Barcelona, 1 de mayo de 2014
Sinceramente,
Realizar Flor - Brigitte Hansmann
Ayer por la mañana encontré estas palabras en mi corazón, esperando a que las escriba:
Dentro de pocos días será el cumpleaños de Buda Shakyamuni. A medida que esta ocasión feliz se va aproximando, este año, mi pensamiento vuelve una y otra vez sobre la Reina Maya y sobre el efecto que su muerte al cabo de poco tiempo después de dar a luz tuvo sobre la vida de su hijo.
En mi trabajo como practicante de reconocimiento de patrones somáticos con el Duggan/French Approach (DFA) y de análisis de patrones arquetípicos, tengo la oportunidad de observar los patrones generados por las condiciones iniciales de las vidas de mis clientes. Puesto que los seres humanos nacemos antes de que la gestación sea completa, esta continúa en la matriz de la familia, como lo expresa el biólogo Adolph Portman. Durante el primer año de vida, principalmente se desarrolla el hemisferio derecho del cerebro. Organiza la percepción sensorial y combina inmensas cantidades de bits de información sensorial para formar las imágenes que se convierten en el material que usamos para tejer la historia de nuestra vida, incluso antes de tener palabras para asociar significados con las experiencias reflejadas en esas imágenes. Durante este período el sistema nervioso del lactante continúa en red con el de su madre. El niño o la niña dependen de la capacidad de la madre de gestionar el flujo de sus propias sensaciones que le ayudan a cuidar de su hijo o hija de forma adecuada.
Cuando se da una separación prematura de la madre debido a enfermedad, muerte o cualquier otra circunstancia, el sistema nervioso protege al lactante contra el impacto pleno del trauma para asegurar su supervivencia, aislando los aspectos intolerables de la pérdida de conexión y manteniéndolos por debajo del umbral de la experiencia consciente. Por decirlo así, las partes del organismo ocupadas por esas sensaciones intolerables no participan en el desarrollo del resto del organismo y, de este modo, esas sensaciones permanecen para siempre subyacentes a las experiencias y decisiones durante el resto de la vida de la persona. Tarde o temprano, aflorarán de un modo u otro, brindando a la persona la posibilidad de integrarlas más tarde en la vida y recuperar esas partes del organismo, sacándola de su aislamiento. Invariablemente, esto se experimenta como algo perturbador y los seres humanos tendemos a querer evitarlo.
La maestra budista dijo una vez que el Buda Sok Ga Mo Ni de niño había sido tranquilo, muy estudioso y un poco triste. Parece altamente probable que la muerte de la Reina Maya pocos días después de dar a luz al Príncipe Shakyamuni tuviera que ver con su decisión posterior de abandonar su vida como heredero del trono para dedicarse a buscar una solución al sufrimiento humano.
Mi padre fue separado de su madre durante los primeros tres años de su vida, puesto que ella tuvo que ser hospitalizada debido a las complicaciones del parto. El mayor deseo de mi padre fue el de poder estudiar para convertirse en ginecólogo o, si esto no fuera posible, en ingeniero forestal, porque quería ayudar a asegurar que ninguna mujer tuviera que tener un parto tan traumático como su madre y quería cuidar de la naturaleza. Pero no tuvo la fortaleza necesaria para oponerse al mandato de su padre de hacerse cargo del negocio de la familia, tal como el Príncipe Shakyamuni lo había logrado. Pero educó a su hija en la conciencia de ser una con la naturaleza. Y su deseo continúa vivo en ella. No porque me lo haya inculcado de alguna manera u otra; la única cosa que me dijo jamás acerca de lo que quería que hiciera era que me aclarara acerca de qué quiero hacer en la vida y que me aplicara a encontrar una manera de llevarlo a cabo. Es una gran alegría para mí que mi trabajo como practicante de reconocimiento de patrones somáticos con el DFA y como analista de patrones arquetípicos cumple el deseo de mi padre, incluyendo el gran deseo que no logró llevar a cabo. Igualmente agradecida me siento por el ejemplo y las enseñanzas del Buda Shakyamuni y de la maestra por la gran guía que suponen para mi vida personal y profesional.
Nos cuentan que la mañana en la que el Buda Shakyamuni vio la estrella matinal y se iluminó, resistió los asaltos de Mara que intentó distraerlo de su claro propósito. Estoy segura que el deseo de fusión con lo femenino omni-abarcante, resultante del la interrupción prematura del estado natural en red con la madre durante el primer año de vida, y el terror resultante de esta disrupción fueron las principales armas de Mara. Pero el Buda no se dejó llevar por el deseo ni retrocedió ante el terror, sino que permaneció tranquilamente sentado, observando cómo se desplegaron las partes de su experiencia sensorial que emergieron de la oscuridad del inconsciente, alcanzando una comprensión de su propia naturaleza y la naturaleza humana en general. De este modo recuperó el acceso a la experiencia de sentirse parte del todo que se había interrumpido cuando su madre murió, pero esta vez con un sistema nervioso lo suficientemente maduro para poder integrar las partes que se habían quedado escindidas. Descubrió cómo relacionarse con el todo de tal manera que, en vez de sufrir, podría enriquecerlo en todas las maneras a su alcance. Encontró ochenta-y-cuatro mil maneras de reconocer el sufrimiento y sus causas y de enseñar que es posible ponerle fin y las vías para hacerlo.
Esto es lo que mi padre habría querido. En su vida, el trauma de la separación prematura de su madre en 1928-30 en Alemania fue seguido por otros traumas resultantes de abusos de poder en lo personal y en lo colectivo. A pesar de todo encontró a mi madre y la amaba. Soy el fruto de este amor. La vida siempre encuentra vías para resolver las dificultades que aparecen en su evolución. Los traumas de mis padres y abuelos tomaron forma en mi cuerpo y me dieron la oportunidad de resolverlos o, mejor dicho, de disolverlos, en vez de transmitirlos.
Me siento verdaderamente afortunada de poder seguir los pasos del Buda Shakyamuni. En la ocasión de su cumpleaños, quisiera expresar mi más profundo agradecimiento por la guía de la maestra en este camino. Desde el fondo de mi corazón quisiera dar gracias también a Annie B. Duggan y Janie French, por enseñarme su enfoque de reconocimiento de patrones somáticos, y a Michael Conforti, por enseñarme su enfoque del análisis de patrones arquetípicos. De todos ellos aprendo cómo relacionarme con el todo en una manera que, en vez de sufrir, me ayuda a dar lo mejor de mí para enriquecerlo de todas las maneras a mi alcance.
Muchas gracias a todos mis maestros, a los que nombro aquí y a los cuyos nombres y caras permanecen en silencio en mi corazón.
En mi trabajo como practicante de reconocimiento de patrones somáticos con el Duggan/French Approach (DFA) y de análisis de patrones arquetípicos, tengo la oportunidad de observar los patrones generados por las condiciones iniciales de las vidas de mis clientes. Puesto que los seres humanos nacemos antes de que la gestación sea completa, esta continúa en la matriz de la familia, como lo expresa el biólogo Adolph Portman. Durante el primer año de vida, principalmente se desarrolla el hemisferio derecho del cerebro. Organiza la percepción sensorial y combina inmensas cantidades de bits de información sensorial para formar las imágenes que se convierten en el material que usamos para tejer la historia de nuestra vida, incluso antes de tener palabras para asociar significados con las experiencias reflejadas en esas imágenes. Durante este período el sistema nervioso del lactante continúa en red con el de su madre. El niño o la niña dependen de la capacidad de la madre de gestionar el flujo de sus propias sensaciones que le ayudan a cuidar de su hijo o hija de forma adecuada.
Cuando se da una separación prematura de la madre debido a enfermedad, muerte o cualquier otra circunstancia, el sistema nervioso protege al lactante contra el impacto pleno del trauma para asegurar su supervivencia, aislando los aspectos intolerables de la pérdida de conexión y manteniéndolos por debajo del umbral de la experiencia consciente. Por decirlo así, las partes del organismo ocupadas por esas sensaciones intolerables no participan en el desarrollo del resto del organismo y, de este modo, esas sensaciones permanecen para siempre subyacentes a las experiencias y decisiones durante el resto de la vida de la persona. Tarde o temprano, aflorarán de un modo u otro, brindando a la persona la posibilidad de integrarlas más tarde en la vida y recuperar esas partes del organismo, sacándola de su aislamiento. Invariablemente, esto se experimenta como algo perturbador y los seres humanos tendemos a querer evitarlo.
La maestra budista dijo una vez que el Buda Sok Ga Mo Ni de niño había sido tranquilo, muy estudioso y un poco triste. Parece altamente probable que la muerte de la Reina Maya pocos días después de dar a luz al Príncipe Shakyamuni tuviera que ver con su decisión posterior de abandonar su vida como heredero del trono para dedicarse a buscar una solución al sufrimiento humano.
Mi padre fue separado de su madre durante los primeros tres años de su vida, puesto que ella tuvo que ser hospitalizada debido a las complicaciones del parto. El mayor deseo de mi padre fue el de poder estudiar para convertirse en ginecólogo o, si esto no fuera posible, en ingeniero forestal, porque quería ayudar a asegurar que ninguna mujer tuviera que tener un parto tan traumático como su madre y quería cuidar de la naturaleza. Pero no tuvo la fortaleza necesaria para oponerse al mandato de su padre de hacerse cargo del negocio de la familia, tal como el Príncipe Shakyamuni lo había logrado. Pero educó a su hija en la conciencia de ser una con la naturaleza. Y su deseo continúa vivo en ella. No porque me lo haya inculcado de alguna manera u otra; la única cosa que me dijo jamás acerca de lo que quería que hiciera era que me aclarara acerca de qué quiero hacer en la vida y que me aplicara a encontrar una manera de llevarlo a cabo. Es una gran alegría para mí que mi trabajo como practicante de reconocimiento de patrones somáticos con el DFA y como analista de patrones arquetípicos cumple el deseo de mi padre, incluyendo el gran deseo que no logró llevar a cabo. Igualmente agradecida me siento por el ejemplo y las enseñanzas del Buda Shakyamuni y de la maestra por la gran guía que suponen para mi vida personal y profesional.
Nos cuentan que la mañana en la que el Buda Shakyamuni vio la estrella matinal y se iluminó, resistió los asaltos de Mara que intentó distraerlo de su claro propósito. Estoy segura que el deseo de fusión con lo femenino omni-abarcante, resultante del la interrupción prematura del estado natural en red con la madre durante el primer año de vida, y el terror resultante de esta disrupción fueron las principales armas de Mara. Pero el Buda no se dejó llevar por el deseo ni retrocedió ante el terror, sino que permaneció tranquilamente sentado, observando cómo se desplegaron las partes de su experiencia sensorial que emergieron de la oscuridad del inconsciente, alcanzando una comprensión de su propia naturaleza y la naturaleza humana en general. De este modo recuperó el acceso a la experiencia de sentirse parte del todo que se había interrumpido cuando su madre murió, pero esta vez con un sistema nervioso lo suficientemente maduro para poder integrar las partes que se habían quedado escindidas. Descubrió cómo relacionarse con el todo de tal manera que, en vez de sufrir, podría enriquecerlo en todas las maneras a su alcance. Encontró ochenta-y-cuatro mil maneras de reconocer el sufrimiento y sus causas y de enseñar que es posible ponerle fin y las vías para hacerlo.
Esto es lo que mi padre habría querido. En su vida, el trauma de la separación prematura de su madre en 1928-30 en Alemania fue seguido por otros traumas resultantes de abusos de poder en lo personal y en lo colectivo. A pesar de todo encontró a mi madre y la amaba. Soy el fruto de este amor. La vida siempre encuentra vías para resolver las dificultades que aparecen en su evolución. Los traumas de mis padres y abuelos tomaron forma en mi cuerpo y me dieron la oportunidad de resolverlos o, mejor dicho, de disolverlos, en vez de transmitirlos.
Me siento verdaderamente afortunada de poder seguir los pasos del Buda Shakyamuni. En la ocasión de su cumpleaños, quisiera expresar mi más profundo agradecimiento por la guía de la maestra en este camino. Desde el fondo de mi corazón quisiera dar gracias también a Annie B. Duggan y Janie French, por enseñarme su enfoque de reconocimiento de patrones somáticos, y a Michael Conforti, por enseñarme su enfoque del análisis de patrones arquetípicos. De todos ellos aprendo cómo relacionarme con el todo en una manera que, en vez de sufrir, me ayuda a dar lo mejor de mí para enriquecerlo de todas las maneras a mi alcance.
Muchas gracias a todos mis maestros, a los que nombro aquí y a los cuyos nombres y caras permanecen en silencio en mi corazón.
¡Y muchas felicidades, Buda!
Sinceramente,
Realizar Flor - Brigitte Hansmann
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