viernes, 15 de abril de 2016

Vivir en conflicto con la gravedad ¿Qué significa?



¿La vida se te hace cuesta arriba? ¿Te sientes como si tuvieras que cargar con el peso del mundo? ¿Unos oponentes invencibles te impiden disfrutar de la vida? Si es así, lo más seguro es que vives en conflicto con el campo gravitatorio, es decir, tu cuerpo se mantiene en equilibrio a base de compensaciones y a fuerza de tensión. 

Para poder confiar el peso del cuerpo y de todo lo que te pesa al suelo, será necesaria soltar esas tensiones, revisar los puntos de vista que sujetan y orientarte en el espacio para poder moverte con el apoyo del planeta entero y con la libertad que reside en sentirte sostenido en lo más hondo de tu ser por el mundo material del cual formas parte. Así sabrás responder con conciencia a los retos que la vida te presenta en vez de reaccionar de forma automática, impulsado por el patrón de tensión habitual.    


Sesiones semanales en Barcelona: www.dfa-europa.com 

Sesiones puntuales en Cádiz: 27 - 29 de mayo 2016  
Las plazas son limitadas. Ponte en contacto con Rosa en el 678 07 73 75 para ver la disponibilidad.

martes, 2 de febrero de 2016

¿Cómo gobiernas el trozo del mundo que es tuyo, el espacio que ocupas con tu cuerpo?



Los reflejos de las condiciones iniciales de nuestra vida son como la sombra proyectada por un objeto que se encuentra entre la fuente de luz y la superficie en la que se proyecta. Nuestra conciencia tiende a quedarse absorbida por esos reflejos, porque en su día nuestro organismo se organizó para adaptarse a las circunstancias en las que se crearon. La parte encargada de regular las funciones de supervivencia no sabe del paso del tiempo y mantiene las formas que sirvieron para adaptarnos, aunque en el momento de vida actual sean desfasadas. No obstante, si aprendes a mirar a través de la sombra, puedes reconocer la realidad que se encuentra más allá de ella: aquí, más allá de la sombre de la cabeza, el pie y la playa.

Explora las luces y sombras organizadas en tu cuerpo y desarrolla nuevas formas de relacionarte con ellas, formas que reflejan la realidad actual de tu vida que te sirvan para llevarla en la dirección que quieras darle.


Sesiones semanales en Barcelona: www.dfa-europa.com 


Sesiones puntuales en Cádiz: 1 - 3 de abril 2016 Las plazas son limitadas. Ponte en contacto con Rosa en el 678 07 73 75 para ver la disponibilidad. 

 

martes, 5 de enero de 2016

Sesiones de DFA en Cádiz - 29 - 31 de enero de 2016

¡Aprende a soltar la tensión involuntaria que reseca tus tejidos y te atrapa en dinámicas que no te sirven!

Puedes tomar tres sesiones a precio reducido (190€) o dos sesiones o una al precio regular (70€). Las plazas son limitadas.


Ponte en contacto con Rosa en el 678 07 73 75 para ver la disponibilidad.

Para formalizar tu reserva tendrás que hacer efectivo el 50% del importe, o el importe entero si reservas una sesión única, antes del 15 de enero.

Vamos actualizando la página web del DFA con nueva información que esperamos te resulte interesante, por ejemplo sobre el proceso de las sesiones, sobre lo que lo distingue de otros métodos y sobre diferentes cursos de conciencia corporal: sistema nervioso y articulaciones. Estamos actualizando también las tarifas. Una vez iniciado el proceso de sesiones, conservamos los mismos honorarios hasta concluirlo. Aún estás a tiempo para conseguir la tarifa antigua. Si ya la tienes, no la perderás. Llama a Rosa para reservar tu plaza. No te lo pienses más.


 www.dfa-europa.com 

domingo, 20 de diciembre de 2015

Las manos de Alá, las manos de Buda, las mías, las de otros y las tuyas

Las manos de Alá


Una historia del sabio Nasrudin cuenta que una tarde, al caer la noche, Nasrudin pidió a su ayudante que se ocupara de los camellos, mientras él iba a montar la tienda para la acampada de la noche. A la mañana siguiente los camellos habían desaparecido.
-    ¿Qué hiciste anoche cuando te pedí que te ocuparas de los camellos? ¿No los ataste?- preguntó Nasrudin a su ayudante.
-    Hice lo que usted enseña, maestro. Siempre dice que hay que dejar las cosas en manos de Alá. Pues eso es lo que hice; dejé los camellos en manos de Alá.
-    Pero ¡si las únicas manos que Alá tenía para ocuparse de los camellos anoche eran las tuyas!- exclamó Nasrudin.



La otra noche, justo después bajar del avión y subir a la jardinera que lleva los pasajeros a la terminal, me di cuenta de que mi móvil no estaba en mi bolso. Me planteé bajar de la jardinera y volver a subir al avión para ir a buscarlo, pero decidí esperar hasta llegar a la terminal porque no quería que toda la gente tuviera que esperar por mi culpa.

En cuanto llegué a la terminal, avisé al personal de la compañía, pero me informaron de que el avión ya se había cerrado y que no se iba a poder hacer nada hasta la mañana siguiente. El hombre me pidió la tarjeta de embarque para tomar nota del asunto. Allí me di cuenta de que no sólo no tenía el móvil sino que también se había quedado en el avión el portadocumentos con las tarjetas de embarque, mi pasaporte, una factura con mi nombre y mi dirección y recibos de gastos varios. En el avión tenía el bolso junto a mis pies. En vez de introducir el portadocumentos y el móvil en el bolsillo exterior del bolso, los debí de meter entre bolso y pared –tenía un asiento de ventanilla- y se debían de haber desplazado entre asiento y pared durante el viaje. Porque al disponerme a bajar del avión no había nada a la vista.




El empleado en la ventanilla de la compañía me dijo que me avisarían si se encontraban mis pertenencias. Su actitud y el modo en el que formuló la frase –si se encontraban- me molestaron un poco, pero me fui a casa con la convicción de que al día siguiente me iban a mandar un mensaje para avisarme de que podía ir a recoger mis cosas… igual que el ayudante de Nasrudin.

No recibí ningún mensaje y, al llamar yo, sólo llegué a una grabación que sugirió que mandara un correo electrónico. Mandé el correo y recibí otra respuesta automatizada. Fui al aeropuerto para hablar con personas, y nada. Un par de días más tarde mi marido se iba de viaje y lo acompañé al aeropuerto para hacer la denuncia del extravío de mi documentación y mi móvil. El guardia hizo una llamada y me informó de que podía recoger mi pasaporte en la oficina de la Policía Nacional justo al lado, pero de todo lo demás no había ni rastro. Si me hubiera quedado esperando a recibir un aviso de la compañía, todavía estaría indocumentada.

Las manos de Buda
Aun aliviada por haber recuperado el pasaporte, me siento robada. Tanto la persona que encontró mis cosas como la compañía para la que trabaja tenía toda la información necesaria para devolvérmelas, pero eligieron entregar nada más que el pasaporte –sin avisar además- y quedarse con el resto. Está claro que las únicas manos que Buda tenía para salvaguardar mis cosas eran las mías –es que yo pienso y siento más en términos de Buda que de Alá. Pese a constituir una parte de la vida toda, igual que yo, en vez de honrar esta conexión, de cultivarla, alegrarse por tenerla y celebrarla, esas personas se pierden lo más maravilloso de la vida. Están hundidas en una existencia miserable. …y como ellos, muchos otros. ¡Qué pena!

Practico prestar atención a lo que hago, cuando lo hago, y no dejar en manos de otros lo que debo hacer yo. Aun así, no siempre lo logro. A veces no cierro bien la puerta del lavabo y se nos escapa el calor generado por la calefacción; a veces me olvido de apagar el rúter cuando me voy y sigue gastando electricidad inútilmente; a veces pierdo la paciencia y me vuelvo intolerante; hoy mismo me colé en una cola porque la persona que tenía el turno no se movió para tomarlo – y tampoco le di mucho tiempo para hacerlo. Luego me sentí mal por haber actuado así y, perdida en recriminaciones, me olvidé el secador en el vestidor de la piscina. En fin, no me queda otra que arrepentirme de mis faltas, aplicarme a hacerlo mejor y, una y otra vez, procurar que mis manos hagan el trabajo de Buda.




Las mías
Igual que todo ser humano he desarrollado una forma, típicamente mía de moverme en la vida y de ocupar el espacio en el mundo, que conozco como “yo”. Tras treinta y tantos años, más de la mitad de mi vida, investigando los procesos que intervienen en la creación de los patrones habituales que rigen el movimiento y las posturas de ese “yo” así como las posibilidades de desarrollar un margen de libertad alrededor de esos patrones, no deja de asombrarme hasta qué punto la experiencia, que vivo como íntimamente “mía”, está sujeta a dinámicas colectivas.

Es imposible abstraerse de ellas. Lo que es cada uno forma parte de la trama y urdimbre de la vida en la sociedad y la naturaleza. Estamos entretejidos en los sucesos de cada día a todos los niveles. Lo que sucede en el mundo, desde las condiciones atmosféricas hasta la política internacional, tiene un efecto sobre nuestra vida interna, tal como nuestra vida interna tiene un efecto sobre lo que sucede en el mundo. Cada uno tiene un trozo del mundo que gobierna.

En este trozo del mundo que ocupo yo con mi cuerpo, momento a momento, intento crear una alternativa espaciosa, jugosa, deliciosa y exquisita a las dinámicas colectivas que mantienen el mundo en un estado de alta presión y conflicto. Momento a momento, me aplico a reducir la presión y a calmar el conflicto en mi cuerpo a través de mi movimiento y el modo de relacionarme con las personas y los demás aspectos del mundo con los que entro en contacto. Igual que oriento mi cuerpo en relación con la fuerza gravitatoria para que me sostenga y pueda moverme con el máximo de apoyo y el mínimo de esfuerzo, me oriento en relación al campo de fuerza del colectivo humano para que mi presencia pueda aportar paz, honestidad y generosidad al mundo del cual soy una parte.

Aprender a gestionar el flujo de las sensaciones que transcurren en todo momento en el cuerpo para crear una vida feliz e interesante es la base de mi profesión como practicante de DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos. Es un privilegio poder acompañar a personas estresadas, enfadas, dolidas, heridas, desanimadas, desesperadas, traumatizadas, deprimidas, angustiadas, ansiosas, desorientadas, solas, aisladas, presas de la violencia propia y/o ajena, hartas de la corrupción y de la codicia propia y/o ajena, que están dispuestas a encontrarse con las formas en las que encarnan lo que les pasa… para ayudarles a encontrar una vía que les sirve para tomar las riendas de su vida, para descubrir todo lo que tienen, para disfrutarlo, desarrollarlo, y emplearlo bien en su beneficio, que después resulta es el beneficio de todos, para crear relaciones satisfactorias, para ayudarles a sanar sus heridas, a cubrir sus carencias y a gestionar el flujo de su sentir, para salvaguardar su salud y recuperarla, en la medida de lo posible, cuando la hayan perdido.

Las manos de otros
Dejar en manos de otros las decisiones necesarias para crear la vida que queremos sería tan iluso e inútil como lo que hizo el ayudante de Nasrudin al dejar los camellos en manos de Alá sin usar las suyas.

Las tuyas
Si usas tus manos para crear la vida que quieres, te agradezco esta aportación al total de felicidad en el mundo incluyendo la mía. Si quieres aprenderlo, usa tus manos para llamarme o escribirme un mensaje. Si conoces a alguien que quieres que lo aprenda, dile cómo puede ponerse en contacto conmigo.




¡Para las fiestas de navidad y año nuevo te mando mis mejores deseos!



Sesiones individuales de DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos

Sesiones semanales en Barcelona: 606 67 64 36
Semana intensiva de tres sesiones
  • En Barcelona: 606 67 64 36
  • En Cádiz: 678 07 73 75  (29-31 de enero 2016)
DFA Reconocimiento de Patrones Somáticos en grupo
Taller en el Midline Institute de Barcelona
5, 6 y 7 de febrero 2016

sábado, 7 de noviembre de 2015

Cuándo tu cuerpo te avisa de algo que no está bien ¿cómo puedes llegar a entender lo que te está intentando comunicar?

¿Qué puedes hacer al respecto?

La relación entre las partes del cuerpo involucradas en el malestar y el suelo te revela pistas que te ayudan a entender qué, exactamente, te hace sentirte mal. Te enseña cómo empezar a ponerle remedio, incluso cuando parece que no haya nada que puedas hacer al respecto. Descubrirás que eres capaz de mucho más de lo que te habrías imaginado jamás, si cuentas con el apoyo del suelo.

Te propongo un experimento para hacerte una idea:
Pide a una persona que empuje tus hombros hacia abajo, sin tirarte hacia atrás ni hacia adelante. Saca pecho como un héroe, como si con todo tu cuerpo quisieras demostrar que eres de lo más fuerte, el rey o la reina del mambo. Lo más seguro es que la presión ejercido por la persona que empuja tus hombros quebrará tu compostura sin que tenga que esforzarse mucho.

Si encorvas los hombros sobre un pecho hundido, la presión te aplastará.



Intenta imaginarte el eje central de tu cuerpo y descansa en la medida de lo posible en lo que eres como ser vivo y en el mundo del cual eres una parte. Por más fuerte que empuje la otra persona, sentirás cómo creces bajo la presión.


¿Cómo abordas un asunto que te revuelve las tripas con sólo pensar en ello? Sentirlo te pone enfermo y, si no lo haces, te pones seriamente enfermo. Tu cuerpo es la única posibilidad que tienes de hacer algo eficaz en tu vida, en el mundo. Es importante que lo cuides y atiendas sus necesidades. Por más dolorosas que sean algunas de las cosas que pasan en el mundo, por más impotente que te sientas frente a ellas, por más rabia que te den y por más terroríficas que sean, siente la conexión que existe entre tu cuerpo y su entorno, al dejar tu peso ser sostenido por el suelo y el aire penetrar en lo más hondo del ser vivo que eres. Conectados con el suelo por debajo de nuestros pies y con el espacio abierto a nuestro alrededor podemos, uno a uno, hacer que las cosas vayan mejor, cada uno a su manera en los ámbitos a su alcance.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Enfocar un punto ciego: la fábrica de pólvora de Düneberg - Siguiendo la pista de la historia

auf deutsch hier                                              In English here

En uno de los paseo regulares del círculo para el fomento de un museo de industria en Geesthacht, mi ciudad natal,  Förderkreises für ein Industriemuseum Geesthacht, aprendí mucho sobre la historia de la fábrica de pólvora de Düneberg, un barrio de mi ciudad. Fue inmensamente interesante. Había ido expresamente desde Barcelona para asistir. El tema era "Pólvora alemana para el mundo". Es muy posible que la pólvora que costó la vida a muchos catalanes y españoles haya sido fabricado en esa fábrica.

En los últimos años diversos sucesos me mostraron que la fábrica de pólvora era un punto ciego en mi vida y que convendría averiguar más sobre ella. Tengo la sensación de haberme sumergido este fin de semana en raices muy profundas de mi vida que me proporcionan fortaleza, resistencia y alimento para el espíritu y el alma. Mientras se hundieron en el olvido emanaban emociones como vergüenza, miedo, rabia y culpa. Tan sólo cuando logré soltar un poco el nudo en mi estómago, que está allí desde mi más temprana infancia, llegó a ser posible nombrar esas emociones y cuestionarlas y descubrir indicios acerca del contexto de sus orígenes. Con frecuencia aparecían sin motivo aparente o ocasionado por sucesos que no cuadraban con la intensidad con la que se presentaban. Pertenecían a un patrón que se repetía una y otra vez, causaba efectos negativos en mi salud y bienestar e interfería en lo profesional tanto como en lo privada. El trabajo con el reconocimiento de mis patrones reveló pistas que me llevaron al terreno de la fábrica de pólvora, cuando me enteré de que mi abuelo había sido oficial de guardia allí durante la segunda guerra mundial. Su comportamiento en los años posteriores puso de manifiesto que no había logrado asimilar lo que sea que vivió en cumplimiento de esa función. Él reprimió lo que sentía y yo lo absorbí a través de sensaciones directamente de cuerpo a cuerpo, mente a mente, de forma automática, sin saberlo, porque la naturaleza humana es así.

Durante el paseo oficial por la mañana se trataba de los edificios que siguen en pie y otros que ya no existen.


 

Aquí vino un recuerdo de mi propia vida: en este patio recibí mi primer beso de amor de un tal Carlos del cual no recuerdo nada más. Los edificios son de la administración de la fábrica. De esto no tenía ni idea hasta el día del paseo. Tampoco sabía que el instituto donde hice el bachillerato había sido el local de abastecimiento para los trabajadores de la fábrica. Me enteré de ello en un libro de historia que heredé mi padre.

 

El referente, Jochen Meder, nos contó muchas cosas sobre cada uno de los edificios, tanto sobre los existentes como sobre los que ya no están, sobre los procesos de producción y muchas cosas más. En este edificio, que tenía algo que ver con el abastecimiento de energía de la fábrica y que después de la guerra fue centro de recogida de chatarra para los pagos de reparación a Inglaterra, ahora se aloja un café y local de eventos con tienda de artesanía. En el marco de la celebración del 800 aniversario de Geesthacht y de las Jornadas de Alfred Nobel en diciembre del 2016, allí voy a dar una charla sobre cómo reconocer las huellas de la historia en el propio cuerpo y cómo aprender de ellas a tratar de forma amorosa a uno mismo y a otros, a proteger y cuidar la salud, la propia, la de nuestros sucesores y la de la naturaleza en general, a ocuparnos, en el margen de nuestras posibilidades, de curar las heridas que nuestros antecesores dejaron abiertas... en fin, a crear una vida satisfactoria y feliz.

 

La perla, el edificio de los altos rangos de la administración y vivienda del director. Más tarde, en los años 70, cuando yo ya me había ido de Geesthacht, allí se instaló un colectivo de artistas.

Por la tarde con la presidenta del círculo del fomento, Ulrike Neidhöfer, hice el segundo paseo, que se puede hacer por encargo, y que fue la parte más importante para mí, porque en estos caminos acompañaba a mi abuelo en sus paseos. Hace tan sólo un par de años que descubrí que mi abuelo había sido oficial en la guardia de la fábrica porque encontré una foto de él en uniforme de oficial de la Wehrmacht. Yo pensaba que no había luchado en la guerra. En mi familia nunca se había hablado de ello, al menos no delante de mí. Pregunté a una tía, la única que todavía vive con unos pocos conocimientos sobre lo que había pasado, porque era una niña en aquellos años.


Aquí encontramos los edificios bombardeados que recordaba de mi infancia y adolescencia que siempre había tomado por búnkeres. Ahora descubrí que fueron prensas, tornos, estaciones de transfer, almacenes de munición...



Desde hace muchos años practico, mientras espiro, soltar cosas que mi cuerpo sujeta con tensión involuntaria. La respiración es regulada por la misma parte autónoma del sistema nervioso que el tono de los tejidos, la tensión involuntaria de nuestros músculos. La espiración es un movimiento de relajación; aquí los músculos que han trabajado durante la inspiración se sueltan. Si te concedes tiempo para descansar realmente hacia dentro, puedes sentir el apoyo del suelo en lo más hondo de lo que eres como ser vivo, es decir, puedes dencansar en lo más hondo de tu propio ser y en el mundo material del cual todos somos una parte.




Fue así que descubrí las pistas de la historia en mi cuerpo porque cuando logro soltar un poco de tensión involuntaria suele aflorar algo de información. Sólo hay que aprender a entender esa información y encontrar su contexto. Cuando das en el blanco, la tensión se suelta. Parece como si el cuerpo sujetara recuerdos y sensaciones que quieren ser sabidas y conocidos. Cuando el mensaje ha llegado, el mensajero puede descansar. Entonces puede ser vinculado con la experiencia consciente y llega a ser posible sacar conclusiones, reconocer contextos, comprender la conducta de otros y uno mismo, ocuparse de asuntos que llevan tiempo esperando a que alguien se ocupe, a veces desde hace generaciones, a que se encuentren soluciones o, al menos, reconocimiento.


No hablábamos mucho, cuando acompañaba a mi abuelo en sus paseos en estos terrenos. Tenía 5, 6, 7 años. La mala sensación siempre estuvo allí, en mi vientre. Nunca se me habría ocurrido relacionarla con él ni con nadie. Pensaba que se debía a que había algo en mí que no era como debía. Pero no me atreví decírselo a nadie. Simplemente me esforzaba para ser lo que me parecía normal.



Cuando intento imaginarme cómo se debía de sentir la gente entonces, cuando se fabricaba la pólvora allí, gente que trabajaba allí deliberadamente, felices de poder ganar un sueldo, y otros que llegaron allí como trabajadores forzados, traidos a la fuerza de territorios ocupados, estoy segura que los esfuerzos para dominar lo que sentían y los nudos en el estómago eran del orden del día. No puedo imaginarme realmente cómo debía de ser para mi abuelo hacer de guardia allí. He visto documentales y películas sobre las dos grandes guerras y el Tercer Reich. Al combinar lo que vi en la pantalla con el silencio que pesaba toneladas sobre mi infancia y adolescencia, vislumbro un leve atisbo de aquello de lo que nadie quería hablar. No me extraña que mi abuelo no quisiera contarle nada de todo ello a una niña pequeña. No me extraña que nadie quisiera pensar en ello y que todos quisieran dejarlo atrás cuanto antes y orientarse hacia el futuro.

 

Pero cómo se puede construir un futuro sin asimilar lo que sucedió? Cómo se puede asimilar algo de lo que no se quiere hablar, en lo que no se quiere pensar? Cuanto más uno se esfuerza por apartarlo de la conciencia, la tensión que se utiliza para hacerlo, lo sujeta. Aunque sea cierto que uno ya no lo siente directamente, por debajo del umbral de la conciencia sigue quemando lentamente. Las personas han hecho un esfuerzo por dominar lo que sienten y han logrado sobreponerse al horror. Creen que lo han dejado atrás. Lo cierto es que lo llevan consigo continuamente. Puesto que ya no se reconoce como algo propio, ya sólo se ve la sombra de ello que cae sobre los demás. Se proyecta en otros lo que no se tolera en uno mismo.


Los niños pequeños son inmensamente sensibles. Sienten incluso aquello que los adultos lograron dominar con su esfuerzo, lo que acolchan con un exceso de comida, lo que ahogan en alcohol o intentan anestesiar por otras vías. Los niños lo sienten en su propio cuerpo, sin la más mínima posibilidad de entender que lo que sienten, en realidad, son sensaciones que sus padres y otros adultos en su entorno no toleran. En realidad todos somos así de sensibles, no sólo los niños. Recuerde cómo se sentía cuando estuvo al lado de alguien que estaba enfadado, o triste, o alguien que tenía miedo. Realmente lo podemos sentir en el propio cuerpo. Se llama empatía. Algunas personas tienen más que otras. Personalmente creo que algunas personas se permiten ser más empáticos que otros. Algunas personas simplemente no toleran sentirse a sí mismas, ni mucho menos a otros.  




El nudo en mi estómago se ha soltado bastante. Tuve una semana bastante estresante después de volver de Alemania, pero el nudo ni se ha dejado sentir. Estuve muy tranquila frente a cosas que normalmente me habrían puesto más nerviosa. Creo que logré dejar una buena parte de la tensión antigua de mi infancia allí en el bosque o, como mínimo, ha cambiado la forma en la que se manifiesta.


Gracias al  Förderkreises für ein Industriemuseum Geesthacht muchos edificios de la ciudad ahora están protegidos como monumentos históricos y muchos de los documentos que no fueron destruidos se recogen. La creación de este museo tiene una gran importancia. Para muchos es un tema desagradable y no quieren que nada se lo recuerde. Probablemente sea por esto que resulte tan difícil convencer a la administración pública competente y, en el caso de la fábrica de dinamita del Krümmel, la empresa sueca Vattenfall, a que restauren la antigua torre de agua para instalar allí ese museo antes de que se pierdan todavía más cosas. Aunque se trate de un tema explosivo y probablemente embarazoso, es especialmente importante conservar la memoria, porque aquello de los seres humanos no quieren recordar, lo repiten.





Manejarse con las emociones que afloran en el proceso de descubrir un punto ciego y enfocarlo es cosa que se puede aprender. Si permanecen en el cuerpo por debajo del umbral de la conciencia siguen quemando lentamente hasta que se convierten en focos de enfermedad. Incluso cuando ya se declaran en forma de síntomas, es curativo y da alivio poder dejar con las personas a quienes pertenecen las emociones que absorbimos de las generaciones anteriores a través de sensaciones, cuerpo a cuerpo, mente a mente . Al ver esas sensaciones en el contexto mayor de sus antecedentes históricos personales y colectivos, muchas cosas se entienden de otro modo y llegan a calmarse.



No se trata aquí de buscar en otros la culpa de lo que uno mismo siente ni de rechazar la propia responsabilidad. Todo al contrario, se trata de tomar las riendas de la propia vida y de asimilar lo que está en nuestro poder asimilar, independientemente de si son sensaciones propias o sensaciones absorbidas de otros. Se trata de aprender a distinguirlo. Las sensaciones tienen la función de avisarnos de nuestros deseos y necesidades y su grado de satisfacción. La satisfacción de deseos y necesidades egoístas como mucho dan una satisfacción o un alivio momentáneos. Lo único que sirve es la verdad, que quiere ser conocida. La verdad es que todo lo vivo pertenece a la misma familia. Lo que hace daño a otros, crea sufrimiento. Lo que es bueno para el conjunto, crea bienestar.


Aunque esta farola ya no alumbre ¡que la luz de la conciencia ilumine la acción de los seres humanos para que la fabricación de armas, municiones y toda clase de productos dañinos sea cesado en seguida en todo el mundo! Los árboles generan el oxígeno que necesitamos para vivir. Muchas personas crean cosas que necesitamos para vivir bien. ¡Actuemos de tal manera que ayude a otros vivir también bien para que podamos estar a gusto todos juntos!

lunes, 31 de agosto de 2015

La tensión, el agua y las huellas de la historia

in English her                                   auf Deutsch hier
Últimos días de agosto… el póster sobre el exceso de tensión involuntaria y el agua que mantiene los tejidos del cuerpo flexibles y elásticos está con el diseñador gráfico… la exploración de las huellas de la memoria histórica en el cuerpo, el fin de semana pasado, reveló a los participantes raíces que penetran profundamente en la Tierra, alimentan cuerpo y alma y ayudan a abordar asuntos, personales y ancestrales, pendientes de resolver y a soltar otros que realmente no les atañen. 

Antes de ir a Washington el 17 de septiembre a presentar el póster en el Congreso de Investigación de Fascias, iré a mi ciudad natal en el norte de Alemania, Geesthacht, a participar en un paseo histórico por los terrenos de la fábrica de pólvora que hubo allí hasta 1945. El título: “Pólvora alemana para el mundo”, organizado por el círculo para el fomento de un museo de industria de Geesthacht, del cual soy miembro.


Se trata de seguir la pista de unas huellas de la historia en mi propio cuerpo. Hace un par de años aproximadamente descubrí que mi abuelo había sido oficial de la guardia de esta fábrica. No lo fue de forma voluntaria. De negarse, le habrían hecho la corte marcial y seguramente le habrían fusilado por alta traición. Pero hasta hace poco no sabía nada de todo esto. Había visto su foto en uniforme de la Wehrmacht en alguna ocasión anterior, pero no sabía nada sobre cómo había participado en la guerra, es más, me parecía que no había participado. Era un punto ciego. Por suerte una tía, en base a sus recuerdos de infancia, supo contarme por qué mi abuelo llevaba ese uniforme.

A partir de ahí empecé a entender una serie de sucesos en mi familia en un contexto más amplio y se formó una imagen, como cuando las piezas de un puzzle encajan. A menudo había paseado con mi abuelo por los bosques donde se ocultaba esa fábrica. No recuerdo que me contara nada de los búnkeres bombardeados ni de lo que debió de haber vivido en esas mismas rutas unos años antes. De todas maneras, yo estaba mucho más interesada en saber cómo se llamaba ese árbol, aquella hierba, ese pájaro… Esto sí me lo contaba. Seguramente no le preguntaba por lo otro porque sentía que tocaría algo de lo que no estaba dispuesto a hablar. Lo que recuerdo más que nada, es el silencio que hubo entre nosotros. No fue un silencioso cómodo. Pero esto no lo sabía entonces. Era lo normal. Era un silencio que pesaba toneladas.

De hecho, en cuanto pude, me fui a más de 800 km de mi ciudad natal a estudiar Ciencias Lingüísticas Aplicadas y a más de 2000 km al acabar la carrera. Necesitaba distancia para ganar perspectiva… y otra profesión que me ayudara a entender lo que pasaba entre mí, mi familia, mi país y el mundo. Es gracias a esta profesión, el Duggan/French Approach (DFA) para el  Reconocimiento de Patrones Somáticos que reconozco el puño que puedo sentir aun hoy, ahora mismo, en mi estómago como el mismo puño en el que mi abuelo sujetaba y comprimía al mínimo espacio posible todos los sentimientos que no se podría permitir tener como vigilante de los trabajos forzados de personas capturadas en los países ocupados y prisioneros del campo de concentración cercano que trabajaban allí para fabricar la pólvora que costaría la vida y la integridad física de tantas personas en todo el mundo. La impotencia ante el abuso y la injusticia traumatizan al testigo tal vez no de la misma manera que a la víctima, pero igualmente de forma indeleble. Y si no se atiende se convierte en caldo de cultivo de repetición.

Lo mismo es cierto en el ámbito familiar. La niña que ve cómo su padre, de forma absolutamente arbitraria e injusta, da una paliza a su hermano y cómo su madre atemorizada no se atreve a proteger a su hijo de la violencia del padre siente la misma clase de impotencia y terror que cualquier persona ante la violencia organizada del terrorismo, de la índole que sea: estatal, fundamentalista, económico, criminal, de oposición extraparlamentaria, en la televisión y el cine, de chicos y chicas en el colegio convertidos en acosadores por los traumas no resueltos de sus mayores y antepasados, o de colegas que acosan a otros en el lugar de trabajo.

Cincuenta refugiados muertos en un camión frigorífico, veinte asfixiados en la bodega de un buque, naufragios casi a diaria, una avalancha de miles de refugiados cada día… Es otra guerra, son otros los que la hacen. ¿Pero son otros realmente? Creo que nadie puede ver las noticias sin sentir el mismo puño en el estómago que mi abuelo en el intento de dar el mínimo de espacio posible a la impotencia y el terror ante la escalada del sufrimiento manifiesto en todas esas personas. Es en nuestra naturaleza ser receptivos para el estado emocional de los demás. Somos compasivos y solidarios por naturaleza. Quien no lo siente, es porque sin darse cuenta tensa sus músculos para interrumpir el flujo de la información sensorial que no tolera. Debajo del umbral de la conciencia el miedo a esas sensaciones crece y cría más violencia y más victimismo.

¿Qué hacemos? Por más impotente que me sienta ante todo eso, lo que sé hacer es relacionarme con ese puño:

-    buscar momento a momento la posición de mi cuerpo en el que pueda sentir el suelo por debajo del puño para enseñarle la posibilidad de apoyo de una fuerza mayor (la gravedad, el campo de fuerza de Madre Tierra)

-    siguiendo la dirección del movimiento de espiración, entrar en el epicentro de lo más estrecho del puño y reposar allí, para tomar sin temor ni resistencia el sostén de la Tierra que está disponible en todo momento incluso en ese estrecho lugar donde se agolpa una multitud de sentimientos difíciles, para dejarlos fluir, uno a uno, y dejar lugar a lo siguiente

-    con el apoyo del suelo, esperar a que el movimiento de la inspiración se inicie en ese lugar y lo expanda

-    dar tiempo al movimiento de expansión de la inspiración hasta que sienta que expande todo mi cuerpo desde el epicentro del puño hasta la superficie, desde la coronilla hasta los pies, en ambos lados, tanto delante como atrás.

-    soltar el aire de nuevo y entregar todo el peso al suelo, el peso de mi cuerpo y el de todo lo pesado… entrando de nuevo en el epicentro de lo más apretado del puño, que ahora ya lo es un poquitín menos… y sentir la impotencia ante la envergadura del sufrimiento, la rabia con todos aquellos que por ignorancia lo crean y el terror a su violencia, en fin, todos esos sentimientos que el puño sujeta y comprime, porque es todo esto lo que hay que soltar. La impotencia, el sufrimiento, la rabia, la ignorancia, el terror y la violencia, todo esto yo también lo tengo y puedo soltarlo sólo si lo siento, porque si no lo sintiera, ¿cómo iba a poder saber qué tengo que soltar?

-    en comunicación con la Tierra por debajo de mis pies y de mi silla y el espacio que se extiende a través de todo el universo, junto con el aire que espiro, enviar mi deseo de que los que crean el sufrimiento de toda esa gente se den cuenta que están haciendo daño no sólo a otros sino también a sí mismos y que dejen de hacerlo 

-    poner mi ser, mis talentos y mis capacidades al servicio de la vida en toda su belleza para ayudar a crear un mundo en el que todos los seres vivos puedan disfrutar la belleza de la vida plenamente.

Cuando esté en Geesthacht de aquí a un par de semanas, me gustaría tener oportunidad de averiguar qué efecto tuvo en la salud de la gente que trabajaba de forma deliberada en la fábrica de pólvora y en la salud de sus familiares. Tengo buena salud, porque a lo largo de mi vida adulta me he aplicado en investigar mi malestar para entender qué necesito para poder poner remedio a los factores que menoscaban mi salud, conforme se iban manifestando. Ahora, en retrospectiva puedo ver que muchos de ellos tuvieron sus raíces en la situación familiar resultante del estado emocional de mi abuelo en el contexto mayor de los traumas ocasionados por dos guerras mundiales, la locura del régimen y la participación en la fabricación de sustancias dañinas. Él participó obligado. ¿Cómo debe haber sido la experiencia de los que estaban contentos de tener un trabajo y poder mantener sus familias a base de fabricar la pólvora que mató e hirió a tantas personas en todo el mundo? En cuanto a mi propia salud, si no hubiera hecho el trabajo interior de todos esos años, estoy segura de que a estas alturas estaría muerta o muy enferma. Y aquí me tenéis, feliz, agradecida y gozando de buena salud.

El proyecto del póster sobre el exceso de tensión involuntaria y el agua que mantiene los tejidos del cuerpo flexibles y elásticos acaba el martes 6 de septiembre https://goteo.org/project/cristal-liquido?lang=es. Después de esta fecha ya no será posible hacer aportaciones. No obstante, la página del proyecto seguirá abierta a todo el mundo que quiera conocer o usar los materiales que tuve la oportunidad de elaborar para este proyecto durante los meses de junio, julio y agosto, con algunas imágenes menos que debo retirar en cuanto acabe el proyecto.

Muchas gracias por tu interés y apoyo.

Sinceremente,
Brigitte Hansmann