jueves, 11 de octubre de 2018

Círculo vicioso o espiral de aprendizaje – Traumas multi-generacionales - Una trilogía: 11 de septiembre, 1 de octubre, 12 de octubre

Parte 2: 1 de octubre


Mientras el trauma nos deja mudos, el camino de salida está pavimentado con palabras, recopiladas cuidadosamente, pieza por pieza, hasta que la historia entera puede ser revelada. Bessel van der Kolk, The Body Keeps the Score

Las palabras que revelan la verdad pueden curar

Las palabras pueden curar, pero también pueden herir. Las palabras pueden revelar la verdad y también pueden ocultarla. Solo las palabras que revelan la verdad tienen el poder de curar el trauma y de restablecer la vinculación con uno mismo y con los demás que quedó interrumpida por las reacciones de defensa frente al trauma. La falsedad crea separación. Quien esconde la verdad no puede tener relaciones humanas significativas más allá de la falsedad.

Se separa de los demás y se queda sola no solo la persona que oculta la verdad de forma intencionada para obtener ventajas a través de la mentira, sino también la que lo hace sin darse cuenta de ello, porque en un momento dado de su vida la realidad de algo fue intolerable y su sistema lo ocultó de forma automática tras muros de tensión para poder mantener su integridad física y psíquica y para poder sobrevivir. Estas personas pierden el contacto consigo mismas, atrapadas en la reacción de defensa frente al impacto traumático, separadas de su entorno, hasta que restauren el equilibro interior reconociendo la verdad de lo que pasó, de lo que hizo o no hizo, y, si hace falta, haga pasos o permita movimientos que puedan llevar el trauma a una resolución.

Sin este equilibrio nos acostumbramos a una vida en la superficie, sin profundidad. Parece como si lo que vemos y sentimos a través del filtro de la reacción de defensa al trauma fuera la realidad. Intentamos compensar la insatisfacción constante causada por la ausencia de relaciones humanas significativas de diversas maneras, en la mayoría de casos adicciones de algún tipo u otro, a sustancias como las drogas legales e ilegales, medicamentos, alcohol, tabaco, comida, azúcar y las hormonas del estrés adrenalina y cortisol, etc., o a procesos o actividades como por ejemplo el trabajo, el sexo, los deportes, el control, las compras, el poder, ver la tele, etc. No queremos sentir, porque nos aterran las sensaciones relacionadas con el vacío interior, la carencia de vinculación profunda y las imágenes y los recuerdos de experiencias que no logramos recordar ni olvidar, que afloran cuando nos relajamos. También la violencia es una reacción al trauma y expresa impotencia e incapacidad para establecer vínculos significativos con uno mismo y con el entorno.

Las sensaciones relacionadas con la experiencia traumática quedan aisladas, comprimidas en un espacio reducido en el cuerpo que mantenemos fuera de nuestra experiencia consciente con la tensión de nuestros músculos. La tensión se configura como un patrón de tensión habitual y se convierte en un mecanismo automático, inconsciente. Así podemos seguir adelante e incluso  desarrollar una vida que parece exitosa, aunque por dentro siempre domina la sensación de que no es suficiente. Por más riqueza y éxitos que acumulemos, siempre hay algo que falta. Lo que falta es la satisfacción de la vinculación profunda con la vida.

Una persona traumatizada es altamente sensible frente a estímulos que aparentemente pueden parecer inocuos e insignificantes. Un olor, una mirada, un gesto, una palabra pueden activar las defensas que le han permitido sobrevivir la experiencia traumática. Entonces los mecanismos automáticos del patrón de defensa toman posesión de la persona. Las sensaciones rebasan el espacio reducido donde las guardaba alejadas de la experiencia consciente y la inundan; pierde el control no solo de lo que hace sino también de lo que piensa, ve y siente. Pierde de vista la realidad del momento presente y el contacto con el entorno que había logrado construir en la superficie, por encima de la carencia de vinculación profunda. La dinámica que se activa transporta a esta persona a la situación que la traumatizó, justo un momento antes del impacto de lo peor del trauma.

Encontrar las palabras idóneas

Todo el sistema de la persona traumatizada está orientado hacia la acción, incluso en épocas de calma. Aunque está altamente sensible, su percepción sensorial es poco desarrollada, limitada principalmente a la distinción entre bueno y malo, agradable desagradable, deseable indeseable. Las funciones de diferenciación y discernimiento permanecen en este nivel primitivo que activa los mecanismos automáticos de defensa frente a estímulos indeseables y les impide el acceso a las funciones más evolucionadas de análisis y comprensión racional. De este modo no es posible metabolizar la experiencia traumática para restaurar el equilibrio interior y la persona permanece atrapada en el círculo vicioso del trauma.

Para poder salir de ahí, antes que nada, es imprescindible desarrollar las capacidades de percepción sensorial. La información que entra al organismo por los diferentes canales sensoriales es enormemente diversa y compleja. Es imposible tomar nota de todo. Y tampoco es necesario. Una pequeña región situada en un lugar central en la base de nuestro cerebro hace una preselección de datos que en un momento dado tienen una relevancia mayor en nuestra vida; por ejemplo, si la pareja se ha fracturado un brazo, de repente vemos gente con un brazo escayolado en todas partes. Pero aparte de esta preselección de datos concretos, el conjunto de la información sensorial continuamente se va traduciendo a un  lenguaje pictórico que suele aflorar por encima del umbral de la conciencia a través de sueños, fantasías y ensoñaciones. Las imágenes que aparecen expresan aspectos de la propia conciencia, del inconsciente personal o del inconsciente colectivo. 

También las figuras generadas por la relación entre el cuerpo, el suelo y el espacio alrededor y las diferentes cualidades de los movimientos respiratorios abren un acceso al fondo de imágenes de ese lenguaje pictórico. En sí, estas relaciones y movimientos configuran imágenes. Con los referentes objetivos de las coordinadas del campo gravitatorio de la Tierra, la horizontal y la vertical, es posible ver, por ejemplo, si una persona aleja su corazón de lo que hay delante de ella, a la vez que tira la cabeza hacia delante, quizás avanza con los ojos hasta tal punto que casi se salen de sus órbitas. Esta persona se distancia emocionalmente de su entorno y se acerca a lo que ha dejado atrás (el pasado). Al mantener su cuerpo en esta forma pone un gran peso sobre su corazón que tiende a aplastarlo y a interferir con su libertad de movimiento. Con los ojos se esfuerza por alcanzar lo que ve delante de ella, aunque el segmento más grande de su cuerpo va en la dirección opuesta. La cabeza y el corazón están en conflicto y las tripas están en tensión. Lo que esta persona siente es muy diferente del que siente otra cuyo corazón está en línea con sus piernas, que pueden dar los pasos necesarios para llevarla a dónde quiere ir. Si el corazón y las piernas están en línea con la cabeza, la cabeza, el corazón y las vísceras van a la una. Entonces, los ojos pueden flotar en sus órbitas, recibir las imágenes de lo que la persona tiene delante e informar a los diferentes centros involucrados en la toma de decisiones, sin trabas en el flujo de información entre la gran central del sentir emocional, la gran central de procesamiento de los soportes vitales y la gran central de computación del conjunto.  Según la forma en la que la persona ocupa su espacio en relación con las coordenadas del campo gravitatorio, apenas tiene espacio para respirar el mínimo imprescindibles para sobrevivir, o puede respirar libremente para abastecerse tranquila y holgadamente de la abundancia de energía disponible en su entorno. La primera está constantemente cansada, se siente superada por los requerimientos de la vida e insatisfecha porque no puede cubrir sus necesidades, la segunda se relaciona con su entorno en todos los niveles, encuentra lo que necesita y disfruta de poder aportar al conjunto aquello que le proporciona una vida rica e interesante.

Cuando se aprende a observar los diferentes tipos de imágenes, revelan toda la información que necesita ser metabolizada para poder asimilar lo que tiene una utilidad para el sistema, para descartar lo que no la tiene o es nocivo, y para desarrollar una relación óptima con el entorno. El médico y psicólogo Peter A. Levine da el ejemplo de un par de cachorros de leopardo que se salvaron del ataque de una leona. Jugando van repitiendo lo que les permitió huir y salir ilesos del ataque durante días. Aparte de ensayar los movimientos y perfeccionarlos, durante sus juegos también eliminan de su sistema las hormonas de estrés y las cargas energéticas relacionadas con el susto y la huida. (Curar el trauma, Ed. Urano) De este modo, cuando sea necesario, tienen a su disposición el recurso que les salvó la vida en un momento dado. Pero en el día a día no domina su vida.

También el psiquiatra Bessel van der Kolk insiste en la importancia de integrar no solamente los recuerdos de la situación traumática sino también de reconocer los mecanismos de defensa que desarrollamos.
…una tarea central en la recuperación del trauma es el aprender a vivir con los recuerdos del pasado sin quedarse abrumado por ellos en el presente. Pero la mayoría de los supervivientes, incluyendo los que funcionan bien –y hasta de forma brillante- en algunos aspectos de su vida, se ven confrontados con otro desafío, incluso mayor, el de reconfigurar un sistema cerebral/mental que se había construido para vérselas con lo peor. Del mismo modo que tenemos que volver a visitar los recuerdos traumáticos para poder integrarlos, necesitamos volver a visitar las partes de nosotros mismos que desarrollaron los hábitos de defensa que nos ayudaron a sobrevivir. Bessel van der Kolk, The Body Keeps the Score

Fechas señaladas

Los traumas colectivos como las causadas por catástrofes naturales, ataques terroristas, guerras y regímenes totalitarios afectan no solamente las personas individualmente sino también a la sociedad en conjunto. Las palabras que pueden curar las heridas pueden ser muy diferentes de persona en persona. Pero no hay nadie que no esté afectado y no tenga que metabolizar el impacto traumático de la experiencia de un modo u otro. Los actos colectivos pueden ofrecer una oportunidad de visitar los recuerdos traumáticos y las partes de cada uno que hayan desarrollado los hábitos de defensa que le ayudaron a sobrevivir. Esta clase de actos cumplen una función importante en la restauración del equilibrio interno no solo de las víctimas, los perpetradores y los testigos individuales, sino también de la sociedad en conjunto, creando bases para mejorar la convivencia de la población y fomentar la cohesión social.

La fecha del 1 de octubre del referéndum para la autodeterminación del pueblo catalán fue una elección excelente para crear una oportunidad de restaurar el equilibrio interno después de una experiencia traumática prolongada. Tal día como aquel, ochenta y un año antes, el comandante supremo de las fuerzas rebeldes contra el gobierno democrático de la república española se exaltó como “Jefe de Estado”, con la ayuda militar de los regímenes totalitarios de Alemania e Italia, pocos meses después de declarar el estado de guerra al fracasar el intento de golpe de estado dirigido por una junta militar. No podía haber mejor fecha para el ejercicio de los derecho democráticos garantizados por el estado de derecho que el 1 de octubre de 1936 fue derrocado de forma violenta.

El 1 de octubre de 2017 abrió un escenario en el que se ponen de manifiesto las diferencias en el grado de restauración del equilibrio interior de las sociedades catalana y española después del supuesto fin del régimen totalitario al morir el dictador y del establecimiento del orden constitucional de un estado de derecho, plagado de contradicciones.  También los actores internaciones se posicionan y muestran aspectos de la sombra de su conciencia que seguramente habrían preferido mantener ocultos.

La cualidad integradora de la cultura catalana la ha mantenido viva a pesar de los muchos intentos de “españolizarla”. Paso a paso, la sociedad catalana va haciendo el trabajo de restaurar su equilibrio interior.

En cambio, la culpa de la monarquía española acumulada a lo largo de siglos, renovada e incrementada por los años del régimen franquista, por la violencia policial del día 1 de octubre, por las posteriores declaraciones del rey el día 3 de octubre de 2017 y por la persecución judicial del gobierno catalán y de los líderes sociales, continua traumatizando la sociedad española. El peso de la culpa la abruma. Aturde a quienes la ven pero se sienten impotentes frente a la violencia de quienes quieren ocultarla.

En vez de cumplir con su función de ordenar la vida pública para el bien común, los poderes del estado español continúan utilizando su posición para intentar obtener y salvaguardar privilegios a costa de la población general, tal como lo vienen haciendo desde hace siglos. En vez de escuchar a la voz del pueblo, activan sus defensas con violencia policial y judicial, incitando a las masas españolas a la violencia, con falsedades en los medios de comunicación, con provocaciones para suscitar una reacción violenta de la población catalana y con trampas y engaños. Mientras hablaba de la manifestación delante del parlamento de Catalunya el 1 de octubre 2018, la tele española Antena 3 mostró imágenes de una manifestación violenta en la entrada al parlamento de Ucrania. Lo que dijo no tuvo nada que ver con los sucesos que realmente tuvieron lugar.

Si la sociedad española tuviera información verídica, estaría perfectamente preparada para emprender el trabajo de restaurar el equilibrio interior. Reconocer la parte proporcional de la culpa colectiva, ciertamente, no es de lo más agradable, pero es muy liberador. Desde la sombra del inconsciente amenaza con dimensiones aterradoras. En cambio, si se examina a la luz de la conciencia revela causas, condiciones, efectos, que permiten entender a nuestros predecesores, a nosotros mismos, a nuestros coetáneos, aprender de los errores para no volver repetirlos y a reparar los daños causados en la medida de lo posible.

Esto sí, los que tienen la culpa de actos cometidos por ellos mismos deben afrontar las consecuencias de lo que hicieron, aunque lo hayan hecho bajo la influencia inconsciente de un trauma heredado o una culpa heredada. Cuanto más una persona intente negar su culpa, tarde o temprano se manifiesta de un modo u otro. Quien no afronta su responsabilidad la deja con recargo para sus herederos. Acusar a alguien de un delito que no ha cometido para evadir la propia responsabilidad es delito. Cumplir el mandato político para el cual un gobernante fue elegido por el pueblo no es delito. Impedir el cumplimiento de este mandato sí que lo es, sobre todo si se hace con violencia!

En algún momento, el gobierno alemán pidió perdón por haber entregado al President Companys a la policía española y por haber bombardeado a Guernica. Pero no recuerdo haber oído nunca que alguien haya reconocido la culpa de la ayuda alemana que fue instrumental para la exaltación del comandante supremo de las fuerzas rebeldes como “Jefe de Estado” el día 1 de octubre de 1936. Quien proporcionó esa ayuda eludió sus responsabilidades suicidándose, sus colaboradores fueron condenados por sus crímenes por tribunales internacionales. Quizás ya sea hora de que Alemania pida disculpas al pueblo español. Semejante reconocimiento ayudaría a reparar los daños causados y a identificar los seguidores y herederos de las fuerzas rebeldes contra el orden democrático que actualmente ocupan cargos de poder en la monarquía española para que afronten la culpa de la que son portadores.

Como alemana soy portadora de la parte proporcional de la culpa colectiva de todos los alemanes, aunque haya nacido diez años después de que aquel criminal se suicidara. Las cicatrices de los daños que causó son visibles en todas partes, igual que las de los daños causados por su compañero español, el comandante supremo de las fuerzas rebeldes exaltado como “Jefe de Estado”. Muchas heridas aun necesitan curas.

Un paso importante para procurarles los cuidados necesarios sería que los portadores de la culpa la reconozcan, aunque no la hayan incurrido personalmente y nada más la hayan heredado. Pero no es necesario esperar a que esas personas reúnan el valor y la integridad necesarios para hacerlo. Los testigos, las víctimas y sus herederos también están bajo los efectos del estrés postraumático y necesitan restaurar su equilibrio interior. A medida que nos proporcionemos las curas que nos ayuden a recuperarnos, paso a paso, podemos avanzar hacia una buena convivencia en paz y una sociedad cohesionada, donde también los herederos de los perpetradores pueden encontrar formas saludables de participar.

© Brigitte Hansmann, practicante de DFA reconocimiento de patrones somáticos y analista de patrones arquetípicos

www.dfa-europa.com

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