sábado, 1 de abril de 2017

Con tus pies escucha


Con tus pies escucha los susurros de la madre que calman el dolor y desasosiego de su amada criatura. Escucha la nana que Madre Tierra canta para ti. Camina y nota cómo el movimiento causado por el impacto de tus pies en el suelo sube por el interior de tu cuerpo. Deja el peso que habitualmente sujetas descansar hacia el suelo, abriendo así vías por las cuales pueda viajar ese movimiento.

Mientras sujetas el peso en alto, tus pies no pueden escuchar nada. Entonces oyes en tu cabeza la misma cantinela de siempre sobre todo lo que te falta, lo que te duele, sobre lo que deseas, tramando planes realistas o descabellados para conseguirlo, sobre cómo sufres, sobre tu soledad, sobre las demandas imposibles de cumplir que te extenuan, sobre lo frustrante que resulta no poder deshacerte de todo eso, sobre la lucha que supone sobreponerte, sobre la indignación frente a la violencia, la injustica y la corrupción en el mundo, sobre el cansancio, la fatiga y el hastío… la misma cantinela de siempre, insidiosa como el hilo musical del centro comercial, siempre presente en el trasfondo incitándote a suscribirte a vanas promesas de satisfacción que llevan a la adicción o a hundirte en la depresión.


Camina y siente el suelo por debajo de tus pies. Con tus pies escúchalo. Dale el peso de tu cuerpo y de todo aquello que te pesa. Busca en tu cuerpo las sensaciones relacionadas con aquella cantinela, todas aquellas sensaciones a las que tanto te esfuerzas por sobreponerte. Déjalos estar, pero no las sujetes ni dejes que te distraigan. Son nada más que sensaciones. Lo que importa son las partes de tu ser atrapadas en esas sensaciones. La tensión que usas para sobreponerte las retiene en tu cuerpo. Las mantiene presentes de modo que una y otra vez encuentres situaciones en las que te sientes igual.

Sin embargo, por más que entiendas que no son más que sensaciones registradas en tu cuerpo que no corresponden a la realidad del momento presente, no puedes soltar la tensión simplemente. Es automática, forma parte de un patrón habitual. Pero si orientas tu atención hacia el suelo, puedes dejar el movimiento causado por el impacto de tus pies al caminar llegar a los lugares en tu cuerpo presos de la tensión. Y así les llega una invitación a soltarse hacia el lugar de donde parte el movimiento, allí donde el pie se pone en el suelo.

Tal vez tendrás que hacer pequeños ajustes en cómo las diferentes partes de tu cuerpo se relacionan entre sí y con el suelo. Busca. Escúchalo a través de tus pies. Escúchalo con todo tu cuerpo, incluyendo la cabeza y el corazón. La persona adulta que eres tiene todo lo necesario para ocuparse de que la criatura necesitada, asustada o rabiosa pueda oír el canturreo de la madre amorosa que la tranquiliza. Tal vez el sufrimiento se hace notar un poco más durante un tiempo. Es como una señal de tráfico que te indica: “Es por aquí. Este lugar necesita apoyo. Este lugar necesita atención.” Y dejas el movimiento llegar hasta allí.

Si no quieres caminar sino tumbarte en la cama o el sofá, deja que sean los movimientos respiratorios los que te ayuden a sentir la conexión con el mundo más allá de ti. El movimiento de la espiración te orienta hacia lo más hondo de lo que tú eres como ser vivo, el lugar en tu cuerpo donde estás conectado con todos los demás seres vivos en el mundo. También te orienta hacia el suelo, tu base de apoyo en el mundo natural, de cual tú eres una parte. Las tensiones mediante las cuales intentas mantener a raya las sensaciones que no te gustan, inciden en ese espacio central del cuerpo, lo limitan y te fuerzan a volver una y otra vez a someterte a las condiciones reinantes cuando empezaste a crear esa tensión.

Pero eres mucho más que lo que entonces llegaste a creer ser. Es algo que llevas dentro, no es lo que eres. Sea una herida que tú sufriste o una herida que sufrió alguno de tus antepasados, que no pudieron sanar y llegó a reflejarse en tu cuerpo, porque nos sintonizamos con las personas de nuestro entorno, sea lo que sea, allí está, esperando ser atendida. Y hay una sola persona en el mundo que puede darle lo que necesita para curarse. Eres tú.

Descansa en los brazos de Madre Tierra, en lo más hondo de lo que eres como ser vivo. Dale tiempo a ese ser vivo que eres para que te enseñe cómo encontrar la mejor forma de ocupar el espacio y de moverte en consonancia con la naturaleza, que también es la tuya. Si te concedes un momento al final de la espiración, cuando ha salido el aire que sale fácilmente, sin apretar, puedes constatar cómo es la sensación allí en lo hondo de tu ser y enseñarle donde está el suelo. Entonces, la próxima inspiración se iniciará en ese lugar profundo. Allí puedes encontrar la sensación de conexión con Madre Tierra y Padre Cielo, lo sólido y el espacio abierto y, en última instancia con todo cuanto existe. Date tiempo para sentir cómo esa inspiración te expande.

Respiración a respiración, paso a paso, deja que se depositen los residuos de las viejas historias que agitan la emoción, que se vaya abriendo el espacio central de su cuerpo, que tu percepción se haga clara, tanto hacia dentro como hacia fuera… y que fluya el amor de la madre y del padre de la vida hacia tu corazón y de tu corazón al mundo entero.

Aprende a percibir la relación con tu entorno a través de la información que los pies te transmiten acerca de la posición en la que te encuentras relativa al suelo y al espacio a tu alrededor. Aprende a percibir los movimientos de la respiración y la interrelación indivisible entre el espacio abierto a tu alrededor y los espacios abiertos en tu interior. Aquí estás, ocupando tu espacio en el mundo, moviéndote en tu vida. Aprende a encontrar la mejor relación posible en cada momento, tanto entre lo material del cuerpo y del suelo como entre los espacios externo y interno, en sesiones individuales en ermie, el estudio de respiración, movimiento e integración estructural, en Barcelona o en Cádiz... o en grupo, en un taller adaptado a los requerimientos de la organización que lo solicita.

Mas información en www.dfa-europa.com