sábado, 24 de mayo de 2008

Tómate un respiro



Mientras lees estas palabras, siente el contacto de tu cuerpo con la superficie en la que estás sentado, el suelo por debajo de tus pies, el lugar en el que apoyas el codo, la almohadilla donde descansa tu muñeca, el ratón o el “touch-pad” por debajo de tu dedo; siente el modo en el que tus ojos reciben la imagen de la pantalla, o de la hoja si lees esto en un soporte de papel… Siente la forma en la que usas tu cuerpo para relacionarte con estas cosas del mundo material. Deja tu atención deslizarse hacia abajo por los hombros y la columna; nota la forma que adoptas en relación con lo que tienes debajo y a tu alrededor, y con los utensilios que usas.

Observa los movimientos de la respiración: cómo cambian la forma de tu cuerpo y, con ello, cómo cambia el contacto del cuerpo con las cosas del mundo material. El aire tiene un volumen y un peso. Al inspirarlo, te expande en todas las dimensiones y añade su peso al tuyo. Al espirarlo descansas hacia dentro y hacia el suelo. Permite estos movimientos sin forzar nada. Observa las sensaciones que aparecen mientras se produce el movimiento de expansión, propio de la inspiración, y las que encuentras al dejar que suceda el movimiento de descansar hacia dentro y hacia el suelo, propio de la espiración. Cuando ya has espirado todo el aire que sale fácilmente, hay un momento de descanso, porque realmente no necesitas coger aire en seguida. Concédete este descanso. Lo puedes tener miles de veces cada día. Descansar hacia lo más profundo de tu ser, al dejar salir el aire gastado, y permitir que el soplo de aire nuevo llegue allí en la inspiración, te ayuda a navegar hasta en las aguas más turbulentas de la vida sin perder el rumbo. Te permite gozar del mero hecho de vivir, aún cuando no pasa nada en particular.

Si te fijas en la sensación de la presión del cuerpo contra las superficies con las que estás en contacto, curiosamente, notarás que tanto en la inspiración como en la espiración hay la sensación de que aumenta la presión. No obstante, hay una diferencia. Aunque el peso del aire que inspiras se añade al tuyo y, por tanto, pesas más al inspirar y la presión del cuerpo contra la superficie es mayor, la sensación es como si salieras a flote. Al espirar, este peso extra sale, todos los músculos se relajan y todo cae hacia el suelo, de ahí que la sensación de la presión también es mayor. Pero ahora es como si el cuerpo se sumergiera en la superficie con la que está en contacto, silla, suelo, sofá...

Mientras coges aire, puede que encuentres algo que restriñe el movimiento de expansión propio de la inspiración. De un modo similar, mientras espiras, puede que algo se interponga en tu descanso hacia la profundidad del espacio que ocupas con todo el derecho del mundo, simplemente por haber nacido aquí.

Siente ese espacio que ocupas con tu cuerpo, con tu respiración. Permite que la respiración suceda. Concédete el tiempo que necesitas para dejar que la inspiración expanda tu cuerpo hasta que sientas la tensión que limita el movimiento de expansión. Concédete el tiempo que necesitas para espirar el aire que sale fácilmente y sentir que descansas hacia dentro de ti mismo y hacia el suelo. El peso de tus huesos y tejidos es suficiente para que esto pueda suceder. Si notas algo que no puedes soltar simplemente, se trata de la tensión que limita el movimiento de descansar hacia la profundidad de tu ser y hacia el suelo. Familiarízate con estos límites. Explóralos. Conoce las sensaciones instaladas a su alrededor.

Al prestar atención a tu respiración y explorar las sensaciones que aparecen alrededor de las tensiones que limitan los movimientos propios de inspiración y espiración, tal vez, empiezas a sentir que te falta aire o incluso aparece una sensación de ahogo. Aunque probablemente inspiras más aire de lo habitual, esta sensación refleja algo que es verdad. Una parte de ti se está ahogando, una parte que mantienes quieta cuando respiras de la manera como lo haces habitualmente. Mientras está quieta, queda fuera de tu experiencia consciente. Al empezar a moverse se hace notar. Mira a ver si puedes hacer algunos pequeños cambios en las relaciones entre tu cuerpo, la silla, el suelo, el ordenador… cambiando la forma en la que las diferentes partes de tu cuerpo se relacionan unas con otras y encuentra una forma que facilite el flujo de la respiración.

Deja que el aire te nutra. Deja que nutra particularmente esa parte de ti que tiendes a mantener quieta, apartada del flujo de la vida. Permítele participar en la plenitud de lo que eres. Escucha las historias que te puede contar sobre el pasado, el presente y el futuro, sobre los sentimientos que albergas en esta parte.

Con todo de ti a tu disposición, explora qué es verdad y qué no lo es en esas historias. ¿Qué está sucediendo realmente en este momento, ahora, mientras dejas que la vida mueva la parte de ti que tiende a permanecer inmóvil, a no ser que deliberadamente le permites que participe en las fluctuaciones de expansión y descanso? Deja que los movimientos de la respiración esclarezcan la forma de las creencias y los conceptos que sujetas. A menudo, se basan en nada más que una experiencia singular que tuviste cuando eras un niño pequeño y no tuviste los medios para poder comprender la complejidad de lo que estaba sucediendo.

Permite que la respiración suelte la tensión que mantiene esas creencias y esos conceptos fijados en tus tejidos. Siente la riqueza y profundidad de la vida mientras fluye a través del espacio que ocupas con tu cuerpo y te mueve del mismo modo en el que se movió el primer ser unicelular que vivió en este planeta: expandiéndose hacia fuera y descansando hacia dentro. Has llegado muy lejos desde entonces.

Deja que tu respiración te enseñe cómo recibir el apoyo que está disponible para que te sostenga no sólo el suelo debajo de ti sino también el espacio a tu alrededor. Deja que tu respiración te enseñe el tiempo y sus ritmos para que pueda sostenerte tanto en los tiempos buenos como en los difíciles. Aprende a distinguir entre las sensaciones que requieren que te pongas en acción y las que te hacen actuar de forma automática e inconsciente, impulsado por un patrón creado hace mucho tiempo, tal vez incluso antes de que nacieras.

Si en tu cuerpo existe un lugar que no puedes soltar simplemente, ni siquiera ofreciéndole un apoyo óptimo en relación con la fuerza gravitatoria, usa tu inspiración como si fuera un hilo que enhebras en el epicentro de la tensión. Permite que la expanda, un poco nada más. No fuerces nada. No pases por encima. Permite que la inspiración expanda la tensión un poco muy poco, desde dentro. Luego descansa hacia ella. Date el permiso de descansar hacia el lugar tenso. Dale permiso de descansar también a este lugar. Luego, de nuevo, enhebra la inspiración en el centro de la tensión y deja que la expanda un poco desde dentro. Siente la tensión. Familiarízate con ella. Intenta comprender qué hace. Sirve para algún propósito. Descubre cual es. Apréciala por hacer esto. Averigua qué necesita para poder descansar y expandirse y moverse en consonancia con el flujo de la vida.

Todo lo que vas a llegar a ser, ya está allí en tu cuerpo. Deja que tu respiración le dé espacio y tiempo para desarrollarse.

¡Ten un buen día!

Mayo 2008

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