martes, 20 de octubre de 2020

Cómo puedes contribuir al equilibrio general en el mundo

¿Alguien en tu familia creció durante una guerra o bajo una dictadura? ¿Tienes problemas de salud, un malestar indefinido, depresión, ansiedad, dolores, adicciones, problemas de relación, dificultades para ganarte la vida? ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Si las experiencias traumáticas se procesan para poder restablecer un equilibrio interno, una vez que el peligro inminente ha acabado, a las generaciones siguientes se transmite una buena capacidad de responder a los retos que la vida nos presenta y de gestionar situaciones de estrés y también un sistema inmunitario capaz de aprender a enfrentarse a nuevas situaciones. Después de las guerras y dictaduras del siglo XX, por desgracia, son pocas las familias que tuvieron conocimientos suficientes, voluntad y oportunidades para metabolizar los múltiples traumas que sufrieron. Lo más frecuente que se transmitió a las generaciones posteriores son los patrones de defensa contra esas experiencias de manera que muchísimas personas viven dominadas por el miedo, incluso sin tener consciencia de ello, porque sentir el miedo sería demasiado amenazante. Sentirse vulnerable es intolerable para una persona traumatizada y por esto vive protegiéndose tras muros de tensión. La gama de estrategias defensivas es tan diversa como las personas. Cada uno desarrolla un patrón individual y único, a la vez que las dinámicas del trauma son universales.
 

Para tener un contacto verdadero con otra persona y una comunicación significativa, sin embargo, es imprescindible abrirse hacia el otro y esto, inevitablemente, conlleva una sensación de vulnerabilidad. Tantos problemas de vivimos como si fueran una cosa personal o propia de nuestra familia, de hecho, son fenómenos colectivos. Si reconocemos la dimensión colectiva de las cosas que nos hacen daño, llega a ser más fácil ocuparnos de encontrar soluciones que restablecen el equilibrio interior de las personas y de las familias y de abrir vías de comunicación por donde puede fluir el amor que nos une. 

La intervención manual del Duggan/French Approach (DFA) ayuda a tomar conciencia de las formas del cuerpo en relación al campo gravitatorio de la Tierra y a encontrar la mejor forma posible en cada momento. Libera los movimientos respiratorios. Facilita una relajación profunda. Mejora la hidratación de los tejidos resecados por la tensión habitual así como su equilibrio ácido-alcalino. Reduce inflamaciones. Regula los ritmos de sueño y vigilia. Mejora la distribución de pesos y cargas y la postura en general. Permite mayor fluidez del movimiento, más capacidad de respuesta en vez de reactividad, da acceso a contenidos mentales y emocionales inconscientes para poder atender a lo que necesita atención y soltar lo que ya no viene al caso…

Sesiones para

-    Respirar mejor
-    Encontrar un nuevo equilibrio
-    Soltar el exceso de tensión involuntaria
-    Mejorar el rendimiento en el deporte y prevenir lesiones
-    Aumentar la versatilidad de expresión en las artes escénicas
-    Reconocer las huellas de la historia en el propio cuerpo
-    Encontrar la brújula interna y reorientarse en momentos de transición
-    Restaurar el equilibrio interno después de experiencias traumáticas
-    Resolver conflictos emocionales
-    Transformar el estrés
-    Optimizar el uso del cuerpo en el lugar de trabajo
-    Resolver dificultades de relación

 


Durante el mes de septiembre tuvo lugar la tercera fase de la formación de practicantes de DFA en curso. En la primera y la segunda fase las estudiantes aprendieron

-    Los principios y fundamentos

o    de un cuerpo equilibrado en el campo gravitatoria de la Tierra
o    de la interrelación entre el cuerpo físico y los procesos emocionales y mentales que tienen lugar en él y
o    del reconocimiento de los patrones de tensión habitual que determinan las formas del cuerpo, del movimiento y de los comportamientos de las personas.


Empezaron a familiarizarse con

-    la intervención física especial desarrollada por Annie B. Duggan y Janie French
-    los métodos de acceso estructural y emocional y de educación de la consciencia corporal


En la tercera fase profundizaron su comprensión de los procesos de integración estructural y emocional y sus habilidades en la aplicación de todo ello en el trabajo con clientes que vinieron a recibir sesiones supervisadas. En el mes de febrero tendrá lugar la cuarta fase y en septiembre la fase de certificación, donde profundizarán su comprensión de los procesos de integración de las estructuras de cuerpo y mente, del cuidado de la salud física y psíquica y, especialmente, de las dinámicas del trauma individual y colectivo y del desarrollo de la consciencia, ambas fase con sesiones supervisadas.

Pero para recibir sesiones a un precio muy reducido, no tienes que esperar hasta febrero. Durante las fases intermedias de la formación, las estudiantes también ofrecen sesiones de práctica. Están preparadas para ayudarte a tomar consciencia del apoyo de la fuerza gravitatoria y del poder de los movimientos de la respiración como herramientas para poder abordar los dolores y las cuestiones más difíciles que pueden haberse quedado registradas en los tejidos de tu cuerpo y para crear vías para resolverlas.

Si aprovechas esta oportunidad ahora, puedes recibir sesiones por tan solo 20€ por sesión y este precio se mantendrá hasta el final de la formación en septiembre 2021. Si esperas hasta febrero para empezar, en la fase IV de la formación los honorarios ya ascienden a 25€, precio que se mantendrá hasta el final de la formación. Si comienzas en septiembre 2021, en la fase de certificación, los honorarios ascienden a 30€ por sesión hasta el final de esta fase. Después, las nuevas practicantes de DFA certificadas fijarán los honorarios que cobrarán por sus servicios.

Para concertar hora, contacta directamente con una de ellas con un mensaje de Whatsapp o un sms:

Adi Cardona 699 06 54 56,
Bàrbara Mills 605 78 32 40,
María Tenorio 618 11 67 14.

Si quieres trabajar con una practicante con más de treinta años de experiencia puedes hacerlo en

el estudio de respiración, movimiento e integración estructural

Sesiones presenciales y telemáticas,
con Brigitte Hansmann,
Tel.: 606 67 64 36
Más información en
www.dfa-europa.com

Una semana intensiva de sesiones
para personas que vienen de lejos
Más información en
www.dfa-europa.com

sábado, 22 de agosto de 2020

Qué tiene que ver la memoria implícita con el covid19 y otras enfermedades de las personas y del planeta

Sólo cuando aprendemos a hablar tenemos palabras que nos permiten tener memorias que podemos hacer explícitas. Pero antes de que esto sea posible tenemos un montón de experiencias que se organizan en lo que se llama memoria implícita que queda registrada en nuestro cuerpo. Constituye la tonalidad emocional de trasfondo de nuestra vida donde tienen sus raíces las creencias que tenemos respecto a cómo somos, cómo es el mundo y qué podemos conseguir en la vida.

Cuando llegamos al mundo, nos sintonizamos con nuestro entorno, que a menudo está dominado por experiencias no resueltas de nuestros padres y abuelos que dominan el ambiente en casa. Una exploración a fondo revela que a menudo se trata de experiencias colectivas que dominan también el ambiente en nuestro país y -mirando con una perspectiva ancha- se observa que incluso dominan el ambiente en el mundo entero. La explotación desmedida de la naturaleza, la injusticia social, la violencia a pequeña y gran escala y la falta generalizada de cohesión social y de reconocimiento de la interconexión de todas las formas de vida son síntomas. Actualmente, la sensación de impotencia generalizada ante los peligros del covid19 y las medidas decretadas para hacerle frente, parece activar los registros en la memoria implícita en el cuerpo de todos.

Las sensaciones relacionadas con experiencias que heredamos de nuestros padres y abuelos son demasiado grandes para poder metabolizarlas nosotros cuando somos pequeños. Se quedan inscritas en los tejidos del cuerpo por debajo del umbral de la conciencia. Desde allí emiten vibraciones que determinan una gran parte de nuestra experiencia y de nuestras actuaciones, sin que nos demos cuenta. A lo largo de nuestra vida nos llevan a hacer todo tipo de esfuerzos para mantener fuera de la experiencia consciente y para irnos sobreponiendo a ellos. No obstante, por más que nos esforzamos, por más a fondo que consigamos hacerlo, no desaparecen. Cuando las sentimos, nos parecen expresión de algo personal nuestra. No se nos ocurre que pueden ser manifestación de una situación colectiva que pide una resolución.  

Aprender a reconocer los patrones que tienen sus raíces en la memoria implícita es la esencia del trabajo de DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos para poder distinguir lo que pertenece al pasado de lo que es experiencia del momento presente y para poder continuar las etapas del desarrollo que se quedaron truncadas debido a las experiencias traumáticas no reconocidas y no resueltas propias y de las generaciones anteriores.

La comprensión -cognitiva y sensorial- de las formas cómo la experiencia se organiza en el cuerpo da lugar a un estado de conciencia dual que permite observar el flujo de las sensaciones que transcurren en el cuerpo. Si conseguimos aflojar la tensión que mantiene por debajo del umbral de la conciencia las sensaciones que de pequeños no podíamos tolerar, o si nuestras defensas bajan por alguna razón u otra, estas sensaciones afloran. Entonces podemos observarlas, discernirlas e identificarlas. Esta observación es posible porque las partes adultas, con su conciencia desarrollada, pueden poner en perspectiva el flujo de sensaciones sin caer en ella. Así podemos evaluar si lo que sentimos realmente pertenece a la situación actual o si podría ser un reflejo del pasado. Sensaciones que eran intolerables, se pueden llegar a tolerar cuando se sabe que reflejan un registro del pasado que -al menos en un porcentaje considerablemente elevado- es responsable de la intensidad con la que las sentimos. Aunque la situación presente se parece en algunos -o muchos- aspectos, al reconocer los contextos donde las sensaciones tuvieron su origen, llega a ser posible entender su intensidad y - con suerte- lo que intentan comunicar para poder ocuparnos de forma eficaz de procurarnos lo que necesitamos para restablecer el equilibrio interno. 

Si estas sensaciones nos inundan, sin entender qué nos está pasando, es fácil que nos arrastren a reacciones de rechazo intensos, que incluso pueden desencadenar reacciones de pánico y, a corto plazo, producir dificultades para respirar ... con las manifestaciones biofísicas y bioquímicas correspondientes, o a reacciones histéricas que amplifican la intensidad aún más en un círculo vicioso sin salida. A medio y largo plazo generan condiciones que causan enfermedades. La activación de los registros en la memoria implícita de experiencias traumáticas propias en la primera infancia o heredadas de los padres y abuelos puede ser un factor que contribuye a desencadenar las reacciones excesivas del sistema inmunitario en las personas que sufren las manifestaciones más duras de la infección con covid19.

Con la comprensión cognitiva y sensorial de que estas sensaciones tienen su origen en la memoria implícita es posible observarlas sin dejarse llevar por ellas y ganar un margen de libertad suficiente como para ocuparnos de permitir los movimientos de la respiración. Así ni los pulmones ni el sistema nervioso sufren grandes alteraciones. Nos permite mantener la calma de manera que el sistema inmunitario puede desarrollar una respuesta eficaz frente a la enfermedad sin caer en reacciones excesivas ni deprimirse sino que puede proteger nuestra salud.

El estado de indefensión ante procesos que nos sobrepasaban en muchos casos es similar a aquello con lo que nos sintonizamos de niño, a lo que heredamos de nuestros padres y abuelos. Reconocer las sensaciones en el contexto donde tuvieron su origen nos puede ayudar a bajar unas barreras que creamos en la primera infancia para protegernos contra la intensidad de las sensaciones que nuestros padres y abuelos procuraban apartar de su conciencia, pero que la sensibilidad de la niña pequeña -o del niño pequeño- detectaba sin filtros, transcurriendo en el propio cuerpo.

A menudo, lo que hicimos en nuestro cuerpo para protegernos contra todo aquello nos impidió recibir el amor de nuestros padres como habríamos necesitado. Nos fragmentó y aisló partes de nosotros que se quedaron encerradas en nuestro interior, separadas del mundo, sin poder participar en el desarrollo del resto de nuestra persona. A pesar de estar apartadas de nuestra conciencia, desde el trasfondo influyen en la tonalidad emocional de nuestra vida e irrumpen con plena fuerza cuando nuestras defensas bajan. De muchas maneras determinan nuestras formas de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo en general. Determinan nuestras formas de movernos a la vida. El proceso de reconocer estas barreras y de ocuparnos de bajarlas para permitir un contacto sensorial profundo con nuestro entorno puede durar años. Tiene muchas facetas. Pero embarcarnos en él y comprometernos con el ser vivo que somos a recuperar la conexión perdida y rescatar las partes que el patrón de tensión habitual mantiene cautivo se puede hacer en un momento.

En primer lugar se trata de tomar conciencia de cómo nos situamos en relación a nuestra vida interior y en nuestro entorno. Es importante no intentar abordar toda la problemática entera para resolverla de una vez por todas sino, momento a momento, enfocar la atención en sentir el apoyo del suelo bajo nuestros pies, la silla donde nos sentamos, la cama donde yacemos y darnos tiempo para los movimientos respiratorios, uno a uno. Sobre todo en días duros, que puede haber durante este proceso, días cuando parece que no tenemos fuerzas para hacer frente a todo eso y que todo aquello nos supera, entonces más que nunca, es importante darnos cuenta de lo que es real ahora, en el momento presente, lo más inmediato, el suelo bajo los pies y los movimientos respiratorios, y orientarnos en relación con la fuerza gravitatoria para poder recibir con todo el cuerpo el apoyo del suelo (de la Tierra) y poder dejar fluir los movimientos respiratorios con la máxima libertad. Así, aunque las mismas historias de siempre vayan dando vueltas en la cabeza con las mismas sensaciones de siempre, vamos desarrollando una parte de nuestra conciencia que hace las funciones de observador. Nos ayuda a darnos cuenta de que son las mismas historias de siempre con las mismas sensaciones, que brotan de la memoria implícita instalada en nuestro cuerpo y que no son ninguna realidad absoluta. Quizás las sensaciones reflejan algo que fue realidad en un momento dado de nuestra vida en unas circunstancias concretas, pero ni siquiera eso es absolutamente seguro.

Lo que sí es cierto al cien por cien es que nuestras facultades eran muy limitadas en el momento cuando aquello se quedó registrado en la memoria implícita y nos organizamos alrededor de unas experiencias cuyos significados entonces no podíamos entender. Ahora tenemos herramientas y recursos que entonces ni siquiera podíamos imaginar. Ahora tenemos la capacidad de dejar aquellas historias a un lado, cuando se presentan. Podemos decir a las partes que se aferran a ellas que en otro momento evaluaremos si lo que nos quieren hacer creer realmente es así o no y, si fue así en el pasado, si aun lo es. Lo que es ahora, queremos poner nuestra atención en el apoyo que está disponible ahora; con la espiración queremos orientarnos hacia el espacio más hondo de lo que somos como ser vivo y dejar que allí se inicie el movimiento de la inspiración para abastecernos con aire, el alimento que está a nuestro alcance ahora y aquí, con el suelo que nos sotiene, nuestra base de apoyo en el mundo natural. Queremos cultivar esta experiencia sentida de la conexión con la naturaleza. Somos una parte de ella, pertenecemos. Podemos pedir a las partes que nos quieren mantener anclados en las mismas dinámicas de siempre que, por favor, aflojen un poco y nos ayuden a enfocar nuestra atención en el suelo y los movimientos de la respiración porque así es mucho más factible cuidarnos para proteger nuestra salud y la de los demás.

Quizás, nos damos cuenta de que nos habíamos identificado con experiencias que en realidad eran de nuestros padres o abuelos en la guerra o la dictadura que determinó sus vidas. Cuando podemos dejar con ellos lo que es suyo, encontramos una orientación nueva en relación con ellos y con el resto del mundo. Podemos ser hijos y nietos, agradecidos por poder aprender de la experiencia de los que han venido antes de nosotros y por tener las oportunidades que la vida nos ofrece ahora. Y podemos aprender a ser la persona adulta que sabe procurar a las partes infantiles lo que aun necesitan para acabar de desarrollarse.

Los registros en la memoria implícita pertenecen a experiencias de la primera infancia. El niño depende totalmente de que la madre entiende lo que le pasa. El sistema nervioso de los dos está enredado y, de hecho, este enredamiento perdura toda la vida. Nos interconecta con todas las formas de vida en todas partes. Cuando nuestro sistema nervioso madura y se crean las estructuras necesarias para desarrollar la conciencia de ser un individuo, un "yo", las funciones receptivas que vehiculan la percepción sensorial de los procesos internos y de la relación con el exterior, pasan a segundo plano. Pero a todas horas, de forma ininterrumpida, un montón de información viaja a través de estas redes de interconexión entre el individuo y su entorno próximo y lejano. Determina un amplio abanico de nuestros comportamientos. Aunque nos creemos que algo pertenece a nuestra experiencia personal e íntima, a menudo se trate de procesos colectivos y universales.

Ejercitar nuestra percepción sensorial, nos permite discernir las sensaciones que fluyen por la red y ser la persona adulta que ayuda al niño a desarrollar los aspectos que se quedaron encalladas en el pasado. Así ejercitamos nuestra capacidad de respuesta y podemos liberarnos de la reactividad propia de los patrones de conducta inconscientes. Es una tarea imprescindible para todos los que sentimos el sufrimiento de la Tierra y queremos curar el trauma colectivo que la sacude y nos sacude a todos los que vivimos en ella. Es una tarea importante para el trabajo personal de cada uno y para la confluencia del trabajo de todos. En nuestro cuerpo la red se extiende desde las grandes estructuras superficiales hasta el interior de los núcleos de las células en forma de la organización cristalina líquida del agua de hidratación de todos los tejidos. Nos convierte en antenas, receptoras y emisoras.

He aquí una pequeña herramienta que puedes escuchar para ayudarte a activarla:

 Percepción sensorial sentado en silla con los pies en el suelo

www.dfa-europa.com

© Brigitte Hansmann
Practicante de DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos, autora de los libros Con los pies en el suelo y Respirar con árboles, y de numerosos artículos publicados en revistas y blogs, analista de patrones arquetípicos, traductora y estudiante y profesora del Dharma

viernes, 21 de agosto de 2020

Què té a veure la memòria implícita amb el covid19 i altres malalties de les persones i del planeta

Només quan aprenem a parlar tenim paraules que ens permeten tenir memòries que podem fer explícites. Però abans de que això sigui possible tenim un munt d’experiències que s’organitzen en el que s’anomena memòria implícita que queda registrada en el nostre cos. Constitueix la tonalitat emocional de rerefons de la nostra vida on tenen les seves arrels les creences que tenim respecte a com som, com és el món i què podem aconseguir a la vida. 

Quan arribem al món, ens sintonitzem amb el nostre entorn, que sovint està dominat per experiències no resoltes dels nostres pares i avis que dominen l’ambient a casa. Una exploració a fons revela que sovint es tracta d’experiències col·lectives que dominen també l’ambient al nostre país i –mirant amb una perspectiva ampla- s’observa que fins i tot dominen l’ambient al món sencer. L’explotació desmesurada de la naturalesa, l’injustícia social, la violència a petita i gran escala i la manca generalitzada de cohesió social i de reconeixement de la interconnexió de totes les formes de vida en són símptomes. Actualment, la sensació d’impotència generalitzada davant els perills del covid19 i les mesures decretades per fer-hi front, sembla activar els registres a la memòria implícita en el cos de tothom.
 

Les sensacions relacionades amb experiències que heretem dels nostres pares i avis són massa grosses per poder metabolitzar-les nosaltres quan som petits. Es queden inscrites en els teixits del cos per sota el llindar de la consciència. Emeten vibracions que determinen una gran part de la nostra experiència i de les nostres actuacions, sense que ens n'adonem. Al llarg de la nostra vida ens porten a fer tota mena d’esforços per mantenir-les fora de l’experiència conscient i per anar-nos-hi sobreposant. Per més que ens esforcem, però, i per més be i més a fons que aconseguim fer-lo, no desapareixen. Quan les sentim, ens semblen expressió d’alguna cosa personal nostra. No s’ens acudeix que poden ser manifestació d’una situació col·lectiva que demana una resolució.
 

Aprendre a reconèixer els patrons que tenen les seves arrels en la memòria implícita és l’essència del treball de DFA Reconeixement de Patrons Somàtics per poder distingir el que pertany al passat del que és experiència del moment present i per poder continuar les etapes del desenvolupament que es varen quedar truncades degut a les experiències traumàtiques no reconegudes i no resoltes pròpies i de les generacions anteriors.
 

La comprensió –cognitiva i sensorial- de les formes com l’experiència s’organitza en el cos dona lloc a un estat de consciència dual que permet observar el flux de les sensacions que transcorren al cos. Si aconseguim afluixar la tensió que manté per sota el llindar de la consciència les sensacions que de petits no podíem tolerar, o si les nostres defenses baixen per alguna raó o una altra, aquestes sensacions afloren. Aleshores podem observar-les, discernir-les i identificar-les. Aquesta observació es possible perquè les parts adultes, amb la seva consciència desenvolupada, poden posar en perspectiva el flux de sensacions sense caure-hi. Així podem evaluar si allò que sentim realment pertany a la situació actual o si podria ser un reflex del passat. Sensacions que eren intolerables, es poden arribar a tolerar quan se sap que reflecteixen un registre del passat que –al menys en un tant per cent considerablement elevat- és responsable de la intensitat amb la que les sentim. Encara que la situación present s’hi sembla en alguns –o molts- aspectes, en reconèixer els contextos on les sensacions varen tenir el seu origen, arriba a ser possible entendre la seva intensitat i – amb sort- el que intenten comunicar per poder ocupar-nos de forma eficaç de procurar-nos allò que necessitem per restablir l’equilibri intern.
 

Si aquestes sensacions ens inunden, sense entendre què ens està passant, és fàcil que ens arrastren a reaccions de rebuig intensos, que fins i tot poden desencadenar reaccions de pànic i, a curt termini, produir dificultats per respirar... amb les manifestacions biofísiques i bioquímiques corresponents, o a reaccions histèriques que amplifiquen la intensitat encara més en un cercle viciós sense sortida. A mig i llarg termini generen condicions que esdevenen malalties. L’activació dels registres de la memòria implícita d’experiències traumàtiques pròpies a la primera infantesa o heretades dels pares i avis pot ser un factor que contribueix a desencadenar les reaccions excessives del sistema immunitari en les persones que pateixen les manifestacions més dures de la infecció amb covid19.  
 

Amb la comprensió cognitiva i sensorial que aquestes sensacions tenen el seu origen a la memòria implícita és possible observar-les sense caure-hi i guanyar un marge de llibertat suficient com per ocupar-nos de permetre els moviments de la respiració. Així ni els pulmons ni el sistema nerviós pateixen grans alteracions. Ens permet mantenir la calma de manera que el sistema immunitari pot desenvolupar una resposta eficaç envers la malaltia sense caure en reaccions excessives ni deprimir-se sinó que pot protegir la nostra salut.
 

L’estat d’indefensió davant processos que ens sobrepassaven en molts casos és semblant a allò amb el que ens vam sintonitzar d’infant, a allò que vam heretar dels nostres pares i avis.  Reconèixer les sensacions en el context on varen tenir el seu origen ens pot ajudar a baixar unes barreres que vam crear a la primera infantesa per protegir-nos contra la intensitat de les sensacions que els nostres pares i avis procuraven apartar de la seva consciència, però que la sensibilitat de la nena petita –o del nen petit- detectava sense filtres, transcorrent en el propi cos.
 

Sovint, el que vam arribar a fer al nostre cos per protegir-nos contra tot allò ens va impedir rebre l’amor dels nostres pares com l’hauríem necessitat. Ens va fragmentar i va aïllar parts de nosaltres que es varen quedar tancades a dins, separades del món, sense poder participar en el desenvolupament de la resta de la nostra persona. Malgrat estar apartades de la nostra consciència, des del rerefons influeixen en la tonalitat emocional de la nostra vida i irrompen amb plena força quan les nostres defenses baixen. De moltes maneres allò va determinar les nostres formes de relacionar-nos amb nosaltres mateixos, amb els altres i amb el món en general. Va determinar les nostres formes de moure’ns a la vida. El procés de reconèixer aquestes barreres i d’ocupar-nos de baixar-les per permetre un contacte sensorial profund amb el nostre entorn pot durar anys.Té moltes facetes. Però embarcar-nos-hi i comprometre’ns amb l’ésser viu que som a recuperar la connexió perduda i rescatar les parts preses al patró de tensió habitual es pot fer en un moment.
 

En primer lloc es tracta de prendre consciència de com ens situem en relació a la nostra vida interior i al nostre entorn. És important no intentar abordar tota la problemàtica sencera per resoldre-la d’una vegada per totes sinó, moment a moment, enfocar l’atenció en sentir el suport del terra sota els nostres peus, la cadira on seiem, el llit on jaiem i donar-nos temps pels moviments respiratoris, un a un. Sobre tot en dies durs, que pot haver-hi durant aquest procés, dies quan sembla que no tenim forces per fer-hi front i que tot allò ens supera, aleshores més que mai, és important adonar-nos del que és real ara, al moment present, allò més immediat, el terra sota els peus i els moviments respiratoris i orientar-nos en relació amb la força gravitatòria per poder rebre amb tot el cos el suport del terra (de la Terra) i poder deixar fluir els moviments respiratoris amb la màxima llibertat. Així, encara que les mateixes històries de sempre van donant voltes al cap amb les mateixes sensacions de sempre, anem desenvolupant una part de la nostra consciència que fa les funcions d’observador. Ens ajuda a adonar-nos que són les mateixes històries de sempre amb les mateixes sensacions, que brollen de la memòria implícita instal·lada al nostre cos i que no són cap realitat absoluta. Potser les sensacions reflecteixen alguna cosa que va ser realitat en un moment donat de la nostra vida en unes circumstàncies concretes, però ni tan sols això és absolutament segur.
 

El que sí és cert al cent per cent és que les nostres facultats eren molt limitades en el moment quan allò es va quedar registrat a la memòria implícita i ens vam organitzar al voltant d'experiències amb significats que aleshores no podíem entendre. Ara tenim eines i recursos que aleshores ni tan sols en podíem imaginar. Ara tenim la capacitat de deixar aquelles històries de banda, un cop i un altre. Podem dir a les parts que s’aferren a aquestes històries que en un altre moment evaluarem si el que ens volen fer creure realment és així o no, i si va ser així en el passat, si encara ho és. El que és ara, volem posar la nostra atenció en el suport que és disponible ara; amb l'espiració volem orientar-nos cap a l'espai més fons del que som com ésser viu i deixar que s'hi iniciï el moviment de la inspiració per abastir-nos amb l'aire, el nodriment que està al nostre abast ara i aquí, amb el terra que ens sosté, la nostra base de suport en el món natural. Volem cultivar aquesta experiència sentida de la connexió amb la natura. En som una part. Hi pertanyem.  Podem demanar a les parts que ens volen mantenir ancorats en les mateixes dinàmiques de sempre que, si us plau, afluixin una mica i ens ajudin a enfocar la nostra atenció al terra i als moviments de la respiració perquè així és molt més factible tenir curar de la nostre salut i de la dels altres. 

Potser, ens adonem que ens havíem identificat amb experiències que en realitat eren del nostres pares o avis a la guerra o dictadura que varen determinar les seves vides. Quan podem deixar amb ells el que és seu, trobem una orientació nova en relació amb ells i amb la resta del món. Podem ser fills y nets, agraïts per poder aprendre de l’experiència dels que han vingut abans de nosaltres i per tenir les oportunitats que la vida ens ofereix ara. I podem aprendre a ser l'adult que sap procurar a les parts infantils allò que encara necessiten per acabar de desenvolupar-se.
 

Els registres a la memòria implícita pertanyen a experiències de la primera infantesa. L’infant depèn totalment de que la mare entén el que li passa. El sistema nerviós dels dos està enxarxat i, de fet, aquest enxarxament perdura tota la vida. Ens interconnecta amb totes les formes de vida arreu. Quan el nostre sistema nerviós madura i es creen les estructures necessàries per desenvolupar la consciència de ser un individu, un “jo”, les funcions receptives que vehiculen la percepció sensorial dels processos interns i de la relació amb l’exterior, passen a segon pla. Però a totes hores, de forma ininterrompuda, un munt d’informació viatja a través d’aquestes xarxes d’interconnexió entre l’individu i el seu entorn proper i llunyà. Determina un ampli ventall dels nostres comportaments. Encara que ens creiem que una cosa pertany a la nostra experiència personal i íntima, sovint es tracte de processos col·lectius i universals.
 

Exercitar la nostra percepció sensorial, ens permet discernir les sensacions que flueixen per la xarxa, ser la persona adulta que ajuda a l’infant a desenvolupar els aspectes que es varen quedar encallades al passat per tenir capacitat de resposta i alliberar-nos de la reactivitat pròpia dels patrons de conducta inconscients. És una tasca imprescindible per tots els que sentim el patiment de la Terra i volem tenir cura del trauma col·lectiu que la colpeja i ens colpeja a tots els que hi vivim. És una tasca important pel treball personal de cadascú i per la confluència del treball de tots plegats. En el nostre cos la xarxa s’estén des de les grans estructures superficials fins a l’interior dels nuclis de les cèl·lules en forma de l’organització cristal·lina líquida de l’aigua d’hidratació de tots els teixits. Ens converteix en antenes, receptores i emissores. Aquí teniu una petita eina per escoltar que us ajudarà a activar-la:  

Percepció sensorial asseguts en cadira amb els peus a terra 

www.dfa-europa.com 

© Brigitte Hansmann
Practicant de DFA Reconeixement de Patrons Somàtics, autora dels llibres Con los pies en el suelo i Respirar con árboles, i de nombrosos articles publicats en revistes i blogs, analista de patrons arquetípics, traductora i estudiant i professora del Dharma 

martes, 11 de agosto de 2020

Contacto íntimo

Cualquier momento es precioso cuando lo compartimos íntimamente con otra persona. El mundo interno de una persona se encuentra con él de otra, vibran juntos y el momento centellea. Es así cuando estamos enamorados, y puede serlo en todo momento, enamorados o no, incluso cuando estamos a solas. Hasta el momento más difícil es enriquecedor cuando tienes contacto íntimo contigo, y sólo la mitad de difícil si puedes compartir honestamente lo que sientes con otro. 

¿Conoces la sensación de estar con otras personas, incluso amigos o familiares cercanos, pero sientes una distancia que te separa de ellos? No encuentras la manera de acercarte; por más que hagas o digas, no llegas. Sientes algo adentro, pero no te atreves a decirlo o, tal vez, ni sabes qué es lo que sientes. Sólo hay una vaga sensación de que la vida transcurre allí fuera y te cuesta un esfuerzo tremendo participar, o ni siquiera lo logras. Algunas personas sienten angustia, opresión o depresión… No queremos tener esta clase de sensaciones porque hemos aprendido a atribuirles un significado absoluto, cuando lo único que hacen es advertirnos de algo que requiere nuestra atención. Si tenemos contacto íntimo con nuestro interior, donde tienen lugar estas sensaciones, podemos saber qué necesitaríamos para sentirnos mejor. Pero al apartarlas, nos apartamos de la parte de nosotros que sabe cómo podríamos remediar nuestro malestar. Perdemos contacto íntimo con nuestro mundo interior y con los demás. Evitamos intimar, porque la intimidad suscita esas sensaciones que no queremos tener.

Cuando crecimos, para protegernos en situaciones que percibimos como amenazantes, dolorosas o indeseables de algún otro modo, tensamos unos músculos u otros para interrumpir el flujo de las sensaciones producidas por esas situaciones. Con el tiempo la tensión se vuelve habitual y se constituye en un patrón de tensión. La tensión funciona como un filtro de nuestra percepción del mundo y de nosotros mismos. A través de este filtro percibimos lo que ocurre en el momento presente en función de nuestra experiencia en el pasado. Entonces no estamos realmente en la situación en la que nos encontramos, sino en el reflejo de alguna situación de nuestro pasado.  

Lo que nos atrapa en el pasado puede ser incluso un reflejo de situaciones traumáticas que nuestros padres o nuestros abuelos no lograron metabolizar en el contexto de las guerras y dictaduras en las que vivieron. Por naturaleza, cuando llegamos al mundo, nos sintonizamos con la tonalidad emocional de nuestros progenitores y cuidadores, con lo cual tendemos a adoptar enteros los mecanismos de defensa que les permitieron sobrevivir y también pedazos de imágenes y recuerdos de situaciones traumáticas que apartaron de su experiencia consciente. Sin embargo, carecemos de contexto en la propia experiencia y, ya sea por las propias dinámicas de las reacciones traumáticas o sea por los peligros inherentes al ambiente represivo de guerra y dictadura, debido al silencio que dominaba el ambiente familiar en casa, no tenemos palabras para verbalizar lo que sentimos, ni podemos pensar y reflexionar sobre ello, es decir, no podemos procesar ni metabolizarlo. Así tomamos como personales o pertenecientes al ámbito familiar muchas cosas que en realidad forman parte del entorno colectivo.

En las sesiones de DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos trabajamos con los patrones de tensión directamente en el cuerpo. En las sesiones presenciales usamos una intervención manual que nos permite tomar contacto con los espacios en el interior del cuerpo a los cuales habíamos perdido el acceso y que, como mucho, notamos cuando nos duelen. En las sesiones telemáticas usamos la palabra para dirigir la atención en la exploración de las relaciones entre los espacios interiores y los exteriores, entre el cuerpo y el mundo natural del cual somos  una parte.  Al sensibilizarnos hacia las formas físicas del cuerpo, exploramos también los contenidos emocionales y mentales de estas formas. Hay un diálogo sensorial y verbal que devuelve a la conciencia aquellas partes de la experiencia que no pudimos asimilar cuando éramos niños y que siguen interponiéndose en la experiencia del adulto.

Como practicantes de DFA ayudamos a la persona adulta a encontrar nuevos recursos y a desarrollar comportamientos alternativos, nuevas opciones. Traducimos lo que cuerpo y psique expresan para que la mente adulta pueda comprenderlo. En el proceso llega a ser posible reconocer registros de generaciones anteriores y restablecer los vínculos dañados por los traumas propios y heredados. Con la experiencia del apoyo disponible en el momento presente y de los movimientos de la respiración encontramos formas que nos permiten dejar las cosas del pasado en el pasado y orientarnos en el presente hacia donde queramos dirigirnos.

Cuando la persona adulta tiene el conocimiento sensorial y cognitivo que le permite identificar su patrón de tensión primario, momento a momento, tiene la posibilidad de ir más allá de las limitaciones del patrón y explorar otras opciones, sintiendo su cuerpo apoyado en el campo gravitatorio de nuestro planeta, descansando en los brazos de Madre Tierra. En ese momento puede estar presente, en contacto íntimo consigo misma, con otra persona y con el mundo entero. Entonces ese momento centellea, sea un momento difícil, un momento de dicha o un momento cualquiera.

© Brigitte Hansmann

www.dfa-europa.com

Practicante de DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos, autora de los libros Con los pies en el suelo y Respirar con árboles así como de numerosos artículos publicados en revistas y blogs, analista de patrones arquetípicos, traductora y estudiante y profesora del Dharma.

lunes, 23 de diciembre de 2019

Vencer las barreras del silencio

Hay un silencio que da acceso al propio ser interior y a la conexión con los demás. Si nos encontramos con otro en esta dimensión compartida, no hacen falta muchas palabras para entendernos. Pero para muchos es difícil transitar hacia este silencio, porque en el camino nos encontramos con otra clase de silencio, un silencio que aísla las personas, impidiendo el acceso a su propio ser interior y a un contacto profundo con sus congéneres, un silencio fruto de traumas y culpas inconscientes que se manifiesta con síntomas y enfermedades del cuerpo y de la psique, con actos fallidos, adicciones, fracasos y bancarrotas.

De las personas adultas en 1936 muy pocas quedan con vida. Muchas se llevaron a la tumba el relato de experiencias que no pudieron metabolizar, ya sea por la intensidad del impacto traumático, sea por los peligros inherentes a hablar de lo que sentían en el contexto de la represión bajo el régimen franquista, sea por haber participado en la rebelión contra el orden democrático del Estado de Derecho o haber cometido injusticias a la hora de defenderlo, sea por haber participado en la represión violenta de la disidencia, sea por creerse poseedores de un derecho superior al de otros, sea por la impotencia al haber sido testigo de la violencia y la injustica sin saber qué hacer para impedirlas y ayudar a las víctimas, o por haber mirado a otro lado para no ver lo que estaba pasando, o bien por haberse escondido para no tener que tomar partido.  Para metabolizar esas experiencias habría sido necesaria la palabra. Habría sido necesario poder compartir con otros lo que se siente, reconocer la culpa y la vergüenza por el daño que se ha causado,  admitir el derecho equivalente de otros, hacer frente al miedo y poner límites a la impunidad de la violencia y la injusticia, comprometerse en la convivencia con los congéneres, o negarse a participar en conductas contrarias al sentido de la propia ética.

En el contexto de la violencia  del régimen impuesto por los vencedores de la sublevación es de lo más comprensible que esas palabras -que habrían podido ayudar a metabolizar la experiencia y volver a restablecer un equilibrio interior- no pudieron ser expresadas. En la psique de los vencedores, de los vencidos y de aquellos que se alinearon con los vencedores de forma circunstancial lo no metabolizado se consteló como complejo autónomo por debajo del umbral de la conciencia. Allí permanece latente en tiempos de calma y en situaciones de estrés se activa, sobre todo, si la situación estresante guarda cierto parecido con la situación del trauma inicial. Así da lugar a repeticiones del trauma y a una variedad de síntomas. Mantiene la persona atrapada en las conductas rituales jerárquicas y territoriales de la parte más antigua del sistema nervioso que compartimos con los reptiles y dinosaurios, eclipsando aspectos mamíferos y humanos de su naturaleza. La condena a un exilio interior o exterior.1

Mientras esa primera generación no ha podido hablar de lo que vivieron, de lo que hicieron y no hicieron, de lo que sentían y pensaban, sus hijos se adaptaron a la vivencia de sus padres de un modo u otro. Aquello de lo que sus padres no pudieron hablar, en la segunda generación se convirtió en algo indecible2  porque, más allá de algunas anécdotas, los hijos no tenían acceso a las palabras que habrían hecho posible una representación verbal de los sucesos que sus padres mantuvieron en silencio pero que, aun así, marcaron su vida. La interacción entre padres e hijos quedó determinada por un silencio que encubrió contenidos con una elevada carga energética a la cual los hijos no pudieron sustraerse. Y no pudieron verbalizarla por falta de palabras capaces de representarlos. Así padres e hijos estaban aislados en el silencio, anhelando el contacto profundo inherente a su relación biológica, sintiéndose culpables por creerse malos padres y malos hijos por no ser capaz de entablar el contacto que consideraban que deberían ofrecer los unos a los otros, ligados por la carga energética de lo no dicho.

En la tercera y la cuarta generación el silencio continúa. Aquello de lo que en la primera generación no se podía hablar, lo que en la segunda era indecible, en la tercera y cuarta es impensable.3  Quedan sensaciones, sentimientos, imágenes inconexos con una carga energética que produce síntomas. Pero sin el conocimiento de las condiciones iniciales en las que esas sensaciones, esos sentimientos, esas imágenes tuvieron su origen, no es posible entenderlas. Nos creemos que se deben a cómo somos, a un aspecto oscuro, desconocido de nuestra personalidad o de nuestro carácter, o a enfermedades del cuerpo o de la psique que nos sobrevinieron de un origen desconocido. Mucha gente cree que se siente así por lo que otras personas hacen o no hacen, sin tener conciencia de que esas sensaciones y esos sentimientos están grabados en su cuerpo, y las otras personas, como mucho, las han tocado de un modo u otro.

La experiencia muestra que si reconocemos algunos de esos elementos que llegaron a nosotros desde las generaciones anteriores, podemos llegar a comprenderlos en el contexto en el que se originaron y dejar la carga energética con las personas a quienes les corresponde. Así no solo nos quedamos más libres sino que, además, podemos establecer un contacto profundo con nuestros padres y abuelos, incluso más allá de la muerte, porque el obstáculo que mantuvo el silencio se desvaneció. Entonces se puede restaurar el equilibro interior y recuperar la salud.

Vencer la barrera del silencio mientras los padres sigan con vida, puede significar sentir, en algunos casos por primera vez en la vida, una profunda conexión con ellos y la vida toda, o poder dejarlos libres para irse en paz, cuando les llegue el momento. Vencer la barrera del silencio antes de morirse puede significar sentir, en algunos casos por primera vez en la vida, una profunda conexión con los hijos y dejarles el legado más importante de la propia vida interior.

“No puedo decirle esto, le haría daño.” Movidos por el amor, a menudo, tanto padres como hijos quieren proteger al otro de un dolor que, de hecho, hace sufrir a ambos, a cada uno en su burbuja aislada del otro. Pero lo que importa no es el dolor sino el amor que los une. Compartir el dolor lo alivia del mismo modo que compartir la alegría la aumenta de forma exponencial.

“Tengo miedo de si le digo esto se enfadará.” El temor al conflicto mantiene a ambos en el aislamiento del silencio. Si existe el peligro de una reacción violenta, seguramente es síntoma de un trauma no resuelto o una culpa inconsciente y abordarlo de forma concienzuda y cautelosa puede rescatar la persona de su aislamiento. No puedo imaginarme cómo me sentiría si supiera –o sospechara- que mi abuelo o mi padre haya dedicado años de su vida a llevar a otros de paseo y haya dejado sus cuerpos tirados en la cuneta, si mi abuelo, mi padre, mi marido o uno de mis hijos se comportara de forma violenta contra otros, contra mí o contra sí mismo. Lo que sí sé es que necesitaría hablar con ellos de verdad. Aunque lo que se haya silenciado no sea tan extremo como este ejemplo, un intercambio significativo es posible únicamente si lo que se comunica es la verdad de lo que ocurrió, de lo que se hizo o no se hizo, de lo que se sintió, y si lo que se comunica es recibido de verdad.

Entonces ambas partes pueden compartir palabras y silencios que los unen, no solo entre ellos, sino con toda la vida en todas partes. Entonces el amor puede fluir.

¡Feliz Navidad y un próspero año 2020!

(c) Brigitte Hansmann
Análisis de Patrones Arquetípicos y DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos

www.dfa-europa.com

1 Miñarro, A. Identitat, exili i salut mental, en Miñarro, A. and Morandi, T.. Trauma i Transmissió, Efectes de la guerra del 36, la postguerra, la dictadura i la transició en la subjectivitat dels ciutadans, Barcelona, Fundació CCSM, Xoroi Ediciones, 2012, p. 155
Pijoan i Pintó, J. La reconstrucció en grup de llaços desfets, ibid. p. 141
3 ibid.

domingo, 20 de octubre de 2019

Una mente


Más que nunca, después de la sentencia del Tribunal Supremo de España en el juicio contra la mayoría de los miembros del gobierno de Cataluña -por haber cumplido el mandato por el cual fueron elegidos- y los líderes de las organizaciones sociales Omnium y ANC, el pueblo catalán se ha congregado en números enormes para expresar su rechazo de esta sentencia. La fuerza de todas esas personas que se juntaron en una mente el viernes 18 de octubre de 2019, el día de la huelga general, ha sido mayor que nunca. Las calles estaban atiborradas de gente, en algunos lugares tanto que apenas era posible moverse. Pero aun así, nos sonreíamos los unos a los otros y todo el mundo estuvo feliz de que éramos tantos. La sensación era la de ser un cuerpo, una mente, de verdad. No pude participar en los 100 km de la Marcha por la Libertad que en los días anteriores se dirigía a Barcelona desde cinco lugares distintos de Cataluña, pero las imágenes son impresionantes.
¿Quién tiene interés en que estas imágenes y la fuerza que transmiten pasen inadvertidas tras el espectáculo de barricadas en llamas? El Ministro del Interior español habla del movimiento independentista violento. Es como decir que el negro es una tonalidad de blanco más oscura. Algunos dicen que son jóvenes catalanes enfadados que construyen barricadas y queman contenedores de basura y otros materiales combustibles que encuentran por la calle, para dar salida a su frustración por la infructuosidad de los múltiples intentos de llegar a una negociación política con el Estado español y por las perspectivas de un futuro poco esperanzador en vistas del cambio climático, el deterioro ecológico y las condiciones laborales abusivos y pagas irrisorias, si es que logran encontrar trabajo.
Pero pocos de estos jóvenes tapan sus caras. Muchos de ellos siguen las consignas de la protesta no-violenta, haciendo lo que pueden para aislar individuos violentos. Por ejemplo, el jueves, 17 de octubre 2019 en Tarragona, Laura Solé y sus amigos siguieron a unos jóvenes encapuchados con la cara cubierta. Cuando estos se dieron cuenta de que les estaban siguiendo entraron en una portería e hicieron una llamada. Laura y sus amigos se quedaron delante en un intento de impedirles causar altercados. Al cabo de poco tiempo apareció un grupo de policías nacionales con sus armaduras y cascos y los atacaron con sus porras para dispersarlos. Mientras, los encapuchados salieron de la portería y detuvieron a Laura con un despliegue de mucha violencia. Ahora está en la cárcel, lo cual no es un procedimiento normal, ni siquiera en casos de los cargos de los que se la acusa injustamente.
El jueves, 15 de octubre de 2019, la primera noche de contenedores en llamas, a pocos metros detrás de la valla que mantenía los manifestantes a una manzana de distancia de la delegación del gobierno español en Barcelona:


Igual que yo, miles de personas estábamos sentados pacíficamente en el suelo con nuestras velas, escuchando las cartas de los presos políticos que habían sido sentenciados el día anterior. Cantamos e invocamos ¡Libertad! para ellos.
No había nadie que tenía la cara tapada o se movía como la gente que un poco más tarde empezaron a quemar contenedores un par de calles más allá. Por la forma de sus cuerpos y sus movimientos, a esta practicante de reconocimiento de patrones somáticos le parece que esa gente tiene el aspecto de policías o personal paramilitar. Desafortunadamente, algunos de los jóvenes enfadados debían de haber seguido su ejemplo.
La noche pasada, el sábado 19 de octubre de 2019, caminé por el Paseo Lluís Companys durante otra protesta más delante del Palacio de Justicia de Cataluña. Había sobre todo jóvenes, sentados en el suelo o de pie, cantando, hablando tranquilamente, invocando ¡Libertad! y otras consignas. No hubo ningún indicio de violencia. Más tarde esa noche, se fueron a otra plaza cercana. Tanto allí como en la calle delante de la comisaría de la policía nacional, grandes grupos de jóvenes manifestantes mantuvieron a gente violenta encapuchada con caras tapadas alejada de la policía. En dos lugares los encapuchados lograron amontonar y quemar un par de barricadas más. Lanzaron botellas, piedras y latas llenas contra los policías sobre las cabezas de los jóvenes manifestantes. Estos los pararon una y otra vez. Al final los encapuchados se fueron y los jóvenes celebraron una victoria. Algunos incluso se quedaron para barrer la calle. Es así como nuestros jóvenes se enfrentan a la violencia.

¡Por favor, apoyadlos en todas las maneras que podáis!
 

en inglés aquí


(c) Brigitte Hansmann
Reconocimiento de Patrones Somáticos
Análisis de Patrones Arquetípicos

viernes, 20 de septiembre de 2019

Una anàlisi arquetípica de l’objectiu independència

El poder de les paraules


Les paraules no només descriuen la nostra percepció de la realitat, també la creen. Un gran nombre de catalans reclamen la independència de Catalunya de l’Estat espanyol. Per justificat i comprensible que sigui el desig d’aquests catalans, mentre enfoquen l’objectiu independència, no hi ha gaire possibilitats d'arribar a bon port.

En primer lloc, la paraula independència no reflecteix el que volem realment els catalans que volem una república catalana. El que volem és sobirania, autodeterminació. És això el que hem de reivindicar. Si volem un pot de mel, hem d’intentar aconseguir un pot de mel. Si maldem per trobar un pot de melmelada de fruites cultivades a Vendelplà, és impossible aconseguir-lo, perquè  aquest lloc no existeix a la realitat.

Els fills s’independitzen dels pares, això és natural.  Per independitzar-se han de poder generar mitjans per finançar-se, han de valorar i agrair la vida i la cura que els pares els van donar i han de diferenciar-se d’ells, és a dir, han de fer valdre davant d’ells els seus objectius vitals, a diferència dels objectius que els pares tenen per a ells. Encara que, sent generosos en la interpretació del concepte, el primer i l’últim punt podrien ser aplicables, el d’enmig no ho és gens! Som capaços de generar els mitjans per autofinançar-nos i el projecte d’organització de la res publica catalana és ben diferent del d’Espanya. Però està clar que Espanya no ha donat la vida a Catalunya ni n’ha tingut cura, més aviat tot el contrari. En reivindicar la independència d’Espanya ens posem en una relació respecte a l’Estat espanyol comparable a la d’un fill respecte als pares. Però Catalunya no és fill, ni Espanya pare (ni molt menys mare)!

També les colònies s’independitzen dels estat que les van colonitzar. Una sèrie de fets farien encabir Catalunya dins la definició de colònia d’Espanya. Encara i així, des del punt de vista d’aquesta analista de patrons arquetípics, el reclam d’independència queda petit. Amb prou feines frega la superfície d’allò que volem.

Però la principal raó per la qual aspirar a la independència no pot portar-nos a bon port, és perquè no és possible ni desitjable. En un univers interdependent a totes les escales de magnitud, no hi ha cabuda per a res d’independent. La independència és un constructe mental sense correspondència a l’existència real. La solució  rau en tres lletres –t-e-r– que donen consistència i fluïdesa al  concepte d’independència per arribar a anomenar allò que és real: la interdependència.

Si som capaços d’inclinar-nos en reconeixement de la interdependència de tots el fenòmens, podrem aconseguir la sobirania i l’autodeterminació en la república catalana que desitgem, perquè aleshores estarem en consonància amb els camps de força major que regeixen el desenvolupament de la vida. El reconeixement de la interdependència és a l’arrel de molts aspectes característics de la identitat catalana: per exemple,  la creativitat de la gent de Catalunya, la seva capacitat d’integració d’altres cultures sense perdre la pròpia i la resiliència que els ha permès resistir tots els intents d’eliminar-la que els seus veïns han escomès al llarg dels segles. La coherència amb la realitat externa a gran escala i amb la realitat interna a petita escala, que resulta del reconeixement de la interdependència de tots els fenòmens, donaria a la intenció de crear una república catalana una força imparable que res té a veure amb l’onada destructiva creada per un terratrèmol. Aquesta coherència comporta una força creativa, constructiva i generativa que enriqueix la vida de tots.

El reclam es pot canviar fàcilment:  in – ter – dependència! Més difícil serà canviar el pensament i el sentiment de la gent d’on neix el càntic. Però precisament la tasca d’educació per fer entendre a la gent la importància d’invocar la sobirania i l'autodeterminació, que són pròpies del reconeixement de la interdependència, en comptes de corejar independència, generarà una força que nodrirà no només els que ja estem convençuts, sinó que n’atraurà d’altres que fins ara es miraven el moviment a favor de l’autodeterminació catalana amb escepticisme. Aquesta comprensió ens ajudarà a portar a terme els canvis necessaris tant a la vida interna de les persones individualment com en la vida pública i col·lectiva. Fins i tot podem arribar a ser punta de llança en els canvis urgents en el model de desenvolupament  que un grup de científics demana en un informe elaborat per les Nacions Unides per eradicar la pobresa i protegir el medi ambient.

El factor cohesiu que uneix les diferents agrupacions de la societat catalana en el seu reclam de sobirania i autodeterminació, de fet, és precisament el reconeixement de la interdependència d’on neix el nostre desig de crear una societat més justa. Només cal fer-lo explícit.

Mentre apuntem a la independència perseguim una quimera i soscavem el reconeixement de la interdependència que ens dona les forces necessàries per assolir el nostre objectiu real: la sobirania, l’autodeterminació. Enfocar la independència com  a objectiu és com tallar les nostres arrels dins la realitat que és interdependent. La interdependència ja la tenim, dona peu tant a la regularitat com a la creació de novetat en els processos de la natura. Les formes d’organització de la convivència humana no en són cap excepció. Celebrem-la, explorem les oportunitats que ens ofereix per crear la societat que volem, el món que volem, la forma de govern que volem, la forma de organització estatal que volem!

Brigitte Hansmann
Analista de patrons arquetípics i patrons somàtics i
diplomada en ciències lingüístiques aplicades

www.dfa-europa.com