domingo, 9 de marzo de 2014

Un sentido de ética universal


Un tema recurrente para todas las participantes de la Acción de Conciencia Concertada es la dificultad de posicionarse en relación a un conflicto que, más allá las diferentes formas de manifestarse, se reduce a una cuestión ética. Por una parte, las reglas de los diversos grupos a las que pertenecemos reclaman adherencia a sus postulados, a riesgo de exclusión en caso de oposición. Es lo que comúnmente denominamos conciencia, en el sentido de buena o mala conciencia. Solemos tener buena conciencia, cuando nos atenemos a las reglas del grupo, aunque supongan auténticas atrocidades desde el punto de vista de otros. Tenemos mala conciencia cuando las infringimos, aunque nuestros actos sean absolutamente coherentes con la función arquetípica que desempeñamos o la fase de desarrollo en la que nos encontramos. Una participante, por ejemplo, contó que, cuando tenía diecisiete años, se sentía incapaz de quedarse sentada delante de la tele los domingos por la tarde junto con sus padres y sus hermanos, y que tenía mala conciencia por sentirse así.

La tensión generada entre el impulso natural a su edad de salir de casa, por una parte, y la imposición paterna por otra, la hizo crecer y desarrollar sus capacidades de relacionarse con el mundo más allá de los mandatos de su familia. Aunque supuso una rotura en la relación con sus padres, sin ella, se habría quedado en un estado infantil, sin llegar a conquistar su lugar de adulto en el mundo social. Toleró la mala conciencia, no porque era mala como en su fuero interno temía ser, sino porque estaba sana e hizo lo que le tocaba hacer en esa fase de desarrollo de su vida.

En cambio, el hombre que mantiene su familia con los ingresos generados mediante la fabricación de complementos para misiles tiene la conciencia tranquila, aunque con su trabajo contribuya a la destrucción de la vida, los hogares y los medios de subsistencia de muchas personas. Al fin y al cabo está fabricando medios para que los buenos, nosotros, puedan defenderse contra los malos, ellos. El sentido interno de ética de este hombre no llega a inquietarlo porque no reconoce las señales que da para captar su atención y se sobrepone a cualquier amago de inquietud que pueda planteársele. Pero alguien en su entorno las capta, quiera o no, probablemente sin saberlo. Cuando hijos o nietos perciben las sensaciones relacionadas con el conflicto ético que sus padres o abuelos se esfuerzan por mantener apartado de su conciencia, suelen experimentarlo como algo propio. Suele ser una angustia, ansiedad, tendencia depresiva o auto-destructiva, inexplicable e inaplacable, que puede ser metabolizada sólo cuando la cuestión ética se afronta. aunque lo haga la nieta años después de la muerte de la persona cuyos actos entraron en conflicto con el sentido de ética universal. 

Siempre cabe la posibilidad de abstenerse de colaborar en esta clase de proyectos, pero ¿qué haces, si de tu decisión depende que puedas pagar tu alquiler y dar de comer a tus hijos? A lo largo de la vida de todos los seres humanos, hay ocasiones en las que nos vemos obligados a escoger entre adherirnos a las reglas establecidas por un grupo humano o seguir un sentido de coherencia interna que es inherente a nuestra naturaleza. Siempre es una elección difícil. ¿Cómo resuelves el conflicto si trabajas en una empresa que contamina, que fabrica o comercializa productos que son nocivos para quienes los usan e incluso para quienes están en contacto con los usuarios, que explota recursos naturales destruyendo hábitats de otros seres vivos, etc., y tienes una familia que mantener? ¿Qué haces cuando la conducta de tu superior entra en conflicto con tu sentido interno de ética? Es natural que quieras tener una buena relación con colegas, superiores, subordinados y clientes. El “whistleblower”, la persona que llama la atención sobre asuntos turbios, suele salir mal parada. ¿Qué haces? ¿Cómo resuelves la situación?

Practicamos poner la atención en el trozo del mundo en el que tenemos un mínimo de capacidad de decisión: el propio cuerpo. Buscamos la sensación del contacto entre el cuerpo y las partes sólidas del mundo que el cuerpo toca. Al caminar es el suelo, al quedarnos sentadas, además, es el asiento. ¿Cómo puedes estar en tu cuerpo para que la relación entre el cuerpo y el suelo y el asiento te ofrezca el máximo de apoyo y el mínimo de esfuerzo, para que los espacios en tu cuerpo estén óptimamente abiertas y la relación con los espacios abiertos a tu alrededor sea lo más fluida posible?

Aunque aparentemente no tomes posición, pronunciándote de un modo u otro respecto a la situación conflictiva, te ocupas de posicionar tu cuerpo para contar con apoyo físico en tu entorno y espacio para moverte con relativa libertad. De este modo, al menos, puedes encauzar el flujo de las emociones encontradas respecto a la situación irresuelta, sin quedarte inundada por ellas. Aunque el temor de perder el vínculo con el grupo por no participar en la situación ni oponerte a ella puede conllevar cierto grado de ansiedad o angustia, dispones de apoyo y espacio suficientes para tolerarlas con relativa calma.  Asi es más probable que reconozcas oportunidades de hacer o decir algo eficaz  para resolver la situación cuando se presentan. O la vida misma se encarga de resolverla, mientras tú te dedicas a mantener abierto el espacio en tu interior y alrededor.

Para una actividad humana coherente es imprescindible que hagamos uso de nuestra capacidad de acoger información global por cada una de las vías sensoriales de las que disponemos, sin dejarnos llevar por los patrones habituales que creamos en la fase inicial de nuestra vida, porque estos patrones interfieren con nuestra percepción de los sucesos y las situaciones del momento presente. Nos hacen reaccionar a ciegas con conductas automáticas a percepciones que tienen algún parecido con algún aspecto de la situación inicial; ni siquiera nos damos cuenta de haber reconocido ninguna similitud. (Respirar con árboles, p. 148)
Durante el paseo constatamos que los conflictos éticos de las participantes en sus respectivos trabajos reiteran dinámicas que tuvieron lugar en sus familias de origen de forma casi idéntica. Vimos el patrón primario de tensión habitual en la forma del cuerpo en relación al entorno físico, su plasmación en la vida actual en el trabajo y las relaciones íntimas y sus orígenes en las condiciones iniciales de la vida de cada una de ellas. Este patrón se crea bajo esas condiciones iniciales y, por tanto, está sujeto a las coordenadas arquetípicas de la situación en la que nacimos y crecimos. Esas coordenadas son comparables a la horizontal y vertical del campo gravitatorio. No cambiarán. Lo que puede cambiar es nuestro alineamiento en el campo demarcado por ellas. Si nacimos y crecimos debajo el dominio del padre negativo (en vez de proteger la vida, la consume y abusa de ella de forma violenta), por ejemplo, es ésta la condición inicial de nuestra vida. Al tomar conciencia de la forma en la que hemos organizado nuestra forma de estar en el mundo y comportarnos en la vida respecto al campo del padre negativo, podemos orientarnos de nuevo en relación con este campo e introducir pequeños cambios asumibles en la forma de mover y comportarnos que permiten encontrar una forma de organizarnos más acorde con el sentido interno inherente al ser vivo que somos.

Es sorprendente cuántas cosas se pueden reconocer prestando atención a las percepciones sensoriales, sin juzgarlas en función de lo que nos gusta o disgusta y sin dejarnos llevar por las emociones que esa valoración conlleva. Las formas análogas, imágenes, símbolos y relaciones en las que estas percepciones se reflejan, sirven para guiarnos hacia una actuación coherente con el sentido ético inherente a nuestro ser. La capacidad de analizar las formas reflejadas en el contexto objetivo de campos arquetípicos y de evaluarlas de forma crítica revela la dirección a tomar. El campo arquetípico de la función de un director de un hospital, por ejemplo, se caracteriza por cualidades, propiedades, tendencias, obligaciones y privilegios que son diferentes de los que son propios de la función de una enfermera. Según la fase de desarrollo de la persona, lo que resulta arquetípicamente coherente en un momento de la vida puede ser distinto de lo que sería coherente en otro.

En todo caso es necesario que los aspectos femeninos y masculinos de nuestra psique cooperen para lograr una conciencia integrada capaz de reconocer como propio lo que la conciencia patriarcal escindida suele proyectar sobre otros. Una vez que se comprende el principio, encontrar momento a momento la mejor forma de colocarse al respecto será cuestión de práctica. Cuanto más se practica, tanto más fácil se hace. Esto no quita que la decisión de orientar la conducta en el sentido interno de ética universal requiere el valor de estar dispuesta a arriesgar una pérdida de aceptación en el grupo social, cuando éste está dominado por un alineamiento negativo. En la generación de nuestros padres y abuelos esto podía poner en peligro la propia vida y la de los seres queridos. No podemos juzgarlos, pero para quedar libres de las ataduras que se transmitieron a través de las generaciones, debemos mirar e intentar entenderlos.

El taller del Día de la Mujer Trabajadora era extraordinario, porque no formaba parte del programa de paseos-taller de esta temporada. Hizo un día espléndido, casi de primavera.  Además, este año coincidió con el día del calendario lunar en el que el Príncipe Siddharta abandonó la vida lujosa del palacio para encontrar la verdad sobre el sufrimiento y una vía práctica para salir de él, cosa que al cabo de los años le convirtió en el Buda Sok Ga Mo Ni.O sea contamos con unas condiciones y unos antecedentes de lujo.

El 29 de marzo tendrá lugar el próximo taller paseo en el programa. Después quedan el 26 de abril, el 24 de mayo y el 28 de junio para terminar la serie programada.

Lecturas:
Hansmann B., Respirar con árboles, Ediciones Urano, Barcelona, 2013
Neumann E,. Psicología profunda y nueva ética, Alianza Editorial, Madrid, 2007

1 comentario:

  1. M'ha agradat molt llegir aquesta reflexió, hi han dues idees que porto temps considerant la possibilitat de que fossin certes i tu aquí parles d'elles amb la certesa de que són així. Una és que totes les persones ens trobem en disjuntives a la vida on podem ESCOLLIR ser fidels a la pròpia consciència o ser fidels amb la consciència de grup malgrat aquesta pugui vulnerar normes morals des d'altres perspectives i l'altre idea era que si es guanyen diners d’una manera que vulnera la dignitat d’altres persones és un aspecte que queda en l’espai energètic familiar i que tard o d’hora s’haurà d’afrontar perquè a nivell de família es pugui créixer. Moltes gràcies Brigitte :)

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