domingo, 4 de noviembre de 2018

Círculo vicioso o espiral de aprendizaje – Traumas multi-generacionales --- Una trilogía: 11 de septiembre, 1 de octubre, 12 de octubre

Parte 3: 12 de octubre

Who are the invaders
Quiénes son los invasores
Darryl Wilson, Pit River Nation

Los invasores

Tiene razón, pensé a finales del verano de1984, cuando leí en la publicación oficial de la Nación Mohicana, los Akwesasne Notes, lo que Darryl Wilson dijo de los invasores. Pensaba ¿qué nos pasa? ¿Qué nos impulsa a luchar unos contra otros, a sembrar destrucción, guerras y conflictos, asesinatos, violaciones, pillaje?

Empezando por explorar el continente que es mi propio cuerpo me convertí en estudiante de la interrelación entre el cuerpo, la mente, la psique y el entorno para entender cómo funcionamos los seres humanos. Lo que descubrí hasta la fecha de hoy, en 34 años de investigación personal y profesional como practicante del Duggan/French Approach (DFA) de reconocimiento de patrones somáticos y analista de patrones arquetípicos, corrobora por todos los lados que esta violencia no es expresión de la naturaleza humana en sí, sino que se debe al hecho de no conocerla y de estar en conflicto con ella. La violencia es un recurso a nuestro alcance que a corto plazo puede sacarnos de una situación peligrosa, pero sus costes son tan elevados que a la larga no sale a cuenta ni es productiva.

Si entendemos que la violencia surge de no conocer la naturaleza de lo que somos como seres vivos y de estar en conflicto con ella, podemos crear condiciones que nos ayudan a explorar nuestro ser interior y aprender a establecer relaciones pacíficas y generativas con nosotros mismos y con los demás. La vida ha evolucionado hasta el actual grado de complejidad y diversidad a base de afinidad i cooperación. Nosotros somos el resultado de este proceso, por tanto, son principios fundamentales inherentes a nuestra naturaleza. Una cultura que se rige por estos principios cumple unos requisitos básicos para crear una sociedad próspera y cohesionada.

El 12 de octubre también es el Dia de la Virgen del Pilar

La Hispanidad

España se enorgullece de haber descubierto aquel “nuevo mundo” en ultramar que llamamos América, y cada año, el 12 de octubre, lo celebra como fiesta nacional a bombo y platillo con desfiles de soldados y ostentosas exhibiciones de su armamento. El relato oficial del descubrimiento obvia el hecho de que aquellas tierras ya habían sido descubiertas por otra gente que vivía allí desde hacía miles de años y había desarrollado sus propias civilizaciones. Viste de proeza heroica lo que fue invasión y colonización a base de una violencia cruenta y sostenida, culpa que España comparte con otros países europeos. A lo largo de los siglos hasta la actualidad, el estado español oculta a su población lo que las guerras y los genocidios perpetrados para expandir sus territorios realmente costaron. Por ahora, la mayoría de representantes del estado y una gran parte de la población se niegan a reconocer los resultados que produjeron. Es muy probable que realmente no tengan conciencia de ello. 

El 12 de octubre de 2018 oí una señora española de cierta edad intentar decir qué significaba para ella la celebración del día de la Hispanidad. Estaba tan emocionada que apenas le salían las palabras. Era emoción auténtica por el significado de ese día. No era miedo escénico, estaba encantada de poder hablar de ello en la tele. Dijo que lo que sentía era tan grande y tan emocionante que la nutría por todo un año, un orgullo tan grande… no pudo continuar porque la intensidad de su emoción le impidió encontrar palabras para describir de qué se sentía orgullosa. Un síntoma típico de trauma es no poder hablar de ello. Un orgullo tan grande que no se puede expresar con palabras suele ser el aspecto tolerable de la cara intolerable de la emoción: la vergüenza. El orgullo y la vergüenza son los dos extremos de una misma emoción relacionada con la valoración de la propia persona, de los grupos humanos con los que uno se identifica y de sus actos. Una saludable autoestima vendría a ser el punto de equilibrio al medio entre los dos polos.

El mito del origen de España se sitúa en el matrimonio entre los que fueron denominados los Reyes Católicos de las Españas, aunque al morir Isabel, Fernando dejó de ser rey de Castilla. Es decir, un reino unido realmente no existió. El nombre de España es la castellanización del nombre latino Hispania que designaba la unidad geográfica de la península ibérica. Isabel y Fernando ciertamente aspiraban a expandir sus reinos para incluir toda la península y más, logrando sus objetivos en la mayoría de casos en base a la violencia organizada, como la conquista del reino de Granada y del reino de Navarra, de las Islas Canarias y de diversas zonas de África. También las bodas, aunque quedaran en el círculo limitado de familiares próximos, les servían para la finalidad de expandir sus ámbitos de influencia. Otro importante instrumento de su poder real fue la inquisición y la conversión forzosa de judíos y musulmanes o, alternativamente, su expulsión. La invasión de las tierras en ultramar proporcionó una gran parte de los medios para financiar todas esas guerras.

Evidentemente, España no tiene la exclusiva de la codicia y las atrocidades. Pero el hecho de celebrarlo como expresión de la grandiosidad del país, en vez de reconocer los crímenes que se cometieron, asumir la culpa y, en la medida de lo posible, reparar los daños, asegura la reiteración ad infinitum de la bancarrota moral y económica que el estado español sufre en los últimos quinientos años y talla los rastros del estrés postraumático cada vez un poco más profundamente en el inconsciente colectivo de los españoles.

Funciones arquetípicas

Las funciones arquetípicas son equiparables a una especie de campo de fuerza que organiza un flujo de energía entre dos polos, como en una pila. Para alimentar un aparato, las pilas deben introducirse con la orientación correcta. Si se colocan al revés, el aparato no funciona e incluso puede estropearse. También para funcionar bien en el campo gravitatorio de la Tierra conviene tocar de pies al suelo para tener unos buenos fundamentos y encontrar un buen equilibrio y una buena orientación de las estructuras corporales en relación con este campo. Lo mismo es cierto de las funciones pertinentes a la profesión o posición de una persona o a las diversas instituciones de la vida pública.

La función arquetípica del estado es la administración de la vida pública para el bien de toda la población. Utilizar las instituciones del estado para acumular bienes, poder y privilegios a costa de la población es como caminar con las manos, mientras los pies se extienden hacia el cielo. Durante un tiempo puede parecer una gesta espectacular que embriaga a los que demuestran su poder ante la gente impresionable, pero los costes de mantenerse en esta posición son muy elevados, lo que se puede hacer es muy limitado y tarde o temprano las fuerzas van a desfallecer y los recursos disponibles se gastan.

La función de la religión es la de facilitar vías para conectar con la fuerza creadora de la vida. El abuso de esta función para la gratificación personal y el apoyo de estructuras insostenibles de poder estatal a costa de la población deja a esta sin refugio ante un ejercicio de poder que, en vez de facilitar la convivencia y cohesión social, las socava y aleja a las personas de las fuentes de la creatividad de su vida.

Ante un peligro un niño instintivamente busca refugio con los padres que después de engendrar, gestar y darlo a luz, tienen la función arquetípica de amar, proteger, alimentar, vestir, educar y prepararlo para la vida adulta. Si los padres abusan estas funciones para gratificar sus propios deseos o para someterse a unas estructuras de poder estatales o eclesiásticas abusivas, el peligro son ellos o se transmite a través de ellos. De este modo se rompen los tejidos psíquicos e interpersonales en los que se basa la convivencia y la calidad de vida individual y colectiva; y el desarrollo de la humanidad en general se atasca en un círculo vicioso de relaciones destructivas.

Complejos autónomos de la psique

No sabemos cómo usar lo que somos porque no lo hemos aprendido. Somos seres complejos y no es fácil gestionar el amplio abanico de posibilidades de expresar lo que somos. Quizás sea simplemente porque somos una especie relativamente joven y es ahora que empezamos a tener las capacidades necesarias para aprender a ir más allá del punto de vista antropocéntrico y egocéntrico que ha ido dominando la historia cultural de la edad moderna y contemporánea. De hecho, a escala histórica, los quinientos y pico de años que hace desde que Colon decidió llevarse seis “ejemplares” de la gente que encontró en las tierras que afirma haber descubierto para sus soberanos no es un tiempo muy largo. Ni siquiera se planteó que la gente que vivía en aquellas tierras evidentemente ya las había descubierto, porque no reconoció su estatus como seres humanos con los mismos derecho que él y sus soberanos. Puesto que no eran cristianos, decía la ley, no tenían derecho a poseer tierras y se les podía subyugar y utilizar para lo que fuera.

Básicamente esta actitud se reduce a una cuestión de territorialidad y jerarquía, de lograr una posición de dominio sobre los otros. Son funciones reguladas por las partes más antiguas del sistema nervioso que coordinan las funciones vitales: los ritmos del latido del corazón, de la respiración, de la digestión, de sueño y vigilia y también la tonicidad de la musculatura, que da forma a nuestros patrones de tensión habitual, las conductas instintivas, rituales, territoriales y jerárquicas. Es una parte primitiva del sistema nervioso que se ha modificado poco desde su origen en tiempos prehistóricos. No sabe del paso del tiempo.

El patrón de tensión habitual nos hace hacer lo que hacemos  porque lo hacemos, porque siempre lo hemos hecho así y, en ese nivel, no sabemos que podríamos no hacerlo o hacerlo de un modo distinto. Hacerlo en la manera a la que nos hemos habituado nos ha servido para sobrevivir; es evidente porque aquí estamos, vivos, y empezamos a hacerlo ante algún estímulo que parecía amenazar nuestra supervivencia. Puede haber sido algo tan simple como, por ejemplo, no sentirse merecedor de ser amado, debido a las malas sensaciones que transcurren en el cuerpo, por más que nos esforcemos para no darles espacio y ser buenos. Si somos tan malos como la mala sensación en el cuerpo parece denotar, no querrán amarnos, cuidarnos y protegernos y, como niños pequeños, no podemos valernos a solas, es decir, moriríamos. Pero podría ser, por ejemplo, que la mala sensación en el cuerpo realmente provenga de un trauma que nuestro abuelo sufrió en la guerra, que nuestra madre hiciera todo lo que pudo para sobreponerse a las sensaciones que llegaron a su propio cuerpo a través del contacto y la interacción con su papá y que lo haya transmitido a nosotros por la misma vía.

Cuando usamos la tensión física de nuestros músculos para parar el flujo de sensaciones que nos parecen indeseables y esta tensión se vuelve habitual, las sensaciones indeseables permanecen en el cuerpo, por debajo del umbral de la conciencia como una amenaza continua e irrumpen cuando nuestras defensas bajan. Ocupan un espacio en el cuerpo, emiten una resonancia y se activan en reacción a estímulos que se parecen a las condiciones bajo las cuales aparecieron inicialmente. Así contribuyen a crear y recrear situaciones en las cuales esta clase de sensación tienen sentido; incluso si las condiciones iniciales pertenecieron a la vida de un antepasado y dejaron su rastro en nuestro cuerpo transmitido a través del contacto, el material genético o las dinámicas en el campo de fuerza de la familia. 

La tensión aísla las partes del cuerpo y de la psique ocupadas por esas sensaciones y las aparta del resto de nuestra personalidad. De esta manera no pueden participar en el desarrollo de las habilidades adultas. Permanecen ancladas en el grado de desarrollo que teníamos cuando empezamos a apartar las sensaciones de guardamos en ellas.

Carl Gustav Jung denominaba esas partes aisladas complejos autónomos de la psique. Cuando un suceso activa un complejo autónomo, éste eclipsa las capacidades de funcionamiento adulto como una posesión o un embrujo. Bajo el dominio de esta reactividad la persona puede percibir el mundo nada más que en función de su complejo y es incapaz de atender a razones.

Complejos culturales

El director de la Depth Psychology Alliance James Newell describe un complejo como
… una red de ideas y emociones que pueden haber sido olvidadas o que simplemente eran demasiado complicadas para poder procesarlas en un estado de desarrollo más temprano. Pero la energía contenida en estos complejos continua funcionando de forma autónoma, trastornando nuestros planes, por bien que las hayamos elaborados, independientemente de nuestras intenciones conscientes. (Newell, 2018).

No solo las personas sino también las culturas pueden caer bajo el dominio de complejos autónomos. (Kimbles, 2000). A menudo los inicios de la formación de un complejo están relacionados con un trauma subyacente. (Newell, 2018) Por ahora, la investigación del estrés postraumático principalmente se ha concentrado en las víctimas de violencia y otras conductas moralmente repugnantes y también en los que fueron testigos. Pero los síntomas debilitantes del estrés postraumático también se observan en las personas que comenten actos violentos, incluso si lo hacen amparados por la ley o en defensa de ella. (MacNair, 2005).

La idea fija del estado español de la unidad de España es un ejemplo de un complejo autónomo cultural. Aparte del gasto económico, la sangre derramada, las vidas truncadas, la desertificación y erosión de las tierras, uno de los costes más devastadores de la violencia perpetrada para imponer esta idea a los pueblos que tienen una idea diferente es la desconexión de las personas de su propio ser interior. Incapaces de conectar consigo mismos no pueden conectar tampoco con otros ni con la fuerza creadora de la vida.

Una parte de la psique colectiva española es cautiva en la red de ideas y emociones de los responsables del derramamiento de sangre y del sufrimiento humano que su voluntad de imponerla a cualquier precio causó  y permanece atascada en el estadio de desarrollo de aquella era.
Independientemente de la actual intención consciente declarada de funcionar como un estado de derecho democrático, el complejo eclipsa las capacidades necesarias para funcionar como tal. Las instituciones y amplios sectores de la población española están atrapadas en esta red, porque las ideas y las emociones no pudieron ser procesadas en los tiempos del supuesto origen de España porque hacerlo habría cuestionado el mito de la superioridad cristiana. La energía de estas ideas y estas emociones continúa funcionando de forma autónoma y trastorna la convivencia democrática. El golpe de estado de las fuerzas rebeldes bajo el comendado del general Franco y el régimen impuesto por él es un ejemplo de plena activación de este complejo cultural con efectos que se extienden hasta la actualidad. 

Para despertar de la posesión y recuperar el equilibrio interno personal y colectivo es imprescindible reconocer las ideas y emociones de esta red como lo que son, el resultado de las aspiraciones de unas personas hambrientas de poder para compensar la desconexión de su propio ser causada por el trauma inducido por los actos perpetrados por ellos mismos. Entender las ideas y emociones en los contextos en los que se originaron ayuda al sistema nervioso a ponerse al día de la realidad del momento presente.

Un mundo interconectado e interrelacionado

La realidad es (y era) que vivimos en una mundo interconectado e interrelacionado a todos los niveles donde los conceptos que dan superioridad a unos sobre otros no tienen cabida. La unidad de España no se puede lograr ni defender, ni con armas ni con tribunales, porque no es más que una idea, un deseo de unos cuantos que choca con el derecho de otros de querer otra cosa. En realidad no existe. El uso de la violencia para imponer la voluntad de unos a otros puede funcionar durante un tiempo porque inspira miedo. Pero el miedo paraliza el desarrollo humano del conjunto: de las víctimas, de los perpetradores, de los testigos que miran sin poder hacer nada para impedir la violencia y de los que miran hacia otro lado para no verla.

Para poder actuar con responsabilidad necesitamos una percepción clara de la realidad de los que somos como seres vivos, como persona individual, como miembros de los colectivos a los que pertenecemos, de nuestro entorno inmediato y extenso, y de las relaciones entre todo eso. La primera parte de nuestro sistema nervioso que se desarrolla, una vez que hemos llegado a este mundo, regula las percepciones sensoriales. Las estructuras que permiten la conciencia de existir como individuo, con un “yo”, se crean más tarde, bajo la influencia de las experiencias de los primeros tiempos.

El conocimiento del bien y del mal que nos expulsó del estado paradisíaco de los tiempos de fusión con el conjunto, propia de la fase inicial de la vida, nos hace identificarnos con las formas de ocupar el espacio y de movernos en la vida que hemos creado con la tensión de nuestros músculos para evitar las malas sensaciones y para esforzarnos a obtener buenas sensaciones. Pero lo que es bueno desde una perspectiva, desde un punto de vista distinto, puede ser malo. Y viceversa.

Las sensaciones que nos dan miedo, nos hacen daño o nos parecen indeseables por alguna otra razón pueden transmitir información que puede tener una importancia vital. Apartarlas de la conciencia puede exponernos a energías o situaciones que pueden poner en peligro nuestra supervivencia. De la conciencia del bien y del mal se derivan dos movimientos: el de acercarnos y el de alejarnos o separarnos, la atracción, la afinidad, el amor, por un lado, y el rechazo y el miedo por el otro. El rechazo y el miedo cumplen una función importante para proteger nuestra integridad física y nuestra vida; pero solo el movimiento de acercarnos, la afinidad, la atracción, el amor facilita el desarrollo de la vida en las múltiples formas de expresión de la complejidad y diversidad que la hacen rica y capaz de afrontar a todo tipo de situaciones de forma creativa sin miedo. Acercarnos internamente  a las sensaciones que transcurren en el cuerpo, aunque den miedo, puede revelar aspectos de nuestra historia que pueden curar heridas antiguas, restablecer vínculos rotos y abrir vías por donde pueden fluir el amor y la comprensión.

Aprender a reconocer sensaciones

La reactividad de los patrones de tensión habitual basados en el rechazo, en el miedo, en el afán de poder y el deseo de sentirse amadas aíslan a las personas en su ignorancia del hecho de que, cuando apartan de su experiencia consciente los aspectos de su propio ser que consideran intolerables, ellas mismas crean separación. Así, la negación del estado español de reconocer el derecho de autodeterminación del pueblo catalán, por ejemplo, crea la separación que tanto le asusta y tanta rabia le da.

Puesto que la sombra de lo que no podemos ver en nuestro interior se proyecta sobre el entorno, es posible reconocerla a través de las sensaciones relacionadas con las emociones intensas que determinadas personas actitudes o situaciones nos despiertan. En vez de dejarnos llevar por la reactividad, podemos aprovechar la intensidad de lo que sentimos para vernos a nosotros mismos reflejados en el espejo de la situación. Para poder hacerlo es indispensable aprender a reconocer las sensaciones que transcurren en nuestro interior. Solo así podremos discernir las sensaciones que nos informan de estados que requieren una respuesta de aquellas que nos mantienen en la reactividad de los automatismos que resultan destructivos. Aunque en el pasado hayan servido para apartar de nuestra conciencia cosas que en aquel entonces no éramos capaces de tolerar, para restaurar el equilibrio interno es imprescindible ir más allá de esos automatismos.

El miedo a las sensaciones que en el pasado apartamos de la experiencia consciente nos mantiene en la reactividad a la situación del pasado. El amor a la vida nos da el valor de afrontar el miedo para reconocerlas. Es posible que al sentirlas nos demos cuenta de que hay que renunciar a algunos privilegios, pero las interrelaciones e interconexiones con la maravillosa inmensidad del mundo son infinitamente más ricas, interesantes y satisfactorias que cualquier privilegio que se puede haber obtenido a costa de otros. En todo caso, al sentirlas se nos abre una vía para convertir el círculo vicioso del trauma multi-generacional en espiral de aprendizaje.

© Brigitte Hansmann, practicante de DFA reconocimiento de patrones somáticos y analista de patrones arquetípicos

www.dfa-europa.com

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Círculo vicioso o espiral de aprendizaje – Traumas multi-generacionalesUna trilogía: 11 de septiembre, 1 de octubre, 12 de octubre
Parte 1: 11 de septiembre

 Círculo vicioso o espiral de aprendizaje – Traumas multi-generacionalesUna trilogía: 11 de septiembre, 1 de octubre, 12 de octubre 
Parte 2: 1 de octubre

Kimbles, S. (2000). The Cultural Complex and the Myth of Invisibility. In Singer, T. Ed. The Vision Thing: Myth, Politics and Psyche in the World. New York, NY: Routledge.

MacNair, R. (2005). Perpetration-Induced Traumatic Stress: The Psychological Consequences of Killing. Bloomington, IN: Authors Choice.

Newell, J. (2018), The Archetypal Roots of Multi-Generational Trauma in the Americas,  http://www.depthpsychologyalliance.com/profiles/blogs/roots-of-cultural-chaos , (24 de octubre 2018)

Wilson, D. (1984), Pit River Nation: A Call for Native Unity, Akwesasne Notes, Mohawk Nation, via Rooseveltown, NY

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