquen clixés i superficialitats desconnectades de la seva pròpia persona. La seva presència física diu una cosa molt diferent d'allò que diuen les seves paraules. Això és el que constitueix la mentida. La mentida és un recurs humà que permet gestionar l’experiència quan la intensitat emocional de la veritat , o les seves implicacions, són intolerables per a la persona. La veritat queda a l’inconscient i es fa visible només a través de la projecció, situant en els altres allò que no es veu capaç de tolerar en si mateix. En aquest sentit, la mentida compleix una funció d’autoprotecció i de defensa contra el reconeixement d’una veritat que destruiria la imatge que la persona s’ha fet de si mateixa i del món; trasbalsaria la seva capacitat de funcionar en el món de la manera que ho ha fet fins ara. Però això té un gran inconvenient: amb la mentida és impossible que hi hagi relacions humanes significatives, una adaptació eficaç a realitats doloroses, creixement i desenvolupament, en tots els nivells.
L’última imatge a la tele, abans d’asseure'm a fer la meditació i d'anar a dormir després de la jornada del dia 6 de setembre de 2017, va ser la del nostre president Carles Puigdemont, un parell de frases del seu discurs de just abans, a mitjanit. Quan parla, és tot ell qui parla. El que diu, ho diu de tot cor. El seu cos vibra amb la seva veu. És coherent, no només amb el que diu, sinó també amb com ho diu; la relació entre el seu cos i l’entorn que l’envolta és coherent. És coherent amb ell mateix i amb la funció arquetípica que compleix. Obre la porta a la possibilitat de relacions veritablement significatives entre persones i pobles, és a dir, a una comunicació capaç de resoldre conflictes i de crear una convivència democràtica en pau.
A l’altra banda, les rèpliques d’avui del Sr. Rajoy i les declaracions del fiscal general de l’Estat espanyol reflecteixen l’immobilisme personal i institucional, no només en les seves paraules, sinó també en el to de veu, els moviments respiratoris i la presència física. Vull creure que estan convençuts de dir la veritat, i tanmateix la seva presència física està en clara contradicció amb allò que diuen. I el cos no menteix. El seu cos reflecteix l’immobilisme que trenca la convivència democràtica. Reflecteix el predomini de l’exercici del poder i la incapacitat d’escoltar i prendre’s un temps per realment entendre el que s’està comunicant. Fa palesa la manca de reflexió i la continua reactivitat de les actituds del govern espanyol que trenquen la convivència democràtica. Les seves paraules ho situen tot allà fora, perquè així ho veuen ells. No s’adonen que estan veient l’ombra que ells mateixos projecten.
No podré votar el dia 1 d’octubre perquè, encara que durant tota la meva vida laboral he contribuït a l’economia espanyola, m’he negat sempre a renunciar al meu passaport alemany, cosa que Espanya exigia per poder sol·licitar la nacionalitat espanyola. Però m’agradaria molt tenir un passaport català juntament amb l’alemany. M’agradaria viure en un país governat per representants elegits pel poble, que tinguin consciència de la interdependència de totes les formes de vida, una consciència encarnada, reflectida en la seva presència i en els seus actes. Els exemples dels representants del poble català que he esmentat em donen certa esperança que això pugui ser possible. Si més no, a Catalunya hi ha unes profundes arrels històriques de participació ciutadana en la vida pública d'un país mil·lenari. Mentre que la unitat d'Espanya, amb la qual els governants espanyols s'omplen la boca, va ser imposada, primer per desacatament a unes prescripcions testamentàries i desprès per la força armada, per persones que no tenen una tradició de participació ciutadana, sinó que es basen en l'exercici d'un poder centralitzat a un país que existeix des de fa relativament poc temps.
Puc oferir el meu suport professional com a experta en anàlisi de patrons arquetípics i reconeixement de patrons somàtics. L'anàlisi de patrons arquetípics em capacita per fer pronòstics quant a les possibilitats d’èxit d’iniciatives a partir de la seva coherència arquetípica. El reconeixement de patrons somàtics es basa en una intervenció física manual, acompanyada d'una educació de la consciència corporal, que ajuda a gestionar el cos i trobar la millor relació possible amb la força gravitatòria que ens ajuda a mantenir l’esma i generar energia per suportar les pressions constants del procés de viure. Tots dos serveis poden contribuir a una comunicació i presència eficaces. Poso aquests serveis professionals a l’abast de totes les persones que participen en el procés d’autodeterminació del poble català. Si en voleu saber més, podeu visitar www.dfa-europa.com o contactar-me directament.
En tot cas, encara que no em digueu res, sapigueu que compteu amb el suport de les facultats que he anat desenvolupant al llarg de la vida, per posar el meu cos i la meva psique en una relació determinada entre el terra i la persona o iniciativa en qüestió per tal que l’energia de la terra pugui fluir a través meu cap a ella per recolzar-la; en aquest cas, que la ciutadania catalana pugui votar sobre quina mena de país volem.
Moltes gràcies per la vostra feina!
Sincerament,
Brigitte Hansmann
www.dfa-europa.com
sábado, 1 de abril de 2017
Con tus pies escucha
Mientras sujetas el peso en alto, tus pies no pueden escuchar nada. Entonces oyes en tu cabeza la misma cantinela de siempre sobre todo lo que te falta, lo que te duele, sobre lo que deseas, tramando planes realistas o descabellados para conseguirlo, sobre cómo sufres, sobre tu soledad, sobre las demandas imposibles de cumplir que te extenuan, sobre lo frustrante que resulta no poder deshacerte de todo eso, sobre la lucha que supone sobreponerte, sobre la indignación frente a la violencia, la injustica y la corrupción en el mundo, sobre el cansancio, la fatiga y el hastío… la misma cantinela de siempre, insidiosa como el hilo musical del centro comercial, siempre presente en el trasfondo incitándote a suscribirte a vanas promesas de satisfacción que llevan a la adicción o a hundirte en la depresión.
Camina y siente el suelo por debajo de tus pies. Con tus pies escúchalo. Dale el peso de tu cuerpo y de todo aquello que te pesa. Busca en tu cuerpo las sensaciones relacionadas con aquella cantinela, todas aquellas sensaciones a las que tanto te esfuerzas por sobreponerte. Déjalos estar, pero no las sujetes ni dejes que te distraigan. Son nada más que sensaciones. Lo que importa son las partes de tu ser atrapadas en esas sensaciones. La tensión que usas para sobreponerte las retiene en tu cuerpo. Las mantiene presentes de modo que una y otra vez encuentres situaciones en las que te sientes igual.
Sin embargo, por más que entiendas que no son más que sensaciones registradas en tu cuerpo que no corresponden a la realidad del momento presente, no puedes soltar la tensión simplemente. Es automática, forma parte de un patrón habitual. Pero si orientas tu atención hacia el suelo, puedes dejar el movimiento causado por el impacto de tus pies al caminar llegar a los lugares en tu cuerpo presos de la tensión. Y así les llega una invitación a soltarse hacia el lugar de donde parte el movimiento, allí donde el pie se pone en el suelo.
Tal vez tendrás que hacer pequeños ajustes en cómo las diferentes partes de tu cuerpo se relacionan entre sí y con el suelo. Busca. Escúchalo a través de tus pies. Escúchalo con todo tu cuerpo, incluyendo la cabeza y el corazón. La persona adulta que eres tiene todo lo necesario para ocuparse de que la criatura necesitada, asustada o rabiosa pueda oír el canturreo de la madre amorosa que la tranquiliza. Tal vez el sufrimiento se hace notar un poco más durante un tiempo. Es como una señal de tráfico que te indica: “Es por aquí. Este lugar necesita apoyo. Este lugar necesita atención.” Y dejas el movimiento llegar hasta allí.
Si no quieres caminar sino tumbarte en la cama o el sofá, deja que sean los movimientos respiratorios los que te ayuden a sentir la conexión con el mundo más allá de ti. El movimiento de la espiración te orienta hacia lo más hondo de lo que tú eres como ser vivo, el lugar en tu cuerpo donde estás conectado con todos los demás seres vivos en el mundo. También te orienta hacia el suelo, tu base de apoyo en el mundo natural, de cual tú eres una parte. Las tensiones mediante las cuales intentas mantener a raya las sensaciones que no te gustan, inciden en ese espacio central del cuerpo, lo limitan y te fuerzan a volver una y otra vez a someterte a las condiciones reinantes cuando empezaste a crear esa tensión.
Pero eres mucho más que lo que entonces llegaste a creer ser. Es algo que llevas dentro, no es lo que eres. Sea una herida que tú sufriste o una herida que sufrió alguno de tus antepasados, que no pudieron sanar y llegó a reflejarse en tu cuerpo, porque nos sintonizamos con las personas de nuestro entorno, sea lo que sea, allí está, esperando ser atendida. Y hay una sola persona en el mundo que puede darle lo que necesita para curarse. Eres tú.
Descansa en los brazos de Madre Tierra, en lo más hondo de lo que eres como ser vivo. Dale tiempo a ese ser vivo que eres para que te enseñe cómo encontrar la mejor forma de ocupar el espacio y de moverte en consonancia con la naturaleza, que también es la tuya. Si te concedes un momento al final de la espiración, cuando ha salido el aire que sale fácilmente, sin apretar, puedes constatar cómo es la sensación allí en lo hondo de tu ser y enseñarle donde está el suelo. Entonces, la próxima inspiración se iniciará en ese lugar profundo. Allí puedes encontrar la sensación de conexión con Madre Tierra y Padre Cielo, lo sólido y el espacio abierto y, en última instancia con todo cuanto existe. Date tiempo para sentir cómo esa inspiración te expande.
Respiración a respiración, paso a paso, deja que se depositen los residuos de las viejas historias que agitan la emoción, que se vaya abriendo el espacio central de su cuerpo, que tu percepción se haga clara, tanto hacia dentro como hacia fuera… y que fluya el amor de la madre y del padre de la vida hacia tu corazón y de tu corazón al mundo entero.
Aprende a percibir la relación con tu entorno a través de la información que los pies te transmiten acerca de la posición en la que te encuentras relativa al suelo y al espacio a tu alrededor. Aprende a percibir los movimientos de la respiración y la interrelación indivisible entre el espacio abierto a tu alrededor y los espacios abiertos en tu interior. Aquí estás, ocupando tu espacio en el mundo, moviéndote en tu vida. Aprende a encontrar la mejor relación posible en cada momento, tanto entre lo material del cuerpo y del suelo como entre los espacios externo y interno.
Estas personas pueden enseñártelo:
Los practicantes de DFA en formación ofrecen sesiones individuales a un precio muy reducido.
Angie Díaz 610 09 27 00Gisela Craca Vieira 615 46 15 25
María Rodríguez Pastoriza 675 01 44 53
Mercè Olius Bosch 669 45 77 95
Salvador Carreras León 654 09 37 12
Los contactos del equipo de l'escola de respiració, moviment i integració estructural, ermie, los encuentras en este enlace: https://www.dfa-europa.com/ES/x03/equipo.html
Mas información en www.dfa-europa.com
martes, 13 de septiembre de 2016
Tejidos bien hidratados, elasticidad, fluidez del movimiento, conectividad
Los tesoros escondidos en tu cuerpo (parte 4 de 4)
La tensión habitual reseca los tejidos
El exceso de tensión habitual reseca los tejidos y los vuelve pegajosos. Entonces, los músculos dejan de poder deslizarse unos respecto a otros y el cuerpo pierde su flexibilidad. Los movimientos se vuelven rígidos y los pensamientos también. También el sentir, tanto en lo sensorial como en lo emocional, se queda restringido a patrones repetitivos, con frecuencia, de un orden más bien desagradable.Muchas personas usan la tensión física de sus músculos de forma automática e inconsciente para insensibilizarse frente a sensaciones que les resultan indeseables, provenientes de la relación con el mundo exterior o de su propio interior. Para algunos sucede justo el contrario de lo deseado; las tensiones que usan para protegerse contra el impacto sensorial los vuelven inmensamente sensibles, hasta tal punto que la relación con el mundo se les hace insoportable. La reacción automática e inconsciente: más tensión… ¡Un círculo vicioso!
Un referente objetivo
Es cierto que la tensión habitual es inconsciente y no la podemos soltar a voluntad, ni siquiera si llegamos a sentirla porque limita el movimiento o alcanza un grado de intensidad que produce dolor. Pero sí ¡es posible tomar conciencia de la relación entre las partes tensas del cuerpo y un referente objetivo, concretamente las coordenadas del campo gravitatorio de la Tierra: la horizontal y la vertical!Al aprender a percibir la relación entre el cuerpo y el suelo, empieza a ser posible aprovechar el movimiento de relajación propio de la espiración para orientarse hacia el espacio central del cuerpo, lo más hondo del ser vivo que uno es, y desde allí hacia el suelo, las bases de apoyo en el mundo material del cual todos somos una parte. Entonces llega a ser posible también dejar las partes tensas que no podemos soltar participar en el movimiento de relación de la espiración.
Esto hay que aprender y practicarlo para ejercitar la percepción de esta relación y familiarizarse con las posibilidades inherentes en ella. Así descubres que hay formas de estar en el cuerpo en las que estás en una mejor relación con el suelo que en otras. Cuando estás en tu cuerpo en una forma en la que la gravedad puede sostenerte, la estructura de tu cuerpo está en equilibrio sin que tengas que usar tensión para compensar ninguna parte que esté fuera de equilibrio. A medida que vas cultivando la conciencia de la relación entre el cuerpo y su entorno, la tensión habitual va disminuyendo y descubres nuevas formas de relacionarte con tu entorno, no sólo en cuanto a lo físico cuerpo/suelo/espacio, sino también en cuanto a tu forma de sentirte y desenvolverte en la relación con los demás y contigo.
Más fluidez y libertad de movimiento
Adquieres elasticidad en todos los sentidos. Cuando la tensión que reseca tus tejidos va disminuyendo, estos pueden volver a hidratarse de modo que tus movimientos sean más fluidos. A menudo zonas excesivamente tensas vienen acompañadas con otras excesivamente laxas donde se acumula líquido. En vez de hidratar los tejidos, el agua retenida en esas zonas constituye un obstáculo para la libertad de movimiento. A medida que vas encontrando una forma más equilibrada en tu cuerpo en relación con la gravedad, las zonas excesivamente tensas se van relajando e hidratando y las zonas demasiado laxas van drenando el líquido sobrante y recuperan movilidad. Al volver a participar en los movimientos del cuerpo, toda la musculatura puede desarrollar un buen tono. Esto te confiere una presencia más dinámica y flexible. Te mueves con más fluidez y libertad y eres más capaz de responder a los sucesos momento a momento sin quedarte atrapado en patrones habituales de conducta.Prevenir inflamaciones
Hay indicios que sugieren que, además de resecar los tejidos, el exceso de tensión vuelva el agua de hidratación restante más ácido, creando un terreno abonado para inflamaciones las cuales, a su vez, pueden llegar a ser precursores de enfermedades más serias, como el cáncer y muchas enfermedades degenerativas asociadas a la edad. Recuperar una buena hidratación de los tejidos ayuda a prevenir un exceso de acidez, no sólo a través de la ingesta de bebidas y alimentos apropiadas a ese fin, sino porque una buena relación entre el cuerpo y el suelo, te permite descansar profundamente, en lo que eres como ser vivo y en el mundo del cual eres una parte inseparable. La buena tonicidad de los músculos que se desarrolla si confías tu peso al suelo facilita también la renovación del agua de hidratación. Literalmente la sensación de esa buena relación con el entorno es dulce.Esto es posible adquirirlo incluso a una edad avanzada. Requiere que la persona esté dispuesta a sentir las sensaciones cuyo flujo, en su día, interrumpió mediante la tensión que luego se volvió habitual. No se trata de dejarse caer en esas sensaciones, de revolcarse en las emociones que habitualmente acarrean, ni de dejarse llevar por su flujo, sino más bien de tomar conciencia –y posesión- de las zonas del cuerpo en el que quedaron registradas y retenidas. Se trata de permitir que puedan seguir su transcurso para dejar lugar a lo siguiente.
Pon la atención en el lugar donde la sensación transcurre, más que en el significado que crees que tiene
Entender el mensaje que llevan, en muchos casos, es secundario. De por sí, las sensaciones no tienen ningún significado absoluto. Los significados que les atribuimos suelen derivarse de las circunstancias en las que aparecieron inicialmente. La tensión habitual los mantiene vigentes, normalmente justo por debajo del umbral de conciencia. Afloran cuando bajan las defensas o estamos cansados o estresados.En la mayoría de casos se trata, más que nada, de suspender el rechazo automático que se expresa a través de la tensión que mantiene esas sensaciones a raya y de dejarlas fluir. En vez de intentar retenerlas –ya sea para apartarlas de la conciencia o para captar la información que traen-, es recomendable poner la atención en las zonas del cuerpo por donde transcurren, en la relación entre esas zonas y el suelo y en cómo hacerlas participar en los movimientos de la respiración. Si hay algo que el organismo o la psique necesita que sepas, en este proceso se pondrá de manifiesto. Pero una inmensa cantidad de sensaciones registradas en el cuerpo nos van informando de cosas que hace mucho que pasaron, y es cuestión de irlas soltando, una y otra vez, para poder discernir, más allá de lo que pasó, lo que es cierto en el momento presente.
Conectividad
El agua que hidrata los tejidos del cuerpo es como una red que se extiende a través de todo el organismo, desde la superficie hasta los rincones más diminutos y profundos, hasta el interior de los núcleos de las células. Es comparable a la fibra óptica que permite una transmisión de una inmensa cantidad de información a una velocidad muy grande. En cierto modo, debido al orden coherente del agua en nuestro organismo, somos como antenas, receptores y emisores de señales sutiles que conectan el cuerpo hasta con las estrellas más remotas del universo.Sin ir tan lejos, la red de agua coherente que se extiende a través de todo el cuerpo puede compararse también con la pantalla de una tele de plasma o de un ordenador. Los movimientos de la respiración funcionan como una especie de salvapantallas, asegurando que siempre haya movimiento en la pantalla. Pero la tensión habitual interfiere con ese movimiento y mantiene amplias zonas del cuerpo quietas de modo que en ellas siempre se reflejan los mismos contenidos, manteniendo la persona anclada en aquellas circunstancias del pasado en las que la tensión tuvo su origen. Cualquier experiencia del momento presente se percibe a través de este filtro de modo que una percepción clara y verídica del presente es prácticamente imposible.
Cuando logramos soltar el exceso de tensión y los tejidos vuelvan a estar bien hidratados, la perspectiva de los sucesos en nuestra vida es fundamentada en una buena relación entre el cuerpo y el suelo, entre nosotros y nuestro entorno. De este modo tenemos más posibilidades de percibir con claridad lo que sucede y de encontrar un modo de colocarnos al respecto que facilita llevar las situaciones a un buen fin.
Hacer frente a la contaminación electromagnética
Cada vez más personas son afectadas por el aumento de campos electromagnéticos generados por aparatos eléctricos, móviles, antenas de telefonía móvil, wifis, aires acondicionados, etc. Estoy convencida de que las tensiones típicas de una mala relación entre el cuerpo y la fuerza gravitatoria, el suelo, hacen el impacto de esos campos más fuerte, dejando las personas más indefensas cuanto más se esfuerzan por protegerse contra las sensaciones generadas por el impacto de algo que está fuera de su alcance. Una buena relación con el campo de fuerza mayor del planeta, la gravedad, en cambio, creo que crea vías en el organismo por donde las radiaciones electromagnéticas puedan fluir y atravesar el cuerpo sin dejar un impacto tan fuerte. Esto no quita la conveniencia de observar una serie de medidas simples de “higiene electromagnética”, para reducir las exposiciones evitables, tales como por ejemplo apagar los wifis y los móviles cuando no están en uso.Encontrar las pistas necesarias para descubrir los tesoros
Todos esos tesoros forman parte de nuestra naturaleza, pero están escondidos bajo capas y capas de tensiones que acumulamos a lo largo de los años sin darnos cuenta de ello. Es más, tendemos a identificarnos con el patrón de tensión habitual y creemos que somos tales como nos percibimos a través del filtro de esas tensiones, que el mundo es tal como lo percibimos a través de ese filtro y que lo que podemos lograr en la vida se limita a lo que queda dentro de los márgenes marcados por el patrón.Siguiendo los pasos descritos arriba es posible tomar conciencia de las tensiones y de empezar a soltarlas a través de un proceso que es comparable a lo que comúnmente se conoce como meditación. En los últimos años se ha puesto de moda el término “mindfulness”. La conciencia de la relación entre el cuerpo y el suelo, la fuerza gravitatoria, resalta un factor muy práctico que facilita esas prácticas considerablemente. Para no perderse en las marañas de la propia mente, se recomienda contar con la ayuda de un guía, un maestro, si se tiene la suerte de encontrar uno.
La intervención manual, combinada con la educación de la conciencia corporal y el procesamiento de los contenidos mentales y emocionales, típica del DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos, reune lo mejor de la meditación, del mindfulness, la educación del movimiento y de la terapia. Es una herramienta de alta precisión que permite tomar conciencia de la tensión habitual, soltar el exceso y desarrollar formas más equilibradas de relacionarse con el entorno y uno mismo. Revela las pistas necesarias para descubrir, en fin, los tesoros escondidos en el cuerpo y poder disfrutar una vida adornada con esas joyas que son unos tejidos bien hidratados, elasticidad, flexibilidad, libertad de movimiento, conectividad, descanso profundo, regeneración, una respiración libre, equilibrio, capacidad de respuesta, creatividad, energía, luz, conciencia y muchas más.
Taller de DFA en el Midline Institute de Barcelona, 1 y 2 de octubre de 2016
www.dfa-europa.com
jueves, 28 de julio de 2016
Respiración libre, regeneración y descanso profundo
Los tesoros escondidos en tu cuerpo (parte 3 de 4)
La respiración es un movimiento autónomo. Sucede continuamente sin necesidad de intervención consciente. Además de abastecer el organismo con el oxígeno necesario para un buen funcionamiento, los movimientos de la respiración tienen un papel importante para la salud en general y, en particular, para la conciencia de la forma en la que ocupamos el espacio con el cuerpo y nos movemos en la vida.
Para percibir con claridad, nuestros sentidos necesitan contraste y los movimientos de inspiración y espiración se lo proporcionan, cuando suceden con libertad. Sin embargo, los patrones de tensión habitual de muchas personas restringen estos movimientos, a menudo hasta tal punto que la persona vive la vida a medio gas, a la vez que avanzar, por poco que sea, le cuesta un gran esfuerzo porque tiene el freno de mano echado. Mientras la respiración sucede dentro de los márgenes fijados por la tensión habitual, a duras penas cubre los mínimos imprescindibles para sobrevivir y proporciona poco contraste sensorial.
Bajo esas condiciones, sólo la demanda de oxígeno producto de la actividad física da más profundidad a los movimientos respiratorios. De ahí la importancia de hacer ejercicio, caminar y moverse en el día a día. Pero la tensión nos impide movernos con libertad y sentir el cuerpo y su relación con el entorno. Desde dentro de los límites del patrón, parece que sea el mundo, las condiciones externas, lo que impone la limitación. Aunque en estado de reposo la persona se sienta relativamente relajada, el recorrido del movimiento respiratorio queda diminuto, sin ni siquiera alcanzar los límites marcados por la tensión. Un descanso profundo no es posible en esas condiciones. Una vez que se siente la relajación profunda que ocurre cuando los movimientos respiratorios son libres de suceder a su ritmo y las barreras de la tensión habitual van cediendo, se nota que ese estado es todo menos relajado; en realidad es como estar suspendido en una especie de limbo.
Cuando sucede con libertad, el movimiento de inspiración produce una expansión del cuerpo en todas las dimensiones; en la espiración el movimiento es de descanso hacia dentro y hacia el suelo porque los músculos que llevan a cabo el trabajo de inspirar, al espirar, se relajan. Cuando es necesario un mayor aporte de aire, además, otra serie de músculos pueden prolongar la espiración para crear espacio para una inspiración más profunda, cosa que sucede con la actividad física, los esfuerzos, en el deporte y en emergencias. También se puede ejercitar a voluntad. Pero aquí nos interesa sobre todo el movimiento de relajación que se produce al dejar salir todo el aire que sale fácilmente, sin forzar nada. Al final de este movimiento todavía hay una cantidad de aire en el cuerpo que es suficiente para proporcionar el oxígeno necesario para las funciones vitales durante un buen rato. Por tanto es posible, en ese momento, tomarse un pequeño descanso, antes de volver a inspirar.
No se trata de aguantar la respiración, ni de parar su flujo haciendo lo que se llama una apnea. Simplemente siguiendo la dirección natural del movimiento espiratorio, la atención se orienta hacia el interior del cuerpo y hacia el suelo. Así podemos concedernos un momento de descanso en lo más hondo de nuestro cuerpo, lo más hondo del ser vivo que somos, y sobre nuestra base de apoyo en el mundo material, el mundo del cual somos una parte inseparable. Al final del movimiento de relajación propio de la espiración encontramos la clave para una respiración libre.
Cuando sentimos que necesitamos aire, simplemente abrimos y lo dejamos entrar. No hace falta hacer el movimiento inspiratorio. Es cuestión de dejarlo suceder. Y si nos concedemos tiempo para descansar en lo que somos, sucede con mucha generosidad, iniciándose en el lugar más hondo del cuerpo que hayamos logrado alcanzar al descansar hacia dentro en la espiración y expandiéndolo en todas las dimensiones. La expansión suele ser mucho más generosa que en una respiración voluntaria del tipo que se produce cuando nos dicen: "¡toma aire!" Y, desde luego, no tiene ni punto de comparación con el movimiento ínfimo de la respiración dentro de los márgenes fijados por el patrón de tensión habitual. La clave está en seguir el movimiento de relajación propio de la espiración y, al final, cuando ya ha salido todo el aire que sale fácilmente, sin forzar nada, concedernos un momento para poder sentir cómo descansamos en lo más hondo del cuerpo y desde allí en dirección al suelo.
Es posible que en ese lugar profundo encontremos sensaciones que no son precisamente de descanso o que haya tensiones que normalmente ni siquiera sentimos porque los movimientos respiratorios tan reducidos dentro del patrón de tensión habitual nos mantienen por encima de todo eso, suspendidos en aquella especie de limbo, a fin de no sentir eso. A la vez que la tensión mantiene esas sensaciones y los asuntos sobre los que informan en el inconsciente, impide que sigan su curso.
Si no hubiéramos interrumpido el flujo de esas sensaciones, éstas habrían desaparecido, dando lugar a lo siguiente, ya sea simplemente otra sensación, un movimiento reflejo o una acción consciente para atender al asunto sobre el que la sensación informaba. Pero la tensión es como una censura que no permite que determinadas informaciones alcancen la conciencia. Evita que podamos hacer algo al respecto. A la vez retiene esas informaciones debajo del umbral de la conciencia. Desde allí tiñen nuestra percepción de todo: del mundo, de nosotros mismos y de lo que creemos poder alcanzar en la vida. Si aparecen, al concedernos el momento de descanso al final de la espiración, aunque sea sólo con una vaga sensación de inquietud, es cuestión de no dejarse llevar por la inquietud y conservar la calma, porque entendemos que lo más seguro es que esa sensación pertenezca al pasado. Puede que tenga una información que sea valiosa en el momento presente de nuestra vida. Pero es igualmente posible que se trate de nada más que de un asunto, que no supimos resolver cuando éramos pequeños con pocos recursos y poca capacidad de comprensión, y que en la actualidad carece de importancia. Es cuestión de enseñar a la parte atrapada en esas sensaciones retenidas donde está el suelo, la posibilidad de apoyo, y de dejar que la próxima inspiración se inicie en esa parte y que el movimiento inspiratorio la expanda.
En todo caso, siempre será preferible poder afrontar cualquier asunto con la sensación de conexión con el suelo y el espacio, de libertad de movimiento y capacidad de respuesta que se da cuando dejamos que los movimientos respiratorios sucedan con el tiempo suficiente para poder constatar esa relación en el momento clave al final de la espiración.
A través de ese momento, cultivamos la relación entre el ser vivo que somos, más allá del patrón de tensión habitual, y el mundo al cual pertenecemos. En ese momento podemos introducir novedad en el patrón y en la forma en la que nos relacionamos con el entorno, tanto en lo físico como en lo psicosocial. Allí pueden regenerarse las estructuras desgastadas por la tensión, ya sean articulaciones sobrecargadas, un sistema nervioso en las garras del estrés, un estado de ánimo deprimido, una musculatura dolorida, un corazón ansioso o angustiado, una persona traumatizada.
La angustia, la ansiedad, la depresión, la fibromialgia, la artrosis, y un sinfín de enfermedades y dolencias físicas y psíquicas radican en la restricción de los movimientos respiratorios debida al exceso de tensión habitual en la musculatura y los tejidos conjuntivos. Otras, como por ejemplo los trastornos relacionados con traumas, aunque en sí no tengan su origen en la restricción del movimiento respiratorio, ésta constituye uno de los principales síntomas a través de las cuales se manifiestan. Y son precisamente esos movimientos los que pueden abrir una vía hacia una solución.
La regulación de la tonicidad de los músculos y tejidos conjuntivos y de los ritmos respiratorios tiene lugar en las mismas zonas del sistema nervioso. Cuando nos damos tiempo para dejar salir el aire que sale fácilmente, podemos constatar la dirección del movimiento que nos señala la relación entre el espacio del eje central de cuerpo y el suelo. Al dejar que esa parte más hondo de nuestro ser sea sostenida por lo que se encuentra por debajo del cuerpo, en última instancia el suelo, respiración a respiración el tono excesivo de los tejidos miofasciales, los músculos y tejidos conjuntivos, va cediendo hasta alcanzar un buen tono, ni más ni menos que lo propio para una vida satisfactoria.
Pero no es fácil recorrer esa vía a solas. A menudo, antes de darnos cuenta de que están aflorando sensaciones cuyo flujo en algún momento del pasado interrumpimos por resultarnos indeseable, volvemos a la respiración corta que mantiene esas sensaciones en el limbo. Requiere todo un proceso de aprendizaje saber reconocer esas sensaciones retenidas del pasado y nuestras reacciones automáticas a ellas.
La intervención manual del DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos ayuda a soltar las tensiones que interrumpen el flujo de información sensorial en el cuerpo y mantiene los movimientos respiratorios bajo un régimen restrictivo, a la vez que la presencia del practicante de DFA ofrece apoyo tanto en lo físico como en el procesamiento de la información sensorial, emocional y mental que aparece en el transcurso del trabajo.
La finalidad es poder descansar profundamente en lo que uno es como ser vivo, como hombre o mujer del mundo actual y poder ocupar plenamente el espacio que es propio a cada uno. Sólo así podemos vivir en paz, todos juntos, cada uno en el lugar que le corresponde, en eterna interrelación con todo lo demás. Sólo así podremos encontrar vías para resolver el cacao que colectivamente hemos creado y que está llevando el mundo al borde del colapso.
El patrón de tensión habitual seguirá existiendo, por más concienzudo que sea el trabajo interior llevado a cabo, porque nuestro organismo le concede un valor de supervivencia innegable –a fin de cuentas aquí estamos, vivos. Pero al conocerlo, tanto en lo sensorial como en lo cognitivo, podemos ir más allá de los márgenes marcados por el patrón, porque ya no son tan fijos e inamovibles. Ya no constituyen la única realidad que conocemos. Una y otra vez, los movimientos de expansión y relajación propios de la respiración van soltando los márgenes lo suficiente como para poder sentir lo que hay más allá de la tensión.
En la inspiración dejamos que una parte del espacio alrededor penetre profundamente en los espacios interiores del cuerpo. En la espiración dejamos que el peso del cuerpo descanse profundamente hacia las bases de apoyo en el mundo material, el suelo. Así podemos sentir nuestro cuerpo y su relación con el entorno. Así podemos restablecer la conexión con lo que hay más allá de la propia persona, del propio cuerpo. Así volvemos a encontrar el camino a casa, al lugar en el mundo donde pertenecemos, donde podemos refugiarnos y sentirnos seguros, donde podemos reunirnos con los nuestros. Los nuestros, a fin de cuentas, son todos los seres vivos en todas parte, porque somos parte integrante del todo y todo ello parte integrante de lo que somos.
Mientras mantengamos separada aunque sólo sea una parte de lo que somos, ni el conjunto del todo ni la persona individual puede ir bien. Curiosamente, cuando empezamos a poder sentir cómo usamos la tensión de nuestros músculos para distanciarnos físicamente del mundo del cual formamos parte, ya empezamos a volver a restablecer la conexión. O sea, si eres capaz de sentir la desconexión con tu entorno, ya estás empezando a conectarte. A fin de cuentas, no es posible desconectarse de lo que hay más allá de uno mismo. Tanto sí como sí, ¡en todo momento pertenecemos todos y cada uno!
Por más comprensible que sea que uno quiera retirarse de la violencia, negligencia y ignorancia que se ven en los telediarios y en el día a día en el comportamiento de tantas personas, en lo que realmente importa, ¡sentir que perteneces es tanto más agradable que sentirte ajeno a todo! Además, retirarse no lleva a otra cosa que a sentirse víctima o convertirse en perpetrador. En cambio, hay mucho que se puede hacer para aportar paz, cuidados y sabiduría, como mínimo en el trozo del mundo que es nuestro, el que ocupamos con el propio cuerpo.
Respirar con árboles: el poder de la respiración y la conexión con la naturaleza
jueves, 14 de julio de 2016
Equilibrio, creatividad, capacidad de respuesta
Los tesoros escondidos en tu cuerpo (parte 2 de 4)
Energía, luz, conciencia
De hecho la energía, la luz y la conciencia forman parte de la esencia de lo que eres como ser vivo. Las compartes con todos los seres vivos, aunque las formas en las que se manifiestan sean distintas en función de la complejidad de cada uno de los seres.
No obstante, aun siendo parte de la propia esencia, para muchas personas estos tesoros quedan escondidos de modo que funcionan con lo imprescindible para sobrevivir sin poder disfrutar de la maravillosa riqueza de la vida.
Una gran parte de la energía queda involucrada en mantener el grado de tensión de los músculos que el sistema considera necesario para sobrevivir. Aunque sientas que la tensión es excesiva, que te causa dolor, desgaste y fatiga, no la puedes soltar. Mantenerla consume energía y para poder hacer cualquier cosa hace falta, además, la misma cantidad de energía para sobrepasarla y algo más para llegar a hacer lo que quieres hacer. ¿Cómo sería poder contar con la energía que está fijada en mantener las estructuras de tu cuerpo en una mala relación con la fuerza gravitatoria de la Tierra, uno de los principales campos de fuerza que rigen la vida? ¿Cómo sería saber colocarte en relación con este campo de modo que te sostenga en vez de mantenerte en conflicto con él?
Tal vez te preguntas por qué empleas tanta energía en acumular tensión que no hace más que limitarte y no sirve para llevar a cabo trabajo. No lo haces tú sólo; es un fenómeno colectivo. De hecho, resulta ser una de las capacidades más primitivas de los seres vivos: la de poder interrumpir el flujo de sensaciones mediante la tensión de los músculos. Ya el primer ser vivo unicelular sabía cómo moverse hacia lo que le resultaba atractivo y apartarse de lo que parecía indeseable, aunque todavía no tenía ni músculos ni sistema nervioso. La tensión se va acumulando cuando la usas para mantener a raya sensaciones que no te gustan, porque en cuanto la sueltas, esas sensaciones vuelven a aflorar. Por eso no la sueltas, se vuelve habitual y, por tanto, inconsciente. Te identificas con la forma en la que te mantienes en relación con el suelo y crees que es así cómo eres. De hecho no es más que la forma en la que te mantienes. ¡Lo que eres es mucho más!
Probablemente no se te ha ocurrido que la relación entre tu cuerpo y el suelo pueda tener algo que ver con lo que pasa en tu vida, ni mucho menos que en esta relación puedes encontrar una solución que te permite liberar energía, arrojar luz sobre lo que haces y cómo vives para encontrar las formas que mejor te sirven.
Una gran cantidad de información viaja a través del cuerpo en forma de luz. La tensión interfiere con el flujo de esa información. Me imagino que la tensión genera una especie de campo de fuerza que organiza la luz siempre en la misma forma, como una pantalla de una tele de plasma que se ha quedado congelada en una imagen. Siguen entrando todos los impulsos de todos los programas emitidos, pero la pantalla sólo muestra esa imagen. Para poder ir más allá de las creencias creadas en los primeros años de vida y transmitidas de generación en generación, hay que reconocerlos como tales, reconocer los patrones de tensión mediante los cuales las mantenemos fijas en el cuerpo y descubrir formas alternativas de estar y moverse. Para ello es necesario aprender a percibir la relación entre el cuerpo y el entorno. Es un requisito sine qua non.
Cuando tenemos conciencia de la relación entre el cuerpo y su entorno, podemos darnos cuenta de cómo la tensión que usamos para organizar nuestra experiencia, de hecho, nos separa del entorno de una forma u otra. En una de las formas más frecuentes la persona se aplasta con el peso de su propio cuerpo, en otra emplea una gran parte de su energía en apartar su peso del suelo. La primera tiene aspecto de vencida, la segunda de combativa. Aunque a muchos la segunda les parece más atractiva, en la mayoría de los casos, por debajo del umbral de conciencia se encuentra el temor de caer en una forma parecida a la primera si empieza soltar la tensión mediante la cual se mantiene en alto. Aunque la primera parece más inofensiva, con frecuencia, por debajo de la superficie oculta un gran enfado, acompañado de un gran miedo de lo que podría pasar si acabara por dar espacio a lo que mantiene encerrado bajo el peso de su cuerpo.
La conciencia de esas formas en relación al entorno permite metabolizar lo retenido por la tensión que todavía necesita ser digerido, y soltar el resto. Permite sentir la conexión con todo cuanto existe inclusive el vacío. Aunque haya mucho sufrimiento en el mundo, es cuando sentimos la conexión con todo que podemos encontrar formas de paliarlo, empezando por el propio sufrimiento causado por la desconexión. El sufrimiento surge de la separación porque la naturaleza de nuestro ser es inseparablemente conectado con todo. Saberlo está bien, sentirlo es precioso.
Descubre los tesoros escondidos en tu cuerpo con sesiones de DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos, un método de terapia manual para cuerpo y mente
De qué tesoros estamos hablando:
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